Críticas

Luna menguante

En la playa de Chesil

On Chesil Beach. Dominic Cooke. Reino Unido, 2017.

Cartel de la película En la playa de ChesilInglaterra, 1962. Una joven y virginal pareja inicia su vida matrimonial. Florence, talentosa violinista, hija de unos padres letrados y conservadores; Edward, entusiasta historiador, amante de la naturaleza y de clase trabajadora, con una madre de una fina sensibilidad artística y perturbada hasta el delirio, luego de un terrible accidente. Se conocen, se enamoran y creen poder hacerse felices. En la playa de Chesil descubren que no será tan fácil, que el amor y la admiración recíproca no será suficiente para derribar las barreras que el pasado erigió alrededor del cuerpo de Florence, y que la fragilidad de Edward no sabrá derribar.

Ian McGregor es el autor de la novela On Chesil Beach, y guionista de su adaptación cinematográfica, lo cual aseguró aciertos en la transposición de atmósferas físicas y psicológicas que dotan a este filme de un lirismo en la puesta en escena y una profundidad en el tratamiento de los personajes, apreciables. Bajo la dirección de Dominic Cooke -más conocido por su trabajo en teatro, y recientemente por la magnífica serie de TV The Hollow Crown-, nos encontramos ante una historia de amor, sí, pero es mucho más. Es también la historia de un secreto, de situaciones del pasado no asumidas, ni mucho menos resueltas. Se trata de un retrato de los dramas familiares, en medio de los cuales una historia de amor -juvenil, impulsiva, inocente- trata de abrirse paso y sobrevivir. Florence encuentra en la golpeada familia de Edward la posibilidad de sentirse útil, viva, lejos de su acartonada familia. Edward, por su parte, ve en su inteligente y terca novia la inspiración para expandirse más allá de la vergüenza.

On Chesil Beach

Para sus dos protagonistas, el día que inician su luna de miel terminará la inocencia y empezará el dolor, un largo dolor, al cual, además de sus historias personales y las de sus familias, contribuirán los tabúes de su época y las costumbres de su país. El matrimonio ha sido, a menudo, asociado a la muerte, y en esta película, eso le ocurre a la joven novia: muere la seguridad, la protección y los mecanismos en los cuales ha intentado refugiarse hasta entonces; muere su tierno entusiasmo por ser la figura femenina que sí funciona en la vida de Edward y de su familia -dada la incapacidad de la madre-. Pero también al novio, el mismo día muere para él la ilusión de felicidad y placer conyugal, de avanzar en su incipiente carrera al lado de su joven esposa. Mucho derrumbe para un solo día.

Las actuaciones son de los mejores logros de este largometraje británico de 2017. Saoirse Ronan (Lady Bird, Broadway) logra nuevamente una interpretación densa, aguda, en la cual la cualidad de su mirada aporta sutiles matices al sufrimiento callado de su personaje; pero también la gestualidad de sus manos, captadas en plena crispación de rechazo, angustia o anticipación del horror. El debutante Billy Howle se compromete, con muy buenos resultados, en su interpretación de un joven impetuoso, frustrado y agresivo, pero igualmente vulnerable y herido por la tragedia familiar. Y Emily Watson completa la puesta en escena actoral, dando vida a una reprimida y represora madre, que cuida las formas sociales hasta la asfixia.

En la playa de Chesil, fotograma

En la playa de Chesil, el ritmo de la narración luce irregular: la alusión al secreto, clave para la psicología del personaje femenino, es fugaz; el tiempo en la habitación el día de la boda, excesivo -no funciona aquí la lentitud y parsimonia de la palabra escrita-; el desenlace, abrupto y explícito en la escena final -quizás uno de los mayores desaciertos, incluyendo el maquillaje que pretende envejecer a los personajes, pero que más bien los hace aparecer casi grotescos. Mientras que la escena de la discusión de la recién formada, pero no asumida pareja, en la solitaria playa, la intensidad emocional de los diálogos y la imposibilidad de Florence para comunicar lo que la rompe por dentro, es de lo mejor logrado de esta realización británica. El juego de planos, aquí, otorga una complejidad y textura particular al momento dramático que se quiere narrar: abiertos y panorámicos de la larga y solitaria playa -analogía de la anchura del drama que enfrentan los jóvenes-, o cerrados y en detalle de la desolación de sus rostros, cuando se enfrentan a la cortedad de su amor.

Un tema íntimo, humano, universal, bien concebido -mérito de la novela-, estupendamente actuado, bellamente fotografiado y musicalizado -entre Chuck Berry y Beethoven- pero con debilidades narrativas, es lo que encontraremos en este drama británico ambientado En la Playa de Chesil.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

En la playa de Chesil (On Chesil Beach),  Reino Unido, 2017.

Dirección: Dominic Cooke
Duración: 110 minutos
Guion: Ian McEwan
Fotografía: Sean Bobbitt
Música: Dan Jones
Reparto: Saoirse Ronan, Billy Howle, Emily Watson, Anne-Marie Duff, Samuel West, Adrian Scarborough

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