Reseñas de festivales 

Starlet

starlet-cartelA primera vista, Starlet da la impresión de ser una película mucho más apropiada para programar en una edición del festival de Sundance que para una del Bafici. Todo en ella reluce como superficie pulida para paladares indies, con todo lo bueno y lo malo del asunto. Pero por suerte la película se anima a trascender un poco (tampoco tanto) los rígidos parámetros de confección del cine independiente norteamericano de las últimas dos décadas, trocando sordidez por un relato que apuesta mucho más al altruismo, sin cargar las tintas en aspectos redentores y apostando por un tono más ligero y luminoso.

Jane (Dree Hemingway, bisnieta del célebre escritor norteamericano, si es que les interesa saberlo) es una rubia algo naif que pasea con su chihuahua por las calles de Los Ángeles sin mayores preocupaciones que la de pagar el alquiler de su habitación a un dealer y prestarle algo de dinero a su amiga mientras juegan a la playstation y fuman marihuana todo el día. Una mañana decide salir a comprar muebles y objetos de decoración en las ferias de remates hogareñas de Los Ángeles, quizás un leve vestigio de la crisis financiera que asoló al país en los últimos años y en el que la película no pretende ahondar. En una de las ferias Jane adquiere un termo en cuyo interior encuentra un fajo importante de dólares. En un principio decide despilfarrar el dinero, pero al poco tiempo toma la iniciativa de contactar a la antipática anciana que le vendió el termo para reintegrarle la plata, hecho que no logra concretar ante la negativa de la propietaria a recibir por devolución el objeto (ignorando el detalle del dinero). La joven decide entonces invadir la vida de la anciana Sadie (Besedka Johnson, de arrugas reales, palpables, ajenas al maquillaje de Hollywood, una vejez genuina que la película muestra en toda su plenitud). Mostrándose como una simpática y exasperante entrometida con demasiado tiempo a su disposición, Jane y su perrita Starlet irritan a la solitaria y viuda Sadie, quien hasta llega a hacer uso del gas pimienta en una graciosa escena en la que escapa del auto de la rubia protagonista, pero de a poco ambas se van ganando un lugar de privilegio en su vida ya desprovista de emociones, marcada por las líneas del bingo y los sueños resignados de conocer París. Y así es como van aflorando los aspectos que hacen de Starlet una película más apropiada para el Bafici que para Sundance. Jane es actriz porno y se muestra bastante satisfecha con su trabajo, un detalle que habla muy bien de la película, ya que en ningún momento la protagonista ejerce algún tipo de cuestionamiento moral hacia su estilo de vida, aunque mantenga este detalle a resguardo de su anciana amiga con cierta picardía.

Starlet es una extraña buddy-movie con textura digital donde el realizador Sean Baker apuesta a la sobreexposición fotográfica, los constantes desenfoques y la cámara en mano (recuerden que es una película indie americana). Pero todo en ella resulta ameno, simpático, grácil. Incluso cuando el relato va profundizando en la relación entre Jane y Sadie, cuando el guion va incorporando secretos y complicaciones (especialmente todas aquellas que genera Stella, la conflictiva compañera de Jane), o cuando Sean Baker amaga con hacer una de más en el final, la película no se desvía de su noble objetivo: el de mostrar la convergencia de contrastes de la que puede presumir toda amistad genuina, incluso las que surgen desde el ocultamiento o la mentira.

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