Críticas

La explotación continúa

Lazos de familia

Sorry We Missed You. Ken Loach. Reino Unido, 2019.

LazosdefamiliaCartelKen Loach lleva décadas denunciando la progresiva desarticulación del Estado de bienestar en las sociedades occidentales. Ese conjunto de legislaciones, instituciones y prestaciones en el ámbito laboral, en la enseñanza, en el de la vivienda o en el de la sanidad, que contribuían en la concreción de unos derechos sociales que buscaban la “vida digna” del ciudadano. Y todo, teniendo en cuenta que el concepto de “clase obrera” ha ido desfigurándose con los cambios demográficos o los flujos migratorios. Inmigrantes o sectores en economía sumergida han ido acrecentándose sin poseer apenas conciencia de clase. El director británico se ha convertido en referente de la crítica ideológica más dura en combinación con un fondo humanista. En Lazos de familia continúa con su cine comprometido en esa batalla abierta contra el capitalismo más feroz, acompañado nuevamente por su guionista habitual, con Paul Laverty.

El último largometraje de Loach se vuelve a erigir en una denuncia clara frente a la precariedad de las condiciones laborales que se han ido imponiendo no solo en Gran Bretaña. Los contratos fijos son ya producto del pasado y de los temporales o eventuales se ha ido desembocando en esa categoría denominada “autónomo o autónoma” que desprotege totalmente al trabajador, colmándole de obligaciones y despojándole de derechos. Y si para enfatizar la acusación el autor considera necesario cargar tintas en lo emotivo y sentimental, no duda en recurrir a ello. Con contundencia y de forma impactante, en Lazos de familia sigue su camino con ese estilo propio de naturalidad, frescura y espontaneidad. Pero aquí ya no hay miradas positivas como en Buscando a Eric (Looking for Eric, 2009) o en La parte de los ángeles (The Angels’Share, 2012). Loach lo dejó muy claro en su trágica y demoledora penúltima película, concretamente en Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake2016). El optimismo se perdió por el camino y las posibles salidas se muestran inviables. 

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Aquí, el director británico dirige su objetivo en los abusos, permitidos legalmente, de ciertas empresas que transforman a sus empleados en autónomos, con todas las desventajas que supone para estos últimos. Ya no cobran salarios sino honorarios, pueden ser despachados en cualquier momento, deben pagarse los instrumentos o materiales necesarios para realizar la labor y tienen que olvidarse de cualquier asomo de vida familiar ante la barbaridad de horas que han de invertir para hacer rentable el invento.  El director se centra en una familia de Newcastle, Inglaterra. Está formada por Ricky, el marido, su mujer Abby y dos niños menores, un adolescente y una chiquilla todavía en edad infantil. Y en su eficaz denuncia, el realizador nos sumerge en el horror que deben de transitar los padres para sobrevivir, para salir adelante, para intentar buscar un futuro diferente a sus hijos. Ella es cuidadora. Él empieza su aventura como trabajador autónomo para una empresa de paquetería o mensajería. Las jornadas laborales de ambos sobrepasan el límite de lo razonable. Doce, catorce horas diarias, de lunes a sábado, sin ningún miramiento por parte de patronos. A la carrera, no hay tregua o descanso, mientras todavía se mantiene cierta esperanza de que la situación cambie en un futuro no muy lejano. 

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Ken Loach nos sigue ofreciendo su mirada cercana, ágil, sin obviar en ningún momento lo más patético y repugnante de la naturaleza humana. En una mezcla de seres endurecidos frente a otros que trabajan sin descanso día tras día. No importa que enfermen, que tengan un accidente, que sufran agresiones o que tengan que atender cuestiones familiares urgentes. Da lo mismo. Si no buscan un sustituto que parchee la ausencia no hay excusa que valga. Y agárrense: además, el absentismo, justificado o no del trabajo, no solo conlleva la pérdida de “honorarios», una forma torticera, por cierto, de liberarse de sueldos desagradables. No, además de dejar de ganar, el falso autónomo debe soportar multas desaforadas por razones estrambóticas. 

El filme se ubica en el drama de la familia protagonista, encarnada por unos actores que destacan en su sencillez y desenvoltura. Y las penalidades no suelen llegar aisladas. La sola ausencia de los progenitores del hogar puede provocar un efecto mariposa con consecuencias tremendamente amargas. Y no pasamos por alto la circunstancia de que para ejercer de madre o padre en la actualidad hay que agenciarse de una elevada condescendencia. Nos sigue chocando la actitud de chicos o chicas que todavía no han alcanzado la mayoría de edad y pretenden tener todos los derechos y ninguna obligación. El móvil ha llegado para convertirse no únicamente en un aparato maquiavélico que nos domina. Además, para los más jóvenes atesora en sus entrañas todos los recuerdos, aventuras, fotografías, aficiones, contactos, amores y desamores. Eso y mucho más es capaz de abarcar ese aparato portentoso cuya falta o pérdida solo puede derivar en un cataclismo. 

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Y ya puestos a reflexionar sobre la naturaleza humana, nos atrevemos a preguntarles la forma en que reciben a los mensajeros en su domicilio. ¿Les miran? ¿Les dan las gracias? ¿Les tratan con amabilidad? ¿Les facilitan la entrega? ¿Suelen darles algo de propina? A veces es bueno observar la vida desde el otro lado para percatarnos de que todos o casi todos contribuimos a la precariedad y fragilidad laboral de muchos. Así es Ken Loach. Un maestro para la denuncia social, transformando la ficción en una verdad evidente que está sucediendo en nuestras ciudades, en nuestros barrios, en nuestros propios domicilios. Hay quien considerará que la ideologización del director conlleva una manipulación que fuerza situaciones y sentimientos hasta llevarlos al límite, para con ello golpear más de lleno en la conciencia de los espectadores. En nuestro caso, consideramos que es un recurso más que posee el autor para enfatizar su discurso. 

El dolor, el sufrimiento o la explotación no pueden siempre disfrazarse de excursión familiar, de aventura inesperada y fascinante. Porque no, porque no lo es, porque todos tenemos límites, hasta los más pacientes o laboriosos. Ken Loach vuelve para recordarnos que no todo es tan bonito, que nadie regala nada, que esta es una lucha desigual de difícil salida. Y como muestra, la terrible escena final. Volvemos a recordar, así mismo, que el tiempo es oro. Tiempo para comer, para hacer nuestras necesidades, para descansar, para estar con nuestros seres queridos. Tiempo que pasa y pasa, sin poder recuperarse nunca jamás. Mientras tanto, la gente se pelea por el fútbol, aborrece a su vecino o coloca trampas mortales en trayectorias ajenas. Loach nos ha vuelto a conformar otro terrible panorama actual, uno más, de nuestras miserias y debilidades. 

Tráiler: 

Ficha técnica:

Lazos de familia (Sorry We Missed You),  Reino Unido, 2019.

Dirección: Ken Loach
Duración: 101 minutos
Guion: Paul Laverty
Producción: Coproducción Reino Unido-Francia-Bélgica; Sixteen Films, BBC Films, BFI Film Fund, Les Films du Fleuve, Why Not Productions, Wild Bunch. Distribuidora: Front Row Filmed Entertainment
Fotografía: Robbie Ryan
Música: George Fenton
Reparto: Kris Hitchen, Debbie Honeywood, Rhys Stone, Katie Proctor, Nikki Marshall, Harriet Ghost, Linda E Greenwood, Alfie Dobson, Mark Birch, Ross Brewster, Julian Ions, Charlie Richmond, Brad Hopper, Mark Burns, Stephen Clegg, Norman Sansom, Jack Berry

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