Críticas

La vida en miniatura

Retablo

Álvaro Delgado Aparicio. Perú, 2017.

RetabloTrazos rojos, azules, verdes y amarillos sobre fondo blanco. Colores que replican los del paisaje, los tejidos, las frutas y los vegetales… La montaña verde, cruzada por senderos de tierra, con polvareda tras el paso de los caminantes o de los vehículos, el cielo azul, más alto que los 5000 metros por donde transitan los personajes de Retablo, son los marcos de referencia de la película de Álvaro Delgado Aparicio.

Nacido en Inglaterra, de padres peruanos, eligió un sitio remoto en Huamanga (Perú) para filmar esta película multipremiada. Sobre un texto ya escrito, volvió del laboratorio de guionistas de Sundance solo con un par de frases para desarrollar el guion, coescrito con Héctor Gálvez, que les llevó nueve años y que interpretaron magistralmente el actor y artista plástico Amiel Cayo (Noé, el padre), la reconocida actriz Magaly Solier (Anatolia, la madre) y el joven descubierto en una audición de 700 personas, Junior Béjar (Segundo, el hijo).

Narrada en quechua, desde el punto de vista del adolescente, relata su historia como hijo y aprendiz de un reconocido y admirado maestro retablista y de una joven y enérgica madre. Su vivienda se distribuye en dos edificios de adobe: la casa y el taller instalados sobre un predio en la montaña, donde también pastan los animales.

Con planos muy cercanos se describe la amorosa manera en que el padre guía las manos del hijo en el modelado de los personajes del retablo y la forma en que este recibe la instrucción. Al comienzo de la historia, en un ejercicio de memoria, Noé tapa los ojos de Segundo para que el joven describa uno a uno a los personajes que tiene enfrente. Veremos que integran las figuras de un inmenso retablo, presentado a sus modelos con un plano subjetivo ¡del retablo! Al abrirse las puertas, desde adentro, tenemos ante nosotros las caras curiosas y sorprendidas de sus representados. Noé goza de alta estima y admiración… y Segundo siente un orgullo que no le cabe en el cuerpo. Ha valido el esfuerzo físico del traslado, el polvo acumulado en la ropa y los zapatos, que deben sacudir previamente para estar presentables, y el retorno que se alivia con el aseo en el hogar. El viaje ha completado la iniciación del aprendiz y ha establecido una complicidad entre padre e hijo.

retablo

El retablo es una caja de madera blanca, con personajes de miniatura moldeados en yeso. Se caracteriza por las diversas expresiones y poses que logra el artista en cada uno de ellos. Muchos de estos artefactos se convirtieron en motivo de indulgencia ante el temor religioso para devenir en la representación de sucesos cotidianos. A Delgado Aparicio le parecen “portales de vida”, típicos de la región, debidos a una tradición que se transmite de padres a hijos y que significan, como en un momento afirma Anatolia, la posibilidad de una profesión más reconocida por la comunidad que la del campesino itinerante.

Los colores del retablo están inspirados en la vida diaria, por eso es de destacar la dirección de arte de Eduardo Camino y la iluminación de Mario Bassini, que convierten cada escena en retablos vivientes: En la casa, el ambiente es oscuro, pero ventanas y puertas funcionan como fuentes de luz para recortar la silueta de los personajes que hablan casi entre susurros; en el taller, el colorido de las piezas artesanales contrasta con las paredes amarronadas del adobe y los rostros oscuros de padre e hijo; en el mercado, las ropas de la sensual verdulera suman colorido a la mercadería que ofrece; en el carnaval, el grupo de bailarinas alegres baja del camión al son de la música; en las postrimerías de la fiesta, los hombres se juntan a beber sentados en bancos de madera y apoyados en las  gruesas paredes de adobe. Todos, retablos cotidianos, enmarcados por un artefacto con forma de caja que ofrece una imagen vívida de pobladores y costumbres comunitarias.

retablo

El paisaje y el clima plantean exigencias para el ser humano, el frío de la montaña, la altura y lo escarpado del terreno no facilitan el traslado de las piezas pesadas y delicadas que transportan Noé y Segundo ni los extensos trayectos que debe recorrer Anatolia ayudada por el bastón. Ese espacio hermoso a los ojos y trabajoso para los músculos alberga a una familia común, trabajadora y, dentro de sus austeras condiciones, feliz.

Los desplazamientos a otros pueblos para entregar los retablos encargados comienzan a ser parte de la rutina del joven que, al salir del espacio protegido del hogar, comienza a descubrir el mundo de la mano de su padre… hasta que lo encuentra en una situación que desatará una profunda crisis. “De eso no se habla”. El tema es tabú, sobre todo en las colectividades rurales, cercadas por altas montañas, donde se forman comunidades cerradas, en la que todos se conocen y se protegen… o condenan. No hay lugar para los que pasan el límite moral impuesto por la religión. Los jóvenes se entretienen con el juego de la pelota o las peleas, con una violencia contenida que, con un motivo como el que ha descubierto Segundo, se desata. Anatolia, como todas las mujeres, pasa el día en soledad, encargada de la casa y de los animales. No entiende el hermetismo que ha transformado a su cariñoso hijo en este silencioso muchacho de mirada oscura y malos tratos. Los hombres pasan sus ratos de ocio bebiendo hasta perder el equilibrio y nublar la mente.

Retablo

Retablo toca varios temas y no se agota en una sola lectura. Los conflictos propios de la adolescencia, el descubrimiento de la naturaleza humana detrás de los seres idealizados, la tradición frente a la modernidad, la intolerancia por todo aquello que no quepa en el molde que una comunidad se ha trazado… Al desbordar esos límites establecidos, solo esperan la infamia y la deshonra. Hasta que te encuentras con Delgado Aparicio, que transforma este drama en una “historia de amor”, como le gusta definirla, aunque yo diría que, además, la otra gran protagonista que recorre la obra de principio a fin es la dignidad.

Ficha técnica:

Retablo ,  Perú, 2017.

Dirección: Álvaro Delgado Aparicio
Duración: 95 min. minutos
Guion: Alvaro Delgado Aparicio, Héctor Gálvez
Producción: SIRI Producciones
Fotografía: Mario Bassino
Música: Harry Escott
Reparto: Junior Bejar Roca, Amiel Cayo, Magaly Solier

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