Críticas

Una galaxia perversa

High Life

Claire Denis. Francia, 2018.

Póster de High LifeReconozco que nunca he sido precisamente un devoto del cine de Claire Denis. Sería estúpido por mi parte negar su posición como una de las grandes cineastas europeas, conseguida a base de versatilidad, universo visual propio y libertad creativa. Es una cuestión personal, pequeños detalles que me impiden captar esos pormenores que, para otros, es fuente de emociones y goce estético. Dicho esto, no deja de ser sorprendente el giro de la veterana directora en High Life, ejercicio de ciencia ficción de turbia belleza e intenciones de viaje interior, por encima de la épica espacial.

High Life nos sitúa en los confines de la galaxia. En el interior de una nave espacial, un grupo de variopintos personajes se dirige a los límites del agujero negro más cercano a la Tierra, al mismo tiempo que se someten a experimentos de fertilidad en las duras condiciones del viaje espacial. Han conmutado sus cadenas perpetuas y condenas a muerte por el viaje sin retorno a los desconocido. Por supuesto, las tensiones en un grupo de personalidades límite bajo condiciones claustrofóbicas no tardan en aparecer.

La propuesta de Denis se sostiene sobre el concepto del tiempo como columna principal. La trama rompe las reglas de la narración, y nos lleva de un lado a otro de la corriente temporal, con intenciones de provocar cierta brumosa confusión en el espectador. La información se ofrece al público con parsimonia, y queda claro desde el minuto uno que lo importante de este viaje al espacio profundo no es conocer la cadena de sucesos que lleva al protagonista al punto de partida. El verdadero objetivo de Claire Denis es usar la odisea de los protagonistas como metáfora de su propia evolución interior, de las difíciles psicologías enclaustradas en un pequeño espacio luchando por mantener un mínimo de cordura.

La neurosis de origen sexual rodea cada interacción de los cosmonautas, subyugados por las pasiones más bajas ante el régimen casi monacal al que están encadenados. El perverso cosmos que Denis recrea dentro de la nave espacial recuerda poderosamente al retorcido mundo de David Cronenberg, punto de encuentro entre las deformidades físicas y mentales, la sexualidad límite representada en extraños aparatos de placer, espacios donde las emociones se reducen a lo primario con dramáticas consecuencias.

Fotograma de la película High Life

La nave es, por supuesto, un personaje más. La directora nos sumerge en los pasillos del reflejo distorsionado del hogar, una especie de prisión con difusas reglas donde la deriva nos es solo una cuestión de movimiento. La potencia visual de la directora regala sensaciones incómodas, envueltas en tensa calma, neblinosos pasillos y habitaciones mal iluminadas, donde el tiempo parece estirarse hasta el infinito. Si antes hablábamos de Cronenberg, es inevitable recordar ahora a Tarkovsky y sus acometidas a la ciencia ficción en Stalker y, sobre todo, Solaris, película referencial para Denis a la hora de construir el ambiente de su film, en mi opinión.

Al frente del reparto, un convincente Robert Pattinson, valiente en la selección de roles casi desde el principio de su carrera, con la intención de quitarse de encima el san benito de icono vampírico adolescente. Es ideal para el lánguido carácter de Monte, su papel en HIgh Life, un superviviente reflexivo, calmado, arrastrado por los acontecimientos, cuya hipnótica voz en off nos sirve del guía por los infiernos de la soledad. Al otro lado del ring, la veterana Juliette Binoche, intrigante, poderosa, rozando casi el sadomasoquismo con sus pupilos. El aura de misterio que siempre rodea las interpretaciones de esta aplaudida intérprete gana enteros por la sordidez añadida en su papel de mentora/torturadora.

Mención especial a la incómoda (en el mejor sentido de la palabra) banda sonora del filme, que encaja como un guante en las pretensiones de la obra. Aparece poco, puesto que la voz humana en contrapunto a los silencios agobiantes de la nave son los grandes protagonistas. Eso sí, cuando aparece se hace notar, y se incrusta en el tímpano del espectador, acrecentando la sensación de agobio.

Parece que tenemos película. Buena construcción de ambientes, ambiciosa en su propuesta visual, actores de nivel en estado de gracia, referentes de primer orden…

Sin embargo, High Life me ha resultado tediosa.

High Life, de Claire Denis

En el conjunto, Claire Denis acaba por convertir en un lastre las aparentes virtudes de la película, y al final tenemos un buen montón de buenos ingredientes que no acaban de funcionar en el brebaje. El arriesgado planteamiento temporal acaba por resultar irritante, lastrado por la débil construcción de las relaciones entre los personajes. Los saltos no acaban de dar explicación a lo ocurrido, y mientras que en ocasiones la excesiva calma es protagonista hasta la desesperación, en otras parece que las prisas por cerrar situaciones desembocan en bruscos puntos y aparte.

Hay momentos en los que las dos horas de duración de High Life se tuercen como si, efectivamente, estuviésemos en el horizonte de un agujero negro y perdiésemos la noción de tiempo y espacio. No hace falta tanto para contar la historia que nutre la película, salvo si hay recreaciones interminables en el propio estilo de la directora, que tienen mucho de masturbatorio.

No diré que HIgh Life es una mala película. Ni mucho menos. Es arriesgada, libre, valiente y diferente en su contexto, recuperando una ciencia ficción reflexiva, alejada del espectáculo de fuegos artificiales, centrada en el sendero interior de personajes sin control alguno sobre su destino. Es toda una experiencia, y creo que es de esas películas que dependen de manera primordial de la mirada (y paciencia) del espectador. Como decía al principio, mi capacidad de conectar con el cine de Claire Denis es escasa, y con High Life queda confirmada la regla.

La senda hacia lo más profundo de nosotros mismos, de la capacidad de crear vínculos, de los límites de la vida o de la muerte, toman forma de epopeya espacial pequeña, casi prosaica pero extrañamente bella, etérea pero también perversa y viciosa. Muchas contradicciones. Puede que ustedes las disfruten más que yo.

Tráiler:

Ficha técnica:

High Life ,  Francia, 2018.

Dirección: Claire Denis
Duración: 110 minutos
Guion: Claire Denis, Jean-Pol Fargeau, Geoff Cox
Producción: Coproducción Francia-Alemania-Reino Unido-Polonia-Estados Unidos; Alcatraz Film / Pandora Film / Andrew Lauren Productions (ALP) / Apocalypse Films Company / Madants / Canal+ / arte France Cinéma / BFI Film Fund
Fotografía: Yorick Le Saux, Tomasz Naumiuk
Música: Stuart Staples, Tindersticks
Reparto: Robert Pattinson, Juliette Binoche, Mia Goth, André Benjamin, Lars Eidinger, Agata Buzek, Claire Tran, Ewan Mitchell, Gloria Obianyo, Victor Banerjee

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