Críticas

Diversión afilada

Puñales por la espalda

Knives out. Rian Johnson. EUA, 2019.

Póster promocional de Puñales por la espaldaRian Johnson va a su ritmo. Desde luego, yo no me esperaba este giro en su carrera, tras la polémica que suscitó el atrevido (y, desde mi punto de vista, acertado) acercamiento a la franquicia Star Wars con el sonado Episodio VIII. Puñales por la espalda (Knives out) es un puñetazo en la mesa, la demostración de que, a Johnson, el ruido le es ajeno, y que ha aprovechado tanto alboroto para hacer la película que ha querido, como ha querido.

Con ingredientes muy reconocibles, el director perpetra un divertido homenaje a los clásicos, renovando los clichés para el siglo XXI. Armado de ingenio indiscutible en lo literario y astucia tras la cámara para imprimir universo propio al invento, es obligado reconocer que el resultado es de las sorpresas más agradables que hemos vivido en el cine en este final del 2019.

Johnson plantea Puñales por la espalda como una enrevesada partida de cluedo, como tantas otras muestras del género detectivesco, pero subvirtiendo alguno de los pilares básicos. La forma de ofrecer la información al espectador es cómplice y traviesa a partes iguales, gracias a un incesante ritmo de los acontecimientos, que no deja los golpes de efecto ni en el último segundo de película. Hay momentos en los que los personajes están tan confusos como el público, y otras, se nos invita a ser poco menos que parte del rocambolesco plan que nutre la trama de Puñales por la espalda.

Ese no es el único acierto del fabuloso guion, firmado por el propio Johnson. La construcción de personajes es brillante, entre la parodia y la miseria humana más reconocible. Si piensa que su familia es disfuncional, esta colección de frustraciones, egos, mentiras y subterfugios morales que son los Thrombey hará que mire a sus congéneres de otro modo. Lo cierto es que con ellos se introduce en escena otro de los descaros del director, al plasmar sobre estos crápulas de alto copete un espejo en el que mirar los nocivos posicionamientos de la América de la era Trump. Mensajes que, por cierto, se han extendido al debate público casi mundial, así que las intenciones de Johnson alcanzan una universalidad que, con un poco de meditación acerca de lo que eso conlleva, preocupa y da fuelle a la idea del guionista y del director al incluirlo en la película.

El título del filme no podría ser más adecuado, una vez que se nos presenta el plantel, en un primoroso primer acto marcado por un sencillo juego narrativo que funciona a las mil maravillas. Establece el tono, gracias a los elementos de comedia que serán constantes y salvadores a lo largo del metraje, marca la identidad visual, barroca y preciosista, repleta de pequeños detalles, e introduce las rencillas familiares. Johnson atrapa al espectador en sus redes, a base de autoridad como director que maneja al dedillo todos los aspectos de la obra.

Imagen de Puñales por la espalda

Los espacios son primordiales en el planteamiento de la acción. Cada detalle de la casa, otro personajes más, tiene sentido en el conjunto y adquiere trascendencia más allá de su esencia de tramoya teatral. Las habitaciones, pasillos y escaleras se conforman como eje vertebrador de la trama, y es que fuera de este espacio concreto, Puñales por la espalda tendría menos sentido.

Además, estos espacios sirven como contraste. El modesto apartamento familiar de la protagonista y la casa de los Thrombey demarcan no solo los escenarios de la acción; son una frontera social, la diferencia de clase, ejemplificada en cuatro paredes, pilar del devenir de las relaciones personales de cada pieza del tablero ideado por Johnson.

Nada de todo esto tendría fuelle sin un plantel actoral en estado de gracia. Todo el mundo tiene su pedazo de gloria en el reparto que roza lo coral. Los nombres propios resaltan en el elenco lleno de estrellas, que confirma el poder seductor del guion de Johnson para atraer a tan sonoro equipo. Pero, sin duda, si hay que destacar algún nombre, son los de Ana de Armas y Daniel Craig.

La joven actriz consigue, de manera definitiva, poner su nombre en el candelero tras años de esfuerzo en Hollywood. Su actuación está llena de matices y aguanta con solvencia el aspecto cómico de la obra, mientras ella defiende la parte más dramática de los sucesos de Puñales por la espalda, empujada por un fuerte sentido de la moralidad, que contrasta con la piscina de pirañas con las que comparte reparto.

Craig, por su lado, resulta exquisito en la reinterpretación del clásico detective a lo Poirot, un sabueso implacable, aderezado, en este caso, con extra de humanidad, al tener muy clara la diferencia entre la ley y la justicia. Sin duda alguna, suyos son muchos de los diálogos más hilarantes y desconcertantes de la propuesta, dejando para la posteridad un ejemplo de elegancia y disfrute.

Puñales por la espalda se merece todos los aplausos que ha recibido. En las dos horas largas que dura, no hay respiro. Pasan cosas constantemente, de forma coherente y precisa. Es imposible el aburrimiento, y la conexión entre público y obra es inmediata. No es perfecta, por supuesto. Podríamos hablar sobre cierto maniqueísmo intencionado al plantear los diferentes caracteres de los protagonistas, por ejemplo. Pero sería buscar los tres pies al gato en una de las propuestas más divertidas, originales e ingeniosas que nos ha dado el cine de 2019. Un auténtico placer de película. Los clásicos, aunque sea para darlos la vuelta, nunca fallan.

Ficha técnica:

Puñales por la espalda (Knives out),  EUA, 2019.

Dirección: Rian Johnson
Duración: 130 minutos
Guion: Rian Johnson
Producción: Filmnation Entertainment / Ram Bergman Productions / Media Rights Capital
Fotografía: Steve Yedlin
Música: Nathan Johnson
Reparto: Daniel Craig, Ana de Armas, Chris Evans, Jamie Lee Curtis, Toni Collette, Don Johnson, Michael Shannon, Christopher Plummer, Keith Stanfield, Katherine Langford, Jaeden Martell, Riki Lindhome, Edi Patterson, Raúl Castillo, Frank Oz, M. Emmet Walsh

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