Críticas

Intercambio de parejas

Amor en polvo

Suso Imbernón y Juanjo Moscardó Rius. España, 2019.

Cuando resuenan todavía los ecos de recientes productos rodados casi en su totalidad en la Comunidad Valenciana, como La inocencia (España, 2019), de Lucía Alemany; La asamblea (España, 2019), de Álex Montoya; El desentierro (España, 2018); y El silencio del pantano (España, 2019), de Marc Vigil, entre otras, aparece en pantalla grande y estrenada durante la pandemia de COVID-19, casi de forma clandestina en algunas pantallas españolas, un nuevo trabajo grabado en esta región autonómica que viene a destacar el auge de películas con claro acento valenciano, como la elección de la orografía de esta parte del Mediterráneo como localizaciones para trabajos audiovisuales de distinto signo y diferentes dimensiones. La última en aparecer es una comedia satírica que gira alrededor de una de las propuestas más absorbentes y explotadas desde los comienzos del cinematógrafo: el universo de las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres, analizadas desde enfoques de variada sugerencia.

Amor en polvo es una producción valenciana que supone el debut como realizadores de la pareja formada por Suso Imbernón y Juanjo Moscardó Rius. Dos principiantes en el campo del largometraje que, sin embargo, acumulan un montón de experiencias y sólidas trayectorias en el mundo del cine y la televisión. El guion está escrito por seis manos, María Laura Gargarella, Juanjo Moscardó y María Mínguez componen el equipo responsable del libreto. Su principal objetivo, escribir una historia fresca, naturalista y con pizca de retintín que escarbe sobre las crisis de pareja y las alternativas para que un matrimonio cansado de la rutina no se desmorone. Para conseguir esta meta, introducir chispa, socarronería y un enjuague algo atrevido, como el intercambio de amantes. Como el presupuesto es escaso, rodaje rápido y pocos actores.

El filme tiene una estructura teatral. Su acción acontece en muy pocas localizaciones. Los escenarios elegidos para trazar un relato sobre el aburrimiento marital y los esfuerzos por levantar una relación quebradiza son lugares apropiados para mantener largas conversaciones. Un apartamento y un local de copas son los espacios en los que se desarrolla gran parte del argumento. Sitios cerrados, con una ambientación funcional, poca figuración y mucho diálogo de réplica y contraréplica. De esta manera, los jóvenes directores construyen una comedia de situaciones, en la que el motor principal es el sexo y su recital para satisfacerlo. Un vector entusiasta y que por morbo suele atraer al espectador, sobre todo cuando se abordan reflexiones pícaras como la diferencia entre hacer el amor y follar que, aunque parezca lo mismo, no lo es, según las teorías de los personajes implicados en el debate. El aporte sexual se puede observar como una mirada desprejuiciada, expuesta por criaturas de nivel intelectual que participan del sexo como si fuera un anexo de su nivel social, mostrando desinhibición y un muestrario de actividad entre la grosería y la delicadeza. Prácticas cachondas para mantener viva la pasión y la libido y como huida del hastío y el declive por el paso del tiempo.

Amor en polvo es entusiasta y pizpireta. Plantea cuestiones despendoladas sobre qué hacer para aliviar la frustración de fornicar cuando el acto se ha reducido a encuentros en la cama con parámetros rituales decadentes e insatisfactorios. Se trata de evitar la obsolescencia programada. Blanca (Lorena López) y Pablo (Enrique Arce), esposos consolidados pero con síntomas de cansancio y abotargamiento en su deseo sexual. No quieren la sobrevenida aflicción y plantean la intrépida ilusión de potenciar su amortiguada capacidad de sobreponerse a la hecatombe de la vulgaridad que concebir en consenso la invitación a entrar en el juego a una pareja de amigos. Luca (Luís Miguel Seguí) y Mia (Macarena Gómez) son los elegidos para formar un cuarteto y organizar un lecho comunitario. Su disposición y sorpresa es una panorámica observada por el espectador de manera aleatoria. La maniobra organizada por el matrimonio, con sus encuentros y desencuentros, se corresponde con el pasmo de los activadores del deseo, que no salen de su asombro.

Dos secuencias editadas en paralelo que afrontan dos perspectivas diferentes en su sustancia y en su tono. En la casa de Blanca y Pablo, que habitan un sótano al modelo de loft, sin ventanas al exterior y con bastantes problemas en la instalación eléctrica. La oscuridad que les envuelve es un recurso metafórico, muy evidente y subrayado, que trata de vislumbrar el avispero sentimental/emocional/laboral en el que se encuentran. Para navegar en el atolladero con algo de osadía y un punto de temeridad, asociada a la «modernidad de los nuevos tiempos», pretenden parchear su pasmada decrepitud con arrimar a su cama a dos amigos de su entorno. Para ello, citan a Lucas y Mia en un bar de copas del centro de Valencia. Pablo y Blanca se enzarzan en discusiones y rifirrafes de variado pelaje e intensidad (se cita, con algo de procacidad, el entusiasmo de ella de ser penetrada por cualquier agujero; a lo que Pablo alude a lo flipante que sería para su mujer si estuviera dotada de más orificios para implementar más posibilidades) acerca de su socavón mientras, en la otra secuencia, Mia y Lucas, que esperan a sus anfitriones que no llegan, se entretienen experimentado el arte de la seducción.

El matrimonio desparrama toda su bilis, inquina, apuestan por dejarlo, hacen las maletas, se tiran los trastos a la cabeza, afloran deseos hacia otras personas y generalizan, en forma de La guerra de los Rose (The War of the Roses, Danny de Vito, USA, 1989), el esperpento de los esposos perezosos el uno con la otra y viceversa. Entretanto, unos se lanzan a degüello sus carencias, la otra pareja, en el garito, acomodados y trasegando cerveza, aproximan sus peculiaridades y destrezas en el arte del ligue hasta que el primer calentón impaciente los lleva a echar un polvo en el váter del local, cuyos empujones son escuchados por el barman que luego les da la enhorabuena cuando vuelven a sus sillas y mesas.

Amor en polvo es como un chiste de camionero gracioso de polígono, que cuenta una historieta de dos parejas que hacen un cuarteto buscando cada cual su sitio, y que concluye con la ironía del destino. Una comedia con algo de poso fabulesco, que encara con mordacidad subvertir tendencias políticamente correctas y proponer meollos no exentos de algo de travesura.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

Amor en polvo ,  España, 2019.

Dirección: Suso Imbernón y Juanjo Moscardó Rius
Duración: 79 minutos
Guion: María Laura Gargarella, Juanjo Moscardó Rius, María Mínguez
Producción: Cosabona Films, Cilantro Films, Juanjo Moscardó Rius, Nadie es perfecto
Fotografía: Guillem Oliver
Música: Nacho Martín
Reparto: Enrique Arce, Macarena Gómez, Luis Miguel Seguí, Lorena López, Paco Alegre, Diego Braguinsky, Ainhoa Cebriá, Marisa Merino, Xavi Castillo

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