Reseñas de festivales 

Deshora

deshoraHay una tendencia dentro del cine argentino realizado por directoras oriundas de distintas provincias, Lucrecia Martel, Celina Murga, Anahí Berneri, en la cual se plasma la vida en el interior del país en contraposición a un cine más urbano. Películas donde no prepondera la acción ni los planos cortos, sino las tomas largas, los primeros planos, y el registro de paisajes bucólicos, de la amplitud de la llanura, del silencio de la siesta por la tarde, también de idiosincrasias locales, de revelar cierto costumbrismo, el machismo pueblerino, y de mostrar las distintas relaciones de clase dentro de cada provincia o localidad.

En Deshora, la debutante salteña Barbara Sarasola Day propone una mirada a ese interior del campo tan particular y diverso, de donde ella proviene, donde si bien están presentes las características de la dicotomía campo-ciudad, el énfasis se encuentra en el tratamiento de los prejuicios sobre los vínculos, las relaciones y la sexualidad.

La película narra la cotidianidad del matrimonio de Helena (Maria Ucedo) y Ernesto (Luis Ziembrowsky). Ellos no están pasando por su mejor momento como pareja. En medio de ese clima, reciben la visita del primo de Helena (Alejo Buitrago), un joven dado de alta de un centro de rehabilitación. Su llegada se percibe como la del intruso que modificará algo, no se sabe bien qué, pero hay algo de incomodidad. Sin embargo, las miradas, la convivencia con alguien distinto y la seducción comenzarán por acercarlos de distintas maneras, despertando un nuevo vínculo entre los tres.

“El cuerpo me parece el vehículo narrativo más fuerte. Pensé la evolución en función de la irrupción paulatina del cuerpo en la intimidad. En la película, las informaciones pasadas, los diálogos no hacen evolucionar particularmente las acciones”, comenta su directora. Y la película recurre a los sentidos. Todo pasa por las sensaciones a través del organismo: la piel, el roce, los besos, el sexo, las pérdidas, etcétera.

Deshora, que en nada se parece al cuento Deshoras, de Cortázar, intenta romper estereotipos en relación con la sexualidad, los deseos y el cumplimiento con ciertos mandatos sociales, como ser madre, por ejemplo, y el hecho de no poder serlo, dejarte incompleta como mujer. Hay una mirada clara y desafiante en relación a esos roles enquistados del hombre y la mujer, al machismo y/o patriarcado que, como mencioné al principio, impera en ciertos lugares de la provincia.

Con planos largos y cercanos, el filme intenta crear un clima de tensión a través de los conflictos que se suscitan y que van deteriorando los vínculos. Hay algo contenido y secreto en la relación entre ellos, que es interesante. Lo no dicho siempre sugiere. Sin embargo, y aunque en ciertos momentos logra sostener esa tensión, el ritmo es algo irregular. Lo previsible se anticipa. Se cae en ciertos lugares comunes. Sarasola Day quiere desenmascarar lo que verdaderamente pasa, pero se queda en la buena intención.

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