Críticas

Lo humano y lo fantástico se encuentran en medio de lo atípico

I Am Not a Serial Killer

Billy O'Brien. Irlanda, 2016.

portada de I am not a serial killerLos asesinos en serie siempre han sido un tema sugerente para el cine. A día de hoy, ya los hemos visto de todas las formas y colores, eso sí, casi siempre desde la misma perspectiva; un “monstruo” irracional que persigue a sus víctimas por oscuros bosques o largos pasillos, con la firme idea de agujerearlos hasta su muerte, obteniendo un recibimiento, por parte del espectador, desagradable o placentero (según se mire). En los últimos años, los cuchillos afilados se han clavado más veces y han derrochado más sangre de lo habitual, atribuyéndose a la mala calidad de la película y a la escasez de un argumento sólido: la sangre fácil, las jóvenes corriendo por el vecindario a las tantas de la noche, el riego automático que se enciende y empapa el camisón ajustado de la protagonista… son sólo algunos tópicos a los que ya estamos acostumbrados, pero lo cierto es que la fórmula suele funcionar, sobre todo para un público adolescente extra-hormonado, que sin embargo, demanda cada vez un incremento en los niveles de sangre y sexo. Una simbiosis entre oferta y demanda, debido a la aparición de Internet, que conlleva (entre otras muchas cosas) la insensibilización del espectador. Pero dejando atrás el cine slasher “para menores” (y subrayando que respeto profundamente el trabajo de Michael Myers) nos adentramos en I am Not a Serial Killer (Billy O’Brien, 2016) una película interesante y de corte independiente que nos enseña otra mirada al respecto; una vuelta de tuerca a los serial killers y la visión de un filme por y para ellos. Hay una distancia cósmica entre el cine slasher convencional y la obra del director irlandés, lo cual no significa que no esté sustentada de igual manera a lo criticable. No nos encontramos ante una gran película, nos encontramos, desde luego, ante algo modesto y más humano que encuentra su inspiración en la novela de Dan Wells.

John Wayne Clever (Max Records, claro guiño al  asesino en serie: John Wayne Gacy) es un adolescente peculiar: introvertido, solitario, con un terapeuta a cuestas y con una afición al estudio de los asesinos en serie que preocupa un poco. Para hacer más singular la historia, John ayuda a su madre en la funeraria; su trabajo consiste en  embalsamar a los difuntos que le llegan del pueblo, un pueblo, por cierto (y perdón por el despunte), que recuerda a la magistral Fargo de los hermanos Coen. John cree que dentro de su naturaleza existen unos patrones de comportamiento que se identifican con los de un asesino en serie, en consecuencia, para evitar hacer daño a las personas que quiere, decide crearse unas estrictas reglas, con el objeto de  llevar una vida normal. Sin embargo, en el pequeño pueblo comienza una oleada de asesinatos, sin explicación aparente, así que el joven, con sus conocimientos, investigará lo que está sucediendo, aunque para atrapar al asesino tenga que quebrar sus propias reglas.

imagen de i am not a serial killer

No es fácil el tramo de la adolescencia, y no ha de ser fácil la vejez. Un paso lleva al otro y los dos acaban en uno solo. Estas dos formas de ver el mundo, separadas únicamente por el tiempo, es un tema que recorre el filme. Por un lado, están las dificultades de encajar en una sociedad cuadriculada en sus formas, la confusión típica de la edad, las apariencias y la falta renqueante de un sistema familiar adecuado en la adolescencia, con un padre ausente y olvidadizo y con una relación maternal difícil. Por el otro, la falta de oxígeno en los pulmones, el sentimiento de que los engranajes se van oxidando y que los órganos dejan de emitir sus funciones vitales como deberían, símbolo inequívoco de los últimos años, recaen sobre el vecino de John, El señor Crowley, un abuelo interpretado por el siempre reconocible Christopher Lloyd, que se encuentra locamente enamorado de su mujer. Entre los dos caerá significativamente el peso de la historia, una historia que reemplaza los sustos y el espectáculo slasher por un drama disfrazado de thriller, respectivamente en ese orden, porque las conclusiones y el aspecto humano relucen más y mejor que el propio misterio.

“Las personas deberían preocuparse más por sus propios actos y no por los actos que hacen los demás”. Esta frase sale de los labios de un John melancólico, que mira través de una ventana a una mujer que cruza la calle, a expensas de no ser atropellada. Dardo envenenado del realizador a la sociedad de nuestros días, que se verá reflejado a lo largo del relato. Nos encontramos con unos personajes secundarios que relucen desdibujados, como si estuvieran incompletos, como si sus perfiles se dejaran en segundo plano. No conseguimos ver una evolución, salvo en los dos protagonistas. No es desidia ni fruto de un mal guión, aunque entiendo que se exijan explicaciones en algunas tramas que no acaban siquiera de arrancar, como la atracción/relación de John con una vecina del pueblo o el idilio que parecen tener su madre y su terapeuta. Por cierto, un terapeuta que conoce los entresijos del amor y la importancia de los lazos sentimentales, y sin embargo, en plenas fechas navideñas permanece solo, en un decorado y desolador salón; una escena breve con unos planos muy fugaces, pero con una carga simbólica y reflexiva extraordinaria.

plano de la película i am not a seral killer

El clímax final de la película será controversia para el debate. Su estructura resulta compacta hasta los minutos finales, pero su resolución invoca a un cine de Serie B, del cual no estoy seguro de que funcione como cabría esperar. La escena, metafóricamente funciona (aunque resulta poco respetuosa mostrarla por su obviedad), mientras que la otra lectura es algo que puede resultar irreconocible para aquellos que no esperen sorpresas fantásticas.

Billy O’Brien ha proyectado esta obra para mostrar un tono diferente en lo que a serial killers se refiere: los vínculos afectivos, la adolescencia, las apariencias, y sobre todo, la vejez, son temas de reflexión que requieren una atenta mirada. I Am Not a Serial Killer resulta una pieza indie de interés, aunque tengo la sensación de que el cuchillo de O’Brien no está afilado del todo.

Ficha técnica:

I Am Not a Serial Killer ,  Irlanda, 2016.

Dirección: Billy O'Brien
Duración: 104 min. minutos
Guion: Christopher Hyde, Billy O'Brien (Novela: Dan Wells)
Producción: Floodland Pictures / Fantastic Films / Level 5 Films
Fotografía: Robbie Ryan
Música: Adrian Johnston
Reparto: Max Records, Christopher Lloyd, Laura Fraser, Karl Geary, Bruce Bohne, Matt Roy, Morgan Rysso, Ryan J. Gilmer, William Todd-Jones, Tim Russell, Joel Thingvall, Lucy Lawton, Molly Gearen, Sally-Anne Hunt, Emmylou Barden

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