Críticas

Sí, al canibalismo

Crudo

Otros títulos: Raw.

Grave. Julia Ducournau. Francia, 2016.

cartel película crudoBienvenidas las sorpresas para los bienaventurados espectadores. La joven directora francesa Julia Ducournau debuta con Crudo (Grave, 2016), en el Festival de Toronto, de manera arrolladora: entre desmayos, vómitos y preguntas incómodas se ha encontrado  la realizadora, que de manera inteligente, opta por no entrar en desmesuradas polémicas, dejando el morbo a otros. Exagerado o no, lo cierto es que el filme ha dado mucho de qué hablar, aunque desisto de la idea de que semejante propaganda resulte ser propicia para el proyecto. Tanto el revuelo masivo de las indigestiones en Toronto, como el marketing utilizado de manera exagerada por los medios, desvirtúan una película que nada tiene que ver con la realidad. Por una parte, las personas con un alto grado de aprensión, descartarán impulsivamente ver la película, de igual manera, las personas que caen en el embrujo de la publicidad, quedarán defraudadas al ver que sus necesidades de sangre y vísceras no son del todo saciadas. Hay escenas que impactan a la retina, pero si hablamos del gore en su estilo más severo, el cine francés tiene un repertorio de ello mucho más significativo, como Martyrs (Mártires, Pascal Laugier, 2008). Pese a que Crudo alcanza el gore en circunstancias puntuales, no se aprovecha de esa etiqueta en ningún momento. Expresándolo en otras palabras; el estilo visual y el lenguaje demuestran tanto ingenio, que todo resulta elegantemente atractivo. A Julia Ducournau le gustaría que aquí se hablase de Crudo y de sus intrínsecos mecanismos, así que dejemos la polémica para los que no tienen nada que decir.

Justine (una Garance Marillier que resulta ser una delicia de actriz) es una chica de 16 años que, siguiendo la tradición familiar, está a punto de ingresar en la escuela de veterinaria. Sus padres, unos estrictos vegetarianos (al igual que toda la familia), esperan que su hija siga los mismos pasos, sin embargo, se desvía de esos principios y prueba la carne. A partir de ese momento, su naturaleza escondida sale a flote, a la vez que se le abre un mundo nuevo lleno de posibilidades.

plano de Crudo

El imponente edificio de veterinaria se alza a los lejos, bajo la atenta mirada de una Justine asustada. Una nueva etapa comienza, la protección paternal ya ha cumplido con su trabajo y ahora toca cortar el cordón umbilical;  enfrentarse sola a la vida adolescente. El instituto ha sido tomado (literalmente) por los antiguos alumnos, los veteranos, que impondrán sus reglas y su propia justicia sobre los pobres novatos, que habrán de acatar sus directrices con obediencia militar. Justine descubre la adolescencia por la puerta grande; entre el ruido, las drogas, el sexo, la diversión y la confusión, todo ello comprimido en escasos minutos. La realizadora nos muestra todo un mundo; profesores apartados del sistema educativo, estrictas normas de comportamiento para todos los alumnos, o dicho de otro modo, la presión social que se ejerce en la juventud, la anulación de la personalidad, y todo lo que ello conlleva: anorexia, estética o el sexo por aceptación del grupo. Mención especial a la escena de sexo, que revela indicios de la personalidad de la protagonista y de una directora que pide a gritos un cambio en el rol que se le otorga a la mujer y al sexo en el cine; ¿por qué siempre se muestra un sexo complaciente, romántico y clásico del hombre respecto a la mujer? Imaginen el éxtasis de la escena.

imagen de Crudo

Llega un momento crucial; Justine lleva sintiendo unas extrañas sensaciones desde que prueba  carne  cruda, algo se despierta en ella, algo peligroso e inusual; una voraz e insaciable ansia de probar carne humana. Nuestra inocente y adorable protagonista se ha convertido en caníbal. Para subrayar el momento, un órgano eclesiástico magníficamente colocado irrumpe en escena, evocando el pecado, lo prohibido y lo inmoral. El canibalismo funciona como una forma antisocial de vida, una forma ilícita de romper las reglas. Actualmente, sabemos que ha sido una gastronomía muy común en muchas culturas, de hecho, sin ir más lejos, el asesino en serie Armin Meiwes lo reivindicó en Occidente. Inteligente y agudo movimiento de la directora, rechazando esa suculenta idea del vampiro (lo fantástico), tan de moda, y enfrentando al espectador con un miedo real; no al terror, si no al horror. La personalidad de Justine va mermando cada vez más, a medida que se ajusta al contorno social deseado, mientras que a su misma vez, oculta más ávidamente su naturaleza. Una presión por ambos bandos que contemplamos entre imágenes pringadas de sangre, sudor y una asquerosidad que me fascinan, preocupantemente.

¡Qué angustioso resulta ser divergente en el mundo actual! Tiendes a tratar de encajar en todos los sentidos, pero el rol de la diferencia se antepone y, al final, si tus impulsos de ser quien eres son más fuertes que la agobiante presión a la que te seducen, las severas consecuencias sociales no tardan en manifestarse. Tratando el tema y advirtiendo que entre franceses anda el juego, no me aguanto de formular una frase del genial filósofo Jean-Paul Sartre: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. El precio de ser uno mismo, a fin de cuentas, el precio de la libertad, es un precio muy alto.

escena de Crudo

Un pesimismo cortante cierra el acto. La herencia y la verdadera naturaleza se contraponen, pero cuidado, no como una escena torpe y evidente, sino como un hecho inherente, donde lo institucional y lo familiar reducen casi a la nada a una Justine que percibe con ojos llorosos la auténtica tragedia de la vida.

Crudo muerde y hiere al espectador, como una radical llamada al interior de uno mismo, de igual manera que el viaje que tiene que hacer la protagonista. Una crítica salvaje a nuestra sociedad, y una demanda de fuerza y coraje para seguir el propio camino. Las imágenes seducen por sí solas, el guion es inteligente y la historia provocativa, todo se mueve en un baile de sangre, fluidos, repulsividad y elegancia. Un filme contestatario y punk, con un equilibrio y un magnetismo que no puede significar otra cosa que talento.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Crudo  / Raw (Grave),  Francia, 2016.

Dirección: Julia Ducournau
Duración: 98 min. minutos
Guion: Julia Ducournau
Producción: Petit Film / Rouge International / Frakas Productions
Fotografía: Ruben Impens
Música: Jim Williams
Reparto: Garance Marillier, Ella Rumpf, Rabah Nait Oufella, Laurent Lucas, Bouli Lanners, Joana Preiss, Marion Vernoux, Denis Mpunga, Jean-Louis Sbille

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