Críticas

Luchando por los desfavorecidos

Las buenas intenciones

Les bonnes intentions. Gilles Legrand. Francia, 2018.

El cine del cineasta francés, Gilles Legrand (1958), no ha podido conquistar los corazones de los espectadores fuera de sus fronteras, porque sus películas no han gozado del interés de las distribuidoras españolas para dar a conocer a los espectadores sus inquietudes fílmicas y temáticas. Solo a través de las plataformas on line o streaming se ha podido rastrear su filmografía en busca del autor con un mundo personal apasionado que contar. Con una carrera corta, he logrado visionar dos de sus producciones, Tu seras mon fils (Francia, 2011), un retrato sobre la desconfianza de un padre por suponer que su hijo no tiene el suficiente talento y la vocación necesaria para sustituirle en su negocio vinícola, y Las buenas intenciones (Les Bonnes intentions, Francia, 2018), objeto de atención para esta crítica, cuyo estreno de forma puntual en las pantallas españolas está relacionada con la presencia en el reparto de su principal estrella, la actriz Agnés Jaoui, muy conocida por el público local y admirada tanto en su faceta como directora y guionista como delante de las cámaras. Es una intérprete de prestigio y responsable de largometrajes que abordan cuestiones que se mueven entre los retratos generacionales y diversas actitudes morales y humanas frente a la política y la vida en general. No es de extrañar, por lo tanto, que una producción como Las buenas intenciones, cargada de motivadoras lecciones solidarias, no sin ironía y desparpajo, tenga su cuota de pantalla y el refrendo de un patio de butacas siempre dispuesto a presenciar los gestos carismáticos de la popular y portavoz de buenas causas, Agnés Jaoui.

Isabelle (Agnés Jaoiu) es una mujer comprometida y, por principios, fiel cooperante con los más desfavorecidos y, sobre todo, con los inmigrantes sin papeles y sin trabajo. Es una animosa pero atribulada profesora de francés que imparte clases de alfabetización en un liceo a un puñado de emigrados que conforman una pequeña torre de Babel. Su intención y deseo es que estas personas que han llegado a su país, Francia, no solo puedan integrarse, sino que logren acceder a un mercado laboral muy exigente y cada vez más reacio a contratar gente extranjera. Incluso una de las alumnas de Isabelle, una señora autóctona de la tercera edad, no tiene ningún reparo en exclamar a voz en grito: “¡Francia para los franceses!». Se intuye que esta mujer mayor y conservadora es una votante del partido de Le Pen. Pero como la película en cuestión es de buen talante y apuesta por planteamientos sociales progresistas, es fácil deducir que la veterana alumna, tras integrarse en una experiencia coral y comprobar las desigualdades de sus compañeros, adquirirá sana conciencia a favor de los humanos que llegan al país en busca de oportunidades y una vida mejor. Es lo que tienen estas películas, que reconvierten a algunos personajes.

Isabelle es adicta a su trabajo y a la labor humanitaria. Está casada y tiene dos hijos. Su marido se llama Ajdin (Tim Seyfi). Es un hombre bosnio que conoció durante la guerra de los Balcanes. En el terreno familiar, el realizador introduce una áspera contradicción. El esfuerzo que Isabelle emplea en sus labores humanitarias no se corresponde con la atención que le reclaman marido e hijos. Este desajuste conduce a la socorrida crisis matrimonial, un factor que no hace más que añadir un problema más en la ajetreada vida de su protagonista y abrirle un frente con el que no contaba. Pero Isabelle es inasequible al desaliento. Pese a los contratiempos sentimentales/domésticos no se detiene y lucha por conseguir comodidad para su tropa de desarraigados. Toda vez que siente la creciente xenofobia y racismo instalado en la sociedad francesa. Observada en el despectivo desprecio que su familia, de origen burgués, siente por la filantropía de esta mujer luchadora incansable por los derechos de los más desfavorecidos.

Las buenas intenciones es ejemplo del reciente cine francés preocupado por la realidad social y política de Francia. Cumple con el objetivo de construir una lectura, abarcando el entorno más inmediato. Contempla, por la vía satírica, el comportamiento del ciudadano medio hacia la problemática del “invasor”, que el director le concede un barniz simpático, sin arañar. La película es un alegato pero amortiguado, suavizado con humor de sátira de corte alcance y no entra a degüello en sus aspectos más conflictivos, aquellos que una parte de la sociedad rechaza. Si bien anota el creciente y latente segregacionismo del ciudadano hacia el foráneo, sin hincar el diente y mostrar su lado más salvaje, también es verdad que en todo momento propone vías, a partir de algunas instituciones y particulares, que allanan los obstáculos y promueven programas magnánimos, dando a entender que no toda la colectividad es hostil con el extranjero.

Porque Las buenas intenciones habla y tiene su discurso sobre la inmigración, no exento de exotismo y cierto toque pintoresco, que la convierte, a fin de cuentas, en una obra amable, que no se rasga las vestiduras y pinta una imagen más dulce que agria. El verdadero matiz y emblema de la película es, por encima de todo, Isabelle, que ocupa la mayor parte del metraje encontrando zancadillas y arreglando todos los desperfectos en los que incurre. Un matrimonio roto, hijos sin atender, un trabajo en el que aparece una joven profesora alemana con un nuevo sistema pedagógico que la desplaza, porque sus métodos se han quedado rancios, la autoestima en derribo y peleada consigo misma.

Si más dura será la caída, más mérito tendrá su reordenación de estímulos y prioridades. Mejor tener una amiga que no una enemiga. Sus desplantes hacia un profesor de autoescuela, cuyo negocio está al lado del liceo donde imparte clases, convertirlo en una necesidad para que sus alumnos obtengan el carnet de conducir y puedan optar a un puesto de trabajo.

En definitiva, Las buenas intenciones, como su título indica, se asoma al retrato o radiografía de muchos países del primer mundo sobre el avispero de la migración, aunque planteado a través del cliché y los prejuicios consabidos, con un estilo satírico, sin explosiones de dramaturgia. La película es y gira alrededor de la valiente y carismática Isabelle, una figura esperanzadora en medio de turbulentos acontecimientos.

Tráiler de la película:

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Ficha técnica:

Las buenas intenciones (Les bonnes intentions),  Francia, 2018.

Dirección: Gilles Legrand
Duración: 103' minutos
Guion: Gilles Legrand y Leonore Confino
Producción: Epithète Films / France 3 Cinéma / La Banque Postale Image / Sofica Manon 8 / Cinécap / Canal+ / OCS / France Télévisions
Fotografía: Pierre Cottereau
Música: Armand Amar
Reparto: Agnés Jaoui, Alban Ivanov, Claire Sermonne, Tim Seyfi, Michéle Moretti y Philippe Torreton

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