Reseñas de festivales 

Upstream Color

Upstream colorCon su primera cinta, Primer, Shane Carruth demostraba que es posible un cine de ciencia ficcion de buena calidad low cost. Su proyecto consistía en sacar provecho de la manera más inteligente a su mayor potencial: una idea que conseguía, de forma eficaz, dar una nueva vuelta de tuerca a las historias sobre los bucles de los viajes en el tiempo. Rodada en 16 mm y con un presupuesto de tan solo 7000 dólares, contaba con un pequeño equipo amateur formado por familiares y amigos. Pero nada de esto fue inconveniente para realizar uno de los mejores films sobre la temática estrella que clásicamente más ha interesado a la ciencia ficción. Hablamos del mejor cine independiente de género y como tal, consiguió el máximo galardón que otorga el Jurado en el Festival de Sundance. Nueve años más tarde Carruth ha vuelto a la carga para presentarnos su segundo film, Upstream Color, con el que ha ganado el premio del jurado de la crítica Citizen Kane a la mejor dirección novel en el Festival de Sitges. Carruth se ratifica en su forma de hacer cine: escasa financiación, mucho de autosuficiencia -primera regla del cine independiente- y un guión encriptado. Si echamos un vistazo rápido a los créditos, observamos que Carruth vuelve a aparecer como responsable de la dirección, guión, producción y música original de la cinta, lo que vuelve a sugerir que este también es un proyecto muy personal. Su cine está realizado al margen y fuera de todo convencionalismo. No busca seguir estándares y sí explorar en un audiovisual más experimental.

La idea de la que parte Upstream Color está anclada en códigos sociales, políticos y humanísticos que encuentra inspiración en el ensayo Walden de Thoreau, al que vuelve una y otra vez a lo largo del film. En definitiva,  Upstream Color es una crítica acerca del control que el sistema sociopolítico ejerce sobre el individuo, quien difícilmente puede liberarse, lo que le ocasiona un estado de adocenamiento crónico. Es en esta idea sobre la que se circunscribe una metáfora inteligente, narrada a través de una historia donde los protagonistas son víctimas que han sido inoculadas con un parásito que bloquea su capacidad de decisión y pensamiento, quedando en un estado de aletargamiento intelectual. Esclavos a expensas de órdenes de un tercero.

Shane Carruth construye una experiencia sensorial donde la fina labor de montaje transmite la sensación de un caos helicoidal que envuelve, apoyado en un sonido constante que abunda en los tonos graves y funciona a modo de hilo distorsionador de la realidad. Claves fundamentales para crear la atmósfera hipnótica a la que los personajes y el espectador están sometidos. Además, la sucesión de primerísimos primeros planos y el uso reiterativo de una fotografía macro nos interna en la dimensión de la percepción de los pequeños detalles y convierte al tacto en un componente más. Poética sinfonía de la alienación a ras de piel.

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