Críticas

Leyendas urbanas de nuestro tiempo

Slender Man

Sylvain White. EUA, 2018.

Todo en este filme resulta confuso, que no complejo, sin demasiadas explicaciones de la causa de todo mal, para colmo, si no estás al día de los chismes bizarros y oscuros que circulan por la red entonces el desbarajuste puede llegar a ser casi inaceptable. Voy a intentar explicar brevemente  cuál es el nacimiento de esa figura espectral y uniforme llamada Slender Man (Sylvain White, 2018) y cuál es su origen, para tener al menos unas bases donde el espectador avanzado (en edad, quiero decir) pueda agarrarse. De todos modos, y haciendo de abogado del diablo: ¿Alguien en su sano juicio esperaría ver una película convincente del género de terror con unas fuentes de inspiración tan estúpidas? No sería algo imposible, pero sí muy difícil, y es que el filme es para un público muy adolescente, bueno, siendo sinceros, para adolescentes con un gusto horrible.

La figura de Slender Man no puede explicarse sin el nacimiento de Internet, lugar donde reside, y el concepto “Creppypasta” (relatos, mitos e historias cortas de terror escritas por internautas con la intención de asustar o meter miedo a los lectores) es básico para tener nociones del origen de este ser fantasmagórico, que a base de “copiar y pegar” (de ahí el nombre creppypasta) se ha convertido en toda una leyenda, convirtiéndose en uno de los mitos más famosos de la red hasta tal punto de hacerse universal. De  ahí el interés de los productores en recolectar todo el material y hacer una obra en su honor. En Internet no solo podemos encontrar relatos, sino fotos, vídeos y todo tipo de material relacionado con el hombre del saco de la era digital, una especie de colaboración masiva entre muchos que han conseguido hacer un eco que retumbe en las catacumbas de la red, y ya es raro que en estos tiempos tan vertiginosos haya una historia ficticia que se mantenga fija en el tiempo, grabada a fuego en el imaginario colectivo.  El creador del espectro es Victor Surge, y aprovechando que se  hacía un concurso sobre fotografía paranormal en el foro Something awful, decidió retocar con Photoshop una foto en la que aparecía una sombra espectral, alargada de brazos y piernas, con finos tentáculos, vestida completamente de luto y sin rostro alguno,  un ser que parecía extraído de una novela de H.P. Lovecraft. A esa cosa se le llamaría Slender Man.

El bulo de esta historia llegó tan alto que cruzó la línea de la ficción para meterse de lleno en la realidad, y un buen día, en los medios de comunicación, apareció la trágica noticia de tres amigas que, invocando a Slender Man (en la primera página de Google se puede encontrar fácilmente cómo invocar al fantasma) decidieron apuñalar a una de ellas por temor al supuesto ente. Ya se sabe que la estupidez humana no tiene fronteras, y para bien o para mal, la historia  que nació como una inocente fotografía para un concurso, ha acabado como el creepypasta más famoso en la cultura popular.

El director Sylvain White  y el guionista  David Birke han tenido que reajustar la historia y dejar de lado su origen, ya que obviamente eso sería contraproducente y antiterrorífico, sin embargo, tampoco han creado una mitología convincente. El guion parece aturdido en su mismo relato y las imágenes resultan confusas e incluso mal ejecutadas. Hay que admitir algo; los primeros treinta minutos resultan muy atractivos, la historia se desliza con serenidad  y se desarrolla perfectamente, creo que hasta el punto en el que las chicas ven el vídeo (guiño exagerado al filme nipón de Hideo Nakata, Ringu, 1998), a partir de ese momento y hasta los créditos finales todo se desfigura. La película no actúa en bloque, parece fraccionada, como por episodios, y lo que resulta peor es que hay momentos de flojera que aburren; pequeñas lagunas sin mucho sentido que desconectan y dejan fluir la mente del espectador, que empieza a pensar en trivialidades mundanas de su vida diaria.

El terror que quiere transmitir el filme tampoco es para elogiar, lo cierto es que el fuera de campo o la insinuación al otro extremo de la cámara produce más miedo que el mismo personaje, que es otro de los fuera de juego de la cinta, es decir, que cuando deja de insinuarse y se muestra el pastel en primer plano pierde toda la magia (si es que le quedaba algo) que caracteriza al personaje. Porque un ser vestido con traje y corbata y sin rostro no sé hasta qué punto es recomendable mostrarlo en primer plano o plano americano, y para más inri, si la historia que tiene detrás no te ha causado un especial impacto, debido a su defectuosa narración, entonces todo se va al traste en relativamente poco tiempo.

Película espejo de nuestra realidad cotidiana, con la mirada crítica puesta en la Internet, con adolescentes que se les ilumina el rostro en la oscuridad debido al frío brillo del teléfono móvil que impacta en sus caras, que ven películas desde una pantalla portátil y, como protagonistas, un grupo de chicas deseosas de salir de su apática realidad. La cámara se filtra por los pasillos del instituto, vemos a un grupo de chicos y a un grupo de chicas, ésta se mueve en plano contraplano para filmar a  unos y a otros, y, al final, se desliza y sigue al grupo de chicas. El monstruo fantasmagórico del bosque no requería presencia exclusivamente femenina, es una muestra más del feedback sociedad–cine y la actualidad en la que vivimos. Fijémonos también en el retrato parental que da la cinta. La primera adolescente desaparecida, Katie (Annalise Basso), es una joven completamente aislada de su círculo familiar, vive en el sótano de su casa y suele escuchar los pasos descompasados de su padre alcoholizado en busca de otra botella de vodka, de su boca sale alguna frase como: “Me gustaría irme lejos y dejar todo esto”, son datos concluyentes y suficientes para demostrar que la joven adolescente no tiene mucho aprecio a su estilo de vida y qué, quizás, incluso tenga cierta tendencia a la melancolía. Mientras tanto, los padres de la protagonista, Hallie (Julia Goldani), se mantienen pasivos frente al hecho de que su hija, cuando acabe la silenciosa cena familiar, se vaya a casa de Katie a beber vodka y a fumar. Hay una ausencia parental tácita y psicológica que ayuda a las jóvenes a precipitarse al vacío, a buscar algo que inyecte vida en sus venas.

Todo el filme en sí mismo resulta una paradoja, resulta ser una crítica a todos esos chismorreos, bulos y falacias que corren por la red y que se hacen tan enormes que tienen repercusión en la realidad, con resultados muchas veces escalofriantes. Adolescentes sin un rumbo fijo que se dejan atraer por una fuerte influencia a lo desconocido y al desconocido, que se adentran en misteriosos juegos esotéricos, macabros y retorcidos con la intención de sentirse mejor con ellos mismos sin saber muy bien luego cómo salir. Ya sea por chantaje emocional, por miedo, por ego o por pura vergüenza; “Es como un virus que se mete en tu cabeza”, dice una de las chicas, a eso precisamente se refiere el filme, a tener un especial cuidado con eso que todos tenemos en casa e, incluso, en nuestros bolsillos. La idea puede ser correcta, la ejecución, muy deficiente.

Película muy atropellada por ella misma, parece hecha con ciertas prisas, y el resultado es demasiado inocuo para hacerte saltar de la butaca. Es sosa y se relega todo a una carta; la presencia del monstruo. El vídeo que ven las chicas y la primera media hora el salvable, todo el resto, olvidable. Se necesita un guion firme y unas bases argumentales potentes para crear un aire de misterio en el interior del espectador, no solo la presencia física del mal da miedo, sino la sensación de que ese mal envuelve cada plano; en una conversación misteriosa, la escena de un bosque iluminado por la luna o en las luces y sombras que puede albergar la inocente habitación de una adolescente. Si se ha hecho justicia o no con el villano, que lo juzguen los más devotos del creepypasta más famoso, a mi humilde juicio; señor Slender Man, regrese a las sombras.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Slender Man ,  EUA, 2018.

Dirección: Sylvain White
Duración: 93 min. minutos
Guion: David Birke
Producción: Mythology Entertainment / Madhouse Entertainment. Distribuida por Screen Gems
Fotografía: Luca Del Puppo
Música: Ramin Djawadi, Brandon Campbell
Reparto: Joey King, Annalise Basso, Javier Botet, Julia Goldani Telles, Jaz Sinclair, Kevin Chapman, Michael Reilly Burke, Alex Fitzalan, Jessica Blank, Taylor Richardson, Eddie Frateschi

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