Críticas

Envejecer bailando

Gloria Bell

Sebastián Lelio. EUA, 2018.

En Gloria Bell, estamos ante una nueva versión de un largometraje del 2013, Gloria. Ambas películas han sido dirigidas por el mismo realizador, por el chileno Sebastián Lelio. Gracias a la fama y al éxito obtenido por su obra Una mujer fantástica (2017), ha tenido la oportunidad de rodar Gloria Bell en Estados Unidos. Y además, de contar con la presencia en el elenco de actores con Julianne Moore y John Turturro. Incluso la primera participa en la producción del filme. 

Centrándonos únicamente en esta última película (las comparaciones con su “gemela” las realizaremos más tarde), nos hemos encontrado con un largometraje que fundamentalmente extraña. Así, toda su puesta en escena, incluso todo el atrezo y también la banda sonora, la situamos en la década de los ochenta del siglo pasado. Sin embargo, los móviles, ordenadores y demás tecnología son de última generación, o casi. Nos referimos con la utilería a mobiliario, ropa y por supuesto, ya lo hemos dicho, a las canciones que forman un elemento importante del filme. Esto último puede tener su explicación, claro que sí. La mayoría de las melodías que escuchamos son diegéticas. Y suenan en el propio automóvil de la protagonista, de Gloria, interpretada por Julianne Moore, en su reproductor de CD, se supone; o en la discoteca para divorciados maduros en la búsqueda de últimas oportunidades. Por lo que respecta a la fotografía, podríamos denominarla con cualquier adjetivo menos el de atractiva. No salimos de los tonos pastel, también se roza peligrosamente los dorados. E incluso parece que un sutil velo se interpone muy a menudo entre personajes y espectadores. Una especie de barrera que aleja de los acontecimientos que se van sucediendo. 

Gloria es una mujer madura, divorciada hace ya una década. Tiene una hija y un hijo, además de un nieto. Las relaciones con su exmarido podrían denominarse como cordiales. Trabaja en una oficina y lo que realmente le gusta es bailar. Y lo hace de noche, en discotecas de cincuentones o de alguna década más. Esa afición le otorga la oportunidad de conocer a diferentes hombres. Y si viene al caso e interesa, establecer relaciones sexuales o de mayor calado con los mismos. Por su parte, John Turturro es Arnold. Se trata de un varón recién divorciado. También ostenta la cualidad de haber adelgazado muchos kilos en poco tiempo, trabajó en el ejército y actualmente tiene un negocio: un parque de atracciones de última moda, aquellos en los que el personal se divierte disparándose con armas simuladas a lo loco, entre ellos o a dianas colocadas para la ocasión. Arnold, además, parece mantener una relación un tanto cautiva con su exmujer y sus dos hijas. 

¿Y qué sucede en el filme que podamos desvelar? Pues que Gloria y Arnold se conocen en la discoteca y establecen una relación que parece ir más allá de la puramente sexual. En realidad, pocos elementos interesantes pueden destacarse del desarrollo de la trama. Predominan conversaciones banales, vidas monótonas, familias comunes… No sobresale precisamente ni lo que se cuenta, ni cómo se hace. Sobre este último inciso, la cámara de Sebastián Lelio se limita a mostrarnos a Julianne Moore, ciertamente desfavorecida, en todos los planos posibles, a cualquier distancia, aunque abusando de los más cercanos. Casi tenemos que detenernos a pensar en qué escena no se encuentra presente. También es cierto que el punto de vista narrativo es suyo, de Gloria. Por tanto, tal y como está configurada la película, parece que es lo que tocaba. Julianne Moore, a pesar de la fealdad de la puesta en escena, de las omnipresentes gafas y del vestuario elegido, sabe responder con gran profesionalidad. Tampoco nos excitemos, no es el caso. Por lo que respecta a Turturro, en su línea. Casi inhabilitado para transmitir cualquier sensación más allá que apatía y tedio.

La principal virtud que destacaríamos de la obra sería, quizá, esa tímida denuncia sobre la posesión indiscriminada de armas en los Estados Unidos, además del giro de guion del cazador cazado. Y poco más. En cuanto a escenas, nos quedamos con la de la reunión familiar. Esos patéticos encuentros en los que se enseñan fotos del pasado, de las bodas, de los muertos, de los críos cuando eran pequeños. ¡Maldita la gracia para quien viene de nuevas! Y sobre la banda sonora, dejando aparte las canciones que suenan de música disco de los ochenta, no atrae precisamente. Recuerda en demasía al hilo musical de la sala de espera de un dentista, pongamos por caso. 

Si la intención del director chileno era visibilizar a la mujer madura, darle la importancia que parece que ha perdido con el paso de los años junto con el culto a la belleza física, si ese era el objetivo, desde luego que no va a conseguir que nos soltemos el moño. Si la presencia debe hacerse patente bailando, ligando y manteniendo relaciones sexuales, mientras se soporta un trabajo anodino, se acude a clases de risoterapia o se descubre el magnetismo de esos parques dedicados a las armas, pues andamos listas. 

Y ahora ya vamos con la pregunta del millón. ¿Qué necesidad tenía Sebastián Lelio de repetir la misma película, escena a escena, prácticamente plano a plano? Aunque cambiemos Santiago de Chile por la ciudad de Los Ángeles; o Viña del Mar por Las Vegas; o el esquí de montaña por el surf. Incluso nos da la impresión que la única obsesión de Julian Moore en su interpretación es la de imitar a la actriz que encarnó magníficamente a Gloria en su primera versión, a Paulina García. Imposible que no nos acordemos de la también incomprensible doble versión realizada por el austriaco Michael Haneke de Funny Games. La primera, espeluznante e inolvidable por su sadismo y calidad, realizada en 1997, sirvió para una nueva versión en el 2007. La realizó el propio director para el mercado estadounidense, y damos por reproducidos todos los calificativos dirigidos a Lelio por su segunda Gloria. ¿Para qué? Al menos, en la primera película del chileno, la puesta en escena nos resulta más acertada. Tanto con la época en que transcurre como en el atrezo, la fotografía y la banda sonora. Los tonos se saturan y con la música se busca un mayor sabor latino.

En realidad, lo que menos nos ha satisfecho tanto de la primera obra como de su adaptación, de ambas, monta tanto, tanto monta, es que no resultan interesantes en su conjunto. No nos sugestionan los principales personajes en casi ninguna de sus facetas. Ni aficiones, ni inquietudes, al menos en la forma en la que proceden a su abordaje. Ninguna atracción artística, política, económica o social. Parece que como único objetivo, solo existe el arañar e intentar atrapar últimas oportunidades. Desde luego, la soledad de los personajes no es un elemento que consideramos destaca en la o las películas de Lelio, en sus dos Glorias. El paso del tiempo sí. Por cierto, para acabar, si tienen oportunidad de verlas, observarán una modificación curiosa entre ambas, quizá la única: si en Chile la clase digamos media, cuenta con su empleada de hogar, en Estados Unidos debe recurrirse a la propia madre para salir de apuros. 

Tráiler:

Ficha técnica:

Gloria Bell ,  EUA, 2018.

Dirección: Sebastián Lelio
Duración: 102 minutos
Guion: Sebastián Lelio, Alice Johnson Boher
Producción: Coproducción Estados Unidos-Chile; Filmnation Entertainment / Fabula
Fotografía: Natasha Braier
Música: Matthew Herber
Reparto: Julianne Moore, John Turturro, Michael Cera, Jeanne Tripplehorn, Holland Taylor, Brad Garrett, Caren Pistorius, Sean Astin, Cassi Thomson, Tyson Ritter

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