Críticas

Una historia de perdón y reconciliación

Un largo viaje

The Railway Man. Jonathan Teplitzky. Australia, 2013.

Un largo viaje cartelToda película, como señala el título del último film de Teplitzky, es un largo viaje en el que se nos invita a recorrer, vidas, recuerdos, sensaciones. Señalábamos en el número anterior de EL ESPECTADOR IMAGINARIO cómo la memoria jugaba ese doble papel de rehabilitar, por una parte, injusticias del pasado y, por otra, mantener vivo el recuerdo de lo pasado para las generaciones presentes. Un largo viaje propicia un tercer intervalo de la memoria, la memoria como elemento necesario para la reconciliación y cicatrización de heridas. Y esto a partir de un hecho irrefutable y constante: las vivencias de una guerra no acaban con el armisticio o el alto el fuego, sino que perviven en la mente de quienes han combatido para toda la vida. La verdadera guerra no es tanto la que se vive en el campo de batalla como las secuelas que perduran durante toda la vida y la batalla interior que sufren las que la vivieron. Un relato de cómo los traumas acompañan a los veteranos y de cómo afectan a su vida y a sus relaciones. De todo ello nos habla Un largo viaje, el último filme de uno de los nuevos talentos del cine australiano, Jonathan Teplitzky.

El ex-combatiente del ejército británico, Eric Lomax (Colin Firth), es un enamorado de los trenes pero vive torturado por su pasado. Cuando en un viaje en tren conoce por casualidad a Patricia (Nicole Kidman), su gris vida parece dar un giro y concederle una nueva oportunidad. Lamentablemente, su feliz matrimonio no puede calmar su alma angustiada y Lomax cae de nuevo en un mundo de pesadillas y recuerdos que parecen dominar su presente. Angustiada, Patricia busca ayuda para que su marido consiga superar los miedos que le hacen creer que aún es preso de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

un-largo-viaje-imagen-1En Un largo viaje nos encontramos con una historia real, la que recogió el propio Lomax en su libro de memorias titulado The Railwayman, y toda ella es una hermosa travesía de sentimientos y emociones, que parte de lo más instintivo, la venganza, al más difícil y humano de los actos que es el perdón. Toda guerra es un relato amargo y de dolor, pero quizás uno de los más difíciles es la (imposible) reinserción de soldados que han sufrido en sus propias carnes la experiencia atroz de la tortura a manos de sus enemigos. Ciertamente, la historia de Lomax no tiene nada en particular respecto a la historia de otros veteranos que pasaron por los campos de concentración japoneses salvo por la particularidad de que Lomax se reencontró varias veces con su verdugo, al que terminó perdonando. De ahí que el título de la película pueda aludir tanto al viaje físico en tiempo y escenarios, como a ese largo trecho de viaje interior que va del odio y la venganza al perdón y la paz interior, cómo él mismo señala: “Después de nuestro encuentro me sumí en un estado de paz y determinación. El perdón es posible cuando alguien está preparado para aceptar la disculpa”[1]. Un presente oscuro y doloroso se combina con un pasado iluminador acerca del dolor interior que se nos muestra en la pantalla.

Railwayman_002A través de un bucle temporal, el film de Teplitzky se mueve por dos momentos temporales: el primero se corresponde con el presente, con los años 80, en los que Lomax y su mujer Patricia intentan sobrevivir a una vida marcada por el pasado y por la imposibilidad de aceptarlo y hacerle frente. Esta primera parte nos presenta el día a día de los personajes (un contenido Colin Firth, un afectado Stellan Skarsgård y una hierática Nicole Kidman), aún así, su ritmo pausado y su búsqueda de profundidad redundan en un efecto contrario resultando artificiosa. Si al aspecto interpretativo le añadimos nada verdaderamente destacable, técnica, estética o narrativamente, el relato presentista tiene poco que reseñar.

El bucle pretérito resulta mucho más atractivo, centrada en los sucesos posteriores a la redención de Singapur en 1942. En el meridiano de la II Guerra Mundial Japón ocupó Birmania tras una imprevista victoria sobre los británicos. El gobierno de Ba Maw pasó a ser aliado del eje. El principal objetivo en esa zona era la construcción de un ferrocarril entre Tailandia y la capital birmana –Rangún–. Para ello los nipones utilizaron prisioneros británicos y chinos. La bochornosa climatología, infinitas jornadas de trabajo y las enfermedades conllevaron unos índices de mortandad elevadísimos. Aspectos que rinden honores al sobrenombre con el que fue bautizada la obra: “el ferrocarril de la muerte”. Para su construcción, se utilizó mano de obra forzada. Aproximadamente 180.000 trabajadores asiáticos (en su mayoría romushas de Indonesia) y 60.000 prisioneros de guerra aliados trabajaron en el ferrocarril. De estos, aproximadamente 90.000 trabajadores asiáticos y 16.000 prisioneros de guerra murieron en directa relación por su participación en el proyecto.The Railway Man Los prisioneros de guerra que perecieron allí incluían 6.318 británicos, 2.815 australianos, 2.490 holandeses y 356 estadounidenses, además de un número menor de canadienses y neozelandeses[2]. Como han señalado algunos historiadores, estos datos convierten la construcción del ferrocarril de Birmania en el campo de concentración más grande de la Segunda Guerra mundial y el segundo con más víctimas, después de Auschwitz. En esta parte del film, el espectador se enfrentará a la deshumanización que supuso la construcción de dicho ferrocarril, teniendo inevitablemente en mente la célebre película de David Lean El puente sobre el río Kwai (1957). Junto a las interpretaciones de Firth, Kidman y Skarsgård en el presente, en los años de cautiverio tenemos que reseñar la interpretación del joven Jeremy Irvine, al que ya pudimos ver en War Horse, de Steven Spielberg. La inclusión de sucesivos flashbacks permite retratar la dura realidad a la que los soldados británicos tuvieron que enfrenarse, presentándonos desde ahí la cuestión desde la cual bascula toda la película, ¿puede la víctima finalmente perdonar a su verdugo?

En la línea de El velo pintado (John Curran, 2006), Memorias de África (Sydney Pollack, 1985) y la aludida anteriormente de David Lean, constituye una más que interesante y bienintencionada película testimonio. Cinco años de producción y una muy cuidada fotografía que busca marcar las distancias temporales y espaciales (la calidez de Singapur frente a la frialdad y oscuridad de Inglaterra) definen el estilo de Teplitzky caracterizado por la sobriedad y el clasicismo. Constantes zooms, primeros planos y contraplanos consiguen aislar a los personajes en sus debates interiores, sus dudas y decisiones, sin embargo, Jonathan Teplitzky no consigue crear el clímax que nos emocione más allá de la repulsa que genera cualquier escena de tortura, dando la sensación de un hermoso envoltorio pero carente de verdadera alma.

jeremy-irvine-joven-2013-actor-un-largo-viajeEn 2012, poco antes de finalizar el montaje de la película, fallecía Eric Lomax. Frank Cottrell Boyce (guionista) dijo de él: “su mayor victoria fue librarse de las oscuras sombras que lo habían perseguido y morir con el corazón lleno de amistad, dulzura, amor y trenes de vapor”[3]. Bajo un velo acusadamente academicista, Un largo viaje empatiza con el espectador gracias a su valor como película testimonio y gracias al acto sobrecogedor de reconciliación entre víctima y verdugo, demostrando cómo el perdón es un arma mucho más poderosa que el odio. Un largo viaje resulta conmovedora no tanto por sus imágenes, sino por la humanidad que destila la historia de Lomax que es lo suficientemente poderosa como para afectarnos, sobre todo con su tremenda conclusión: “En algún momento hay que dejar de odiar”. Y es que como señala Hannah Arendt, “el perdón es un milagro que nos permite seguir viviendo”[4] y fue el milagro que permitió a Lomax vivir sus últimos años en paz.

[1] http://cultura.elpais.com/cultura/2012/10/18/actualidad/1350517560_539369.html (Consulta: 24 agosto 2014).

[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Conflicto_armado_en_Birmania (Consulta: 25 agosto 2014).

[3] http://www.sansebastianfestival.com/es/diario.php?ano=2013&ap=22&id=3980 (Consulta: 26 agosto 2014).

[4] Arendt, H., De la historia a la acción, Paidos, Barcelona 1995, p. 29.

Tráiler:

Ficha técnica:

Un largo viaje (The Railway Man),  Australia, 2013.

Dirección: Jonathan Teplitzky
Guion: Frank Cottrell Boyce y Andy Paterson; basado en el libro de Eric Lomax
Producción: Chris Brown, Bill Curbishley y Andy Paterson
Fotografía: Garry Phillips
Música: David Hirschfelder
Reparto: Colin Firth (Eric), Nicole Kidman (Patti), Jeremy Irvine (Eric joven), Stellan Skarsgård (Finlay), Sam Reid (Finlay joven), Hiroyuki Sanada (Takeshi Nagase)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *