Críticas

Miedos e inseguridades tratados con gomets

La maternal

Pilar Palomero. España, 2022.

La realidad siempre supera la ficción. Este es el claro ejemplo de ello. Escondida tras los cristales, vergüenza embarazosa que avanza a contratiempo, adolescentes infantiles crecen a marchas forzadas.

Una pelicula valiente y comprometida se muestra ante nosotros. Labor desconocida de muchos profesionales anónimos que acogen, tras las puertas de sus centros a estas jóvenes llenas de miedos e inseguridades brindándoles un camino para poder forjar, en un futuro, una vida mejor.

Educación emocional, responsabilidad afectiva, familias desestructuradas, sexualidad incipiente o critica social; todo eso y mucho más es lo que encontraremos en este trabajo.

Pilar Palomero (Zaragoza, 1980) vuelve a posar su mirada sobre la adolescencia. Con Las niñas (2022) exploró uno de los posibles caminos que supone el paso de la niñez a la adultez. En el caso que nos ocupa ese tránsito es más abrupto y, como hielo sublimado, las convierte en un instante en mujeres con responsabilidades a su cargo.

El guion muestra a cada paso esta evolución. A través de las conversaciones entre ellas intuimos vínculos y complicidad. A pesar de la intimidad e intensidad de las confesiones empatizamos con la dura crudeza de sus vivencias. Valoramos de nuevo la importancia de las cosas. Simplezas como el salir de compras se transforman en momentos incomodos frente a una sociedad poco respetuosa que enjuicia apresuradamente, escondiendo bajo miradas inquisidoras sus propios miedos. La respuesta adolescente ataja la situación.

Pero no puede perderse de vista que son infantes adolescentes con posters en las paredes de su habitación y peluches sobre sus camas. La recreación visual de la habitación nos muestra ese mundo particular que, a través de sus cosas, las ayuda y arropa en uno de los momentos más importantes y vinculantes de su vida. La fragilidad se instala en ellas y sus inexpertas mentes cargadas de dudas se manifiestan en semblantes y expresiones.

Juntas comparten experiencias, juntas viven nuevas situaciones a las que enfrentarse. Todo ello supone un reto tratado con respeto aunque no exento de dificultades. Situaciones que no dejan de ser habituales pierden su relevancia, la espontaneidad de las primeras veces con un recién nacido en sus brazos, supera con creces esos instantes convirtiéndose en momentos que nos tocan el corazón.

Encomiable labor la del equipo de trabajadores sociales que aporta realismo y autenticidad, más si cabe, al argumento. Las aportaciones a nivel emocional conducen interpretaciones y momentos hacia un resultado que se asemeja documentalmente a lo vivido por estas intrépidas protagonistas que buscan su felicidad en situaciones adversas. El retrato fidedigno nos ofrece un tono sostenido, que, sin caer en estridencias, pasa por estados de soledad, alegría o tristeza y cual montaña rusa, va moldeando los gestos de unas protagonistas que se mueven en vaivén a merced del viento.

Una debutante Carla Quilez (Barcelona, 2008) se alza con el premio interpretativo en el 70 Festival de San Sebastián representando a todo el elenco de jóvenes protagonistas y por extensión, a toda una generación. Rebelde y hostil en un principio va suavizando sus maneras y, entroncándose con la situación vivida, concilia sentimentalmente las relaciones con su más próxima genealogía.

Escenas como las de una madre que se convierte en abuela antes de tiempo nos plantean otra situación compleja. Como valorar desde otro punto de vista el papel de esa nueva primeriza que sigue sintiendo y viviendo como una niña. Consuelos a ritmo de canciones de Estopa o la posibilidad de sentir de nuevo una libertad a medias, como el fotograma de las bicis, son momentos que difuminan esas barreras generacionales.

La complejidad vivida en Barcelona con cargos y responsabilidades, frente a la amplitud libre en cualquier carretera de los Monegros (Aragón). Dispares localizaciones no representan únicamente la propia ubicación. Son el entorno actual de una nueva realidad; la protagonista deberá aprender a conciliar ambos mundos para ser plenamente feliz.

Numerosas escenas nos ofrecen enternecedoras imágenes. Desde el momento alegre de las reuniones en pijama con el grupo de futuras mamás hasta los instantes en soledad en los que se ve superada por la situación hay infinidad de matices que ensombrecen rostros y modifican parámetros. Un nuevo reto se presenta ante sus ojos,  la inminente aparición del nuevo miembro familiar modifica todo su entorno en el que ya nada volverá a ser lo mismo.

La valentía se demuestra sobradamente. Primero en la labor de investigación inicial en el centro de madres adolescentes en situación de vulnerabilidad de Barcelona, en el argumento por enseñar un mundo desconocido a la población o en la construcción de los personajes y sus múltiples entrevistas con chicas que han pasado por lo mismo.

Y, como si de un amalgama de culturas se tratase, se construye este grupo heterogéneo, muy dispar pero con denominador común. Sin perder la inocencia ni el respeto nos embarcamos en esta tesitura en la que cualquiera puede verse abocado y empatizar de algún modo con el sinfín de momentos vividos. En definitiva es el ciclo de la vida.

Explorar la realidad de madres adolescentes en el cine siempre abre la posibilidad al debate. Es interesante presentar situaciones que existen de las que poco se habla y menos se conoce. Queda lanzada la propuesta que invita, cuando menos, a la reflexión.

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Ficha técnica:

La maternal ,  España, 2022.

Dirección: Pilar Palomero
Duración: 122 minutos
Guion: Pilar Palomero
Fotografía: Julián Elizalde
Reparto: Carla Quílez, Àngela Cervantes, Jordan Dumes, Pepe Lorente, Olga Hueso, Rubén Martínez, Gal-la Sabaté, Neus Pàmies

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