Críticas

Exposición de amor

La vida de Adèle

Abdellatif Kechiche. Francia, 2013.

Cartel de la película La vie d'AdèleEn la década transcurrida entre la producción de La faute à Voltaire (2000) y la de Vénus noire (2010), el cineasta tunecino Abdellatif Kechiche había venido componiendo una filmografía de prohibitiva idiosincrasia social, marcada por el  desarraigo de la convención, la complejidad de las relaciones humanas –en general, y del amor adolescente en particular– y una actividad rítmica que servía como sustento de una epiléptica dinámica vital racionalizada a lo largo de extendidos metrajes. La receta recogía, pues, unos ingredientes muy distinguidos, a falta de determinar sus proporciones y la arquitectura narrativa más convenientes. Prueba tras prueba, ensayo tras ensayo, La vida de Adèle ha terminado por descubrir el punto de cocción idóneo, cosechando unanimidad de pareceres como el collage ulterior del ideal Kechiche.

No obstante, las alabanzas a la última Palma de Oro en Cannes han sido empañadas por la polémica. La censura de sus rasgos pornográficos y las declaraciones de la actriz Léa Seydoux que apuntan a un rodaje tortuoso y a la presunta tiranía de su director han conferido a la película una jugosa e involuntaria promoción. Por si fuera poco, Julie Maroh,  la autora del cómic que inspira la película (Blue Is the Warmest Colour) se ha sumado a la trifulca al manifestar su descontento por la escasa fidelidad a su obra. Pero en este caso, Kechiche se carga de razón al apelar a la libre adaptación; además de omitir la tragedia (quién sabe si vendrá de la mano de un tercer capítulo), el tratamiento del amor/desamor es casi opuesto, sobre todo si atendemos a la dimensión psicológica derivada de la gestión de las emociones por parte de la pareja protagonista: la narración en off retrospectiva del tebeo (los diarios de Adèle) desaparece en favor de una preeminencia interpretativa y el patrón naif de las vacilaciones de Adèle en las viñetas (lo que termina desembocando en pánico a la soledad) queda reemplazado por una presumida contextualización literaria. Las lecciones del instituto calzan la teoría de un viaje iniciático tópico y previsible, transgredido por la violenta praxis de la adolescente, interpretada por una Adèle Exarchopoulos tan cándida y bella como espontánea y explosiva. Su inocente necedad es su morboso atractivo: se trata de una Lolita heterodoxa e imprevista a la que hasta los mocos del desconsuelo sientan bien.

La vida de Adele, fotogramaY es que La vida de Adèle consigue mutar el cliché documental del despertar sexual en la adolescencia, en una crónica bigger than life de la huella del primer amor. Por eso, la intensidad es la fuerza motriz de cada plano, erizando el vello de la nuca, poniendo un nudo en el estómago y, en general, universalizando la materialización del sentimiento. Para canalizar la pasión que fluye de la pantalla, el cineasta magrebí se sirve de una puesta en escena turbadora en movimientos, tan confusa, frágil y voluble como la mente de Adèle: imágenes que funcionan como versos libres de un proceso tan arbitrario como es el enamoramiento. Los primeros planos someten la voluntad de un espectador sugestionado, al que se insta por norma a invadir la intimidad de la chica (la transición se produce, la mayoría de las veces, desde el culo a la cara); solo se le otorgará respiro y distancia (profundidad de campo con cuentagotas) para observar la ruina, la evolución de Adèle en dead woman walking, en un entorno que le era tan familiar como ahora le es extraño.

Imagen de La vie d'AdèleLa obviedad no va con Kechiche. Así, los arrebatos no solo emanan de los explícitos y controvertidos encuentros sexuales, sino también de unas elipsis muy bruscas (la concepción temporal del filme es muy vaga), resueltas por los cambios de peinados o el cálculo de un embarazo. De hecho, el sexo está referido con tanta pasión y dulzura que se siente tan natural como la relación que lo dispone: largo, fogoso y salvaje al principio, atenuado y diluido más adelante, e inexistente y mendigado al final. Es cierto que el hechizo de la pareja acapara el extenso metraje (aunque hay películas de 90 minutos más largas), pero la auténtica consigna operativa del filme se encuentra en las secuencias corales, a modo de puntos de inflexión entre sus episodios clave: el primer cruce de miradas, que siembra el sentimiento; el bar donde Emma y Adèle se conocen, que abre el conflicto; el cumpleaños, que precipita la desinhibición de Adèle; la fiesta de snobs en casa de las chicas, que asienta los verdaderos roles; la salida de Adèle con su compañero de trabajo, que cataliza la crisis; y la apoteosis de la exposición de Emma, que se resume en el revelador detalle de los cuadros. Significativamente, este compendio de highlights o preludios reúnen una característica que se aparta del orden semántico del resto de la cinta, la utilización de la música como refuerzo dramático de una historia que, pese al prejuicio del ambiente homosexual, prescinde de críticas y moralinas (los tópicos, como la promiscuidad, solo son utilizados para subrayar su marginalización).

La vida de AdeleAsí, el director parece no querer desviar la atención más allá de la psicología de sus personajes. Tanto Emma como Adèle arrastran una insoslayable raigambre doméstica que las hace complementarias en un primer momento y antitéticas, después: la tradición y la humildad de la pasta contra la sofisticación y la pretenciosidad –y el libertinaje connotado– de la ostra; son las etiquetas de las chicas, y el tiempo hace el resto: la snob en ciernes quiere a su lado a una chica cool, inventada a su imagen y semejanza, y no a la esposa abnegada, entregada y middle class con la que comparte cama. Con los núcleos familiares súbitamente suprimidos, los pajarillos echan a volar en direcciones opuestas. El inconformismo por un lado y el miedo por el otro, fraguan una divergencia mutua y necesaria.

Blue IndigoEl impostado aroma hipster de La vida de Adèle y su milimétrico ajuste al patrón de Cannes (para redondear la faena, solo le habría faltado prolongar hasta la vejez de las protagonistas para, además de rematar al público, hacer honor tanto al título como al paladar del festival) no impiden una connivencia con ese cine comercialoide tan de moda últimamente en Francia –y del que Kechiche tiende a renegar–. Pero hay un matiz diferenciador: la resonancia mental tras el visionado es tan potente que no atiende a clasificaciones.

Trailer:

Ficha técnica:

La vida de Adèle ,  Francia, 2013.

Dirección: Abdellatif Kechiche
Guion: Abdellatif Kechiche, Ghalya Lacroix (Novela gráfica: Julie Maroh)
Producción: Wild Bunch / Quat'sous Films / France 2 Cinema / Scope Pictures / Vértigo Films / RTBF / Canal + / CNC
Reparto: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux, Salim Kechiouche, Mona Walravens, Jeremie Laheurte, Alma Jodorowsky, Aurélien Recoing, Catherine Salée, Fanny Maurin, Benjamin Siksou, Sandor Funtek, Karim Saidi

16 opiniones en “La vida de Adèle”

  1. Sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… porque mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada?
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

    1. Pero qué degradantes… yo soy gay y me parece una de las películas más sensuales y sexuales que he visto nunca… es un afer precioso… lo degradante es tu óptica, Paula

    2. Paula, la culpa es del patriarcado como siempre no? 😀 😀 😀

      Dices que nadie ve que es una fantasía erótica del director… NADIE? ¿solo tú? eso da que pensar…
      Nadie con una cabeza normal, va a ver esta película solo por las escenas de sexo. No justifiques que eso lo hace el director por ganar audiencia.

  2. Si me extiendo tanto y me expreso con tanta vehemencia es porque quiero que mi punto de vista (que es el de muchas lesbianas también) ayude a entender por qué tanta indignación justificada con esta película, por eso insisto en dar explicaciones de lo que considero que es un enfado lógico (el que también siente la propia autora del cómic) y no una pura histeria “porque sí”.
    Recomiendo encarecidamente la elctura del cómic original para que cualquiera compruebe la diferencia por si mismo en todo cuanto afirmo: claro que hay sexo, de hecho nadie niega la necesidad de que lo haya, pero está tratado de una manera completamente diferente: con buen gusto, sensibilidad y respeto. Son escenas estéticas y realistas, no tan facilonas, exageradas y burdas como en la película, donde la mirada masculina y casi onanista se delata por sí sola. La autora, Julie Maroh, también expresó su indignación al respecto. Conste, insisto, que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como “arte”. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual.
    Tened por seguro que si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Es verdaderamente una lástima.

    1. Es tu óptica y la de muchas lesbianas como tú que impiden la normalización… sois contraproducentes… O es que un amor lésbico no puede ser sensual y estimulante? como lo es el hetero para todos… dejaos de historias y pensad más normal. Que lo que hay que ser es normales…

      1. No me parece que por la presencia de escenas eróticas se estropee la película, de hecho la presencia de ellas nos permite entender mejor las pasiones de una manera que resulta bella (no todo el mundo ve morbo en escenas eroticas sino que otras muchas aprecian la belleza del erotismo). Ha sido una película que si bien le ha faltado un poco mas historia y podría haber tenido una mejor organización, ha sido buena en cuanto al rechazo de los homosexuales en esta sociedad homofoba que tenemos. No sé por qué ofende a un homosexual esta pelicula ni el por qué piensas que consideran a una mujer un objeto,me parece que has tenido una interpetación erronea de lo que el director intentaba crear para el espectador, escenas de sexo tambien ha habido al principio de la pelicula con el chico, el problema es ver el sexo como algo vulgar. He de decir que podrian haber sido más cortas para no molestar a ciertas personas, pero es una buena idea para dar a entender el descubrimiento de la sexualidad de Adéle.

  3. Una película plagada de tópicos facilones sobre homosexualidad con un guión naïf e inocentón en exceso que camufla sus carencias bajo toneladas de sexo explícito (muy bien rodado, eso sí) y planos de “visión masculina” absolutamente injustificados y que te recuerdan desde las primeras escenas que esta película de lesbianas “huele a polla” por los cuatro costados (lo que viene a decir que se nota a legua que está dirigida por un hombre). No me extraña nada que las actrices esté tan furiosas con el director; el montaje final de esas escenas de sexo roza el ridículo.
    Me acuerdo de Fucking Amal, de Lukas Moodyson, que con una película inocente sobre lesbianas, y que dura la mitad de tiempo, logra transmitir bastante más de lo que logra Adele en tres larguisimas horas.

  4. “La vida de Adele” es la película más machista que he visto en mi vida, además de perversa, tanto ella como sus intenciones, porque me parece repugnante cómo se abusó de estas dos actrices jóvenes por parte de un director ávido de morbo. Creo que no hacía ninguna falta mostrar tantísimo sexo y que si se hizo así fue únicamente para buscar polémica y audiencia, que se cargaron una novela original extraordinaria en función solo de la búsqueda de esta fantasía masculina heterosexual, que si hubieran sido dos hombres los protagonistas no habrían ido tan lejos las escenas de cama y tampoco la película habría sido tan alabada ni tan premiada y que de hecho si fue así fue porque los críticos (hombres heterosexuales, recordemos, en su mayoría) la valoraron más con los genitales que con el cerebro, ya que objetivamente es una historia bastante mediocre que no aporta nada.

  5. Estoy en general de acuerdo en todo lo que plantean las lesbianas indignadas con esta película y también me rebelo contra la hipocresía y la imbecilidad de los críticos y festivales correspondientes. El sexo en el cine me parece un tema de lo más interesante porque muchas veces actúa como un reclamo morboso en si mismo que se desconecta del relato en el que está inserto. Desde luego la película que nos ocupa es un ejemplo claro de este efecto, y entiendo por ello la ira que ha provocado.

    La cuestión es: ¿es lícito mostrar sexo actuado en un relato? Yo pienso que sí, claro. Pero también es cierto que el carácter claramente perturbador de la visión de personas, aunque sea fingido, practicando sexo muchas veces no complementa la narración sino que ejerce como elemento distorsionante. Y, por supuesto, en “La vida de Adele” esto está llevado al extremo porque realmente las actrices están representando su sexo de una forma tan expícita que cuesta trabajo decantarse por si es sexo fingido o real. Para un espectador masculino heterosexual este momento claramente se desconecta del relato porque la excitación de ver esta fantasía es lo único que importa en ese momento. Y es normal que sea así. Lo lamentable es que el director y los críticos alabadores sean tan cínicos e hipócritas para hacer pasar este elemento determinante de la película como un hermoso complemento y no como un reclamo morboso, y por ende, comercial.

    Si quiero ver sexo, veo porno. Pero no me vendas cine con algo demasiado parecido al porno porque somos todos mayores y me estás tomando por tonto.

  6. ¿Por qué tantas lesbianas estamos en contra de esta película? Aquí enumeramos las razones:
    – Fomenta tópicos machistas y morbo gratuito.
    – Vulgariza impunemente la maravillosa obra original, #Elazuleselcolormascalido, de #JulieMaroh, y la sexualiza convirtiéndola en basura.
    – Reduce la imagen de las lesbianas a mera pornografía para hombres y la relación entre ellas a una frívola fantasía machista.
    – Cosifica y explota a las actrices, #LeaSeydoux y #AdeleExarchopoulos, para hacer de ellas simples objetos masturbatorios.
    – Ningunea todos los temas profundos del cómic original, así como su buen gusto y sensibilidad, sacrificando su importancia para centrarse únicamente en la explicitud de unas larguísimas escenas sexuales totalmente innecesarias para la trama.
    – Intenta convencer al espectador de que estas escenas son imprescindibles para entender la vida de la protagonista, y en cambio no se regodea ni la décima parte con las escenas de cama heterosexuales (también supuestamente importantes para entender la vida de la protagonista y su evolución).
    – Convierte la visibilización y normalización lésbica en puro morbo para voyeurs y pajilleros.
    – #AbdelatifKechiche demuestra una total falta de respeto hacia la idea original concebida por la autora.
    – Es una película mediocre premiada y alabada injustamente sólo por su reclamo sexual, sin el cual la historia no destaca por nada y habría pasado completamente desapercibida.
    – Es ofensiva para las lesbianas, utilizadas una vez más para lo mismo de siempre: la consecución del placer masculino.
    – Toma por idiota al espectador queriendo venderle una supuesta gran historia de amor que no es más que vulgar pornografía.
    – Desaprovecha un fantástico material original y lo que podía haber sido una valiosa y memorable obra de referencia queda reducida al reclamo fácil y comercial.
    – Todo lo anterior se corrobora también con las eróticas fotos promocionales y la sexualizada campaña de publicidad.

  7. Esta película, a parte de ser una obra maestra y una de las películas más sensuales que he visto, (y soy gay, una mujer me deja frío, pero esas dos no dejan frío a nadie). Ha hecho muchísimo por visibilizar y llevar al público hetero el erotismo lésbico con contenido.
    Ustedes o pretenden boicotear los logros normalizadores LGBT o están mal de la cabeza.

  8. No entiendo porque no se grabó la infidelidad de Adele. no hubo escena de sexo entre el amante y la protagonista. Eso no interesó mostrar .pues como supo mostrar detalladamente los encuentros sexuale de adele ,no tenía que omitir el encuentro sexual con el amante.
    otra cosa:Adele fue un objeto valioso para Emma que la utilizo para ganar dinero .adele estuvo enamorada y se dio cuenta cuando se vio sola.En la fiesta que organizó Emma Adele fue la que preparó todo.Cocinó ella sola sin ayuda de la pareja y se preocupó por todo los invitados cosa de Emma no lo hizo.Emma estuvo muy pegada a la Otra (la embarazada)toda la noche con ella y se interesó por ella por el mismo motivo que se había interesado por Adele (ganar dinero)en representar desnudos pintados. Emma es un personaje frio ,astuto, manipulador pero ¡ojo! que se hace daño a si mismo dejando el amor apartado para ganar dinero.Lo dijo en una de las escenas:siempre se quedara con la ternura de Adele .que fue la mejor novia que tuvo llena de pasión y dulzura.

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