Críticas

Fausto, el mito como vehículo de representación

Fausto

Otros títulos: Faust.

Adrea Bussmann. México, 2018.

Locarno Film Festival 2018

Fausto, de Andrea Bussmann (Toronto, 1980), ha sido proyectada en el Festival de Cine de Locarno dentro de la sección Cineasti del Presente y galardonada con una Mención Especial del Jurado. Se trata del segundo largometraje de la realizadora canadiense tras firmar, junto a Nicolás Pereda, Historias de dos que soñaron (2016), ya que Aquel cuyo rostro no irradie luz (2011) es un mediometraje.

Fausto es, de alguna forma, una continuación de Historias de dos que soñaron, si bien los personajes que formaban parte de una familia de gitanos procedente de Hungría, que solicitaba refugio en Canadá en Historias…, ahora es sustituida por los habitantes de una zona costera de México (Oaxaca), para quienes las leyendas y los rumores de tiempos pasados conviven con los principales aspectos que engrosan y, sobre todo, han determinado su historia, la colonización y la esclavitud.

Fausto, fotograma

El filme arranca con la voz en off de un hombre, un narrador omnisciente, cuya naturaleza se desconoce. La voz dice lo siguiente: “Cuando el mundo se creó de nuevo, una bella joven indígena fue tomada prisionera, y estuvo cautiva por años en un fiero barco pirata, pero ningún hombre puede vigilar por siempre y, gracias a un descuido, logró escapar. Rodeada de oscuridad, se tiró al mar. Al alcanzar la orilla, corrió a esconderse al bosque. Los hombres la buscaron sin cesar, pero jamás la encontraron. Año tras año, regresaban a esas mismas aguas a buscarla. A ese lugar se le conoce ahora como La Escondida”.

Este inicio es la declaración de intenciones de su autora. La propuesta mantendrá, de forma constante, una mirada hacia lo fantástico, hacia los cuentos, los relatos y leyendas, con el fin de perfilar un retrato de los habitantes de esta zona de Oaxaca, con quienes la autora mantuvo diferentes entrevistas para la realización del filme.

Rodada en video y transferida, después, a 16mm con el fin de crear una sensación orgánica, Andrea Bussmann teje un relato en el que se alternan historias del pasado que se superponen con imágenes de los habitantes de esa zona y donde el mar, los animales, la naturaleza, son parte fundamental. Ellos son la base de muchas de esas historias, cuyo tono de fantasía se llega a confundir con el de ensoñación o, incluso, con la atmósfera de pesadilla que logra por momentos Bussmann. Según afirma la directora canadiense, la mayor parte del guion (voz en off) fue escrito durante el rodaje y, durante el proceso de montaje, las historias basculan entre lo inventado por la propia autora y las historias que los habitantes de esta zona costera contaron a Bussmann durante el rodaje.

El resultado supone la traslación del espectador al fascinante imaginario que crea la directora. Bussmann mantuvo la intención inicial de trabajar con diferentes cuentos de Fausto, siendo este la base del desfile de personajes que cuentan historias personales, leyendas, historias que, en cualquiera de los casos, se finalizan impregnando de fenómenos sobrenaturales. Historias donde no se termina de distinguir lo que fue verdad, de lo que se ha convertido en invención con el paso del tiempo por aquellos que lo han transmitido.

Imagen de la película Fausto

A Bussmann le preocupa la idea de la búsqueda, sí, pero también es primordial la figura de la sombra. Es como si con ella quisiera poner de manifiesto el lado oscuro que pueda haber en las personas. Se trata de historias que hablan de la sombra como única posesión de sus protagonistas. Personajes que salen de noche, porque tienen miedo a su sombra. Una linterna se enciende y se apaga en medio de la oscuridad. Las luces y las sombras conviven en una misma historia, igual que la noche y el día, que se abrazan mientras una historia da paso a otra. Podría mantenerse la idea de que estos cuentos representan los sueños a los que aspiran sus habitantes. Así, emergerán sus miedos, deseos, anhelos, y todo ello se mezclará con las historias locales que cada personaje cuenta.

La señora que limpia, por ejemplo, cuenta una historia sobre una casa encantada, donde al entrar, uno se siente rico por el efecto del hechizo, y puede comprar lo que desee, pero es justo al salir de ella, cuando el hechizo finaliza, y se encuentra preparado para la muerte. El bien y el mal. Se trata de asomarse a la realidad a través del mito, de la leyenda, para hacer una (re)interpretación de la historia.

Fausto es una película que habla, sin duda, sobre el modo de mirar. Estamos rodeados de leyendas, de historias. Es evidente que no hay tanto una intención de representar una realidad, como sí de mirar a través de ellas para encontrar ciertas filias, fobias o experiencias que puedan dar cuenta de la historia, de las costumbres y del modo de pensar de los habitantes de esa zona costera. Pero si algo pone de manifiesto Fausto, es el agudo e incisivo modo de inventar historias de Bussmann, las cuales crean un estimulante diálogo con la imagen. Como si, de este modo, también hubiese querido que, en un segundo plano de la película, insinuado, quedara la sombra de Fausto, y poder dar así luz, con mayor libertad, a estos personajes y la obra interminable que llevan a cabo, quizás abatidos de insatisfacción para que, a partir del microcosmos que conforma para ellos la costa de Oaxaca y de las fábulas con las que van y vienen en el tiempo y el espacio, además de ser un refugio, puedan alcanzar con ellas el macrocosmos que los libere.

 

Tráiler

Ficha técnica:

Fausto  / Faust ,  México, 2018.

Dirección: Adrea Bussmann
Duración: 70 minutos
Producción: Nicolás Pereda
Fotografía: Andrea Bussmann
Reparto: Víctor Pueyo, Fernando Renjifo, Ziad Chakaroun, Alberto Núñez, Gabino Rodríguez

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