Críticas

Divide y vencerás

Planta permanente

Ezequiel Radusky. Argentina, 2019.

Cartel Planta permanenteEn el edificio de la Secretaría de Obras Públicas, Lila y Marcela llevan décadas trabajando en el área de limpieza, cargo que les permite conocer a fondo cada dependencia y a sus funcionarios. Con el fin de tener un ingreso adicional, las dos amigas sostienen de manera clandestina un comedor improvisado en una dependencia abandonada en los sótanos del edificio. La venta de almuerzos es un negocio bastante conveniente para la economía de los empleados del lugar. Pero el nombramiento de una nueva directora y su renovadora promesa administrativa, a través de un discurso plagado de cinismo y falsedad, abre paso a la discordia y al enfrentamiento entre las amigas. Con pequeños movimientos de ajedrecista, la directora reafirma las falencias de un sistema burocrático que es funcional a las perversas pretensiones del poder.

Ganadora del Colón de Oro a mejor película en el Festival de Huelva de Cine Iberoamericano 2020, Ezequiel Radusky presenta su segundo largometraje y primero en solitario, Planta permanente. Trata los vicios de la burocracia y las artimañas a las que induce un sistema que, en su rígida legalidad, propicia los escenarios para el juego de la conveniencia y la corrupción que cobra los sueños y esperanzas de la clase trabajadora. Bajo este argumento, el director argentino desarrolla una historia sencilla y cotidiana, enfocada en la amistad y las circunstancias que, por manipulación de terceros, resquebrajan las relaciones de solidaridad y compañerismo, donde las pequeñas fisuras de las relaciones humanas quiebran las luchas conjuntas debilitando a los más vulnerables.

Radusky trabaja una narrativa delicada y de ritmo constante, sin mayores cambios de tensión logra ubicar al espectador en un desafortunado lugar común de una cruda realidad que se reproduce a diario, se normaliza y se vuelve una viciosa costumbre que alimenta a un sistema burocrático que hace más pobres a los pobres. El filme conecta con las experiencias propias y ajenas, la rabia y la frustración a través de la lucha de Lila y Marcela por sobrevivir en un sistema laboral que las anula.

Planta permanente foto

La apuesta cinematográfica sobre una realidad social bien conocida en el ámbito de la contratación estatal y los procesos de licitación hacen que la película sea algo predecible, pero no por fallos de consistencia narrativa, sino porque se acerca tanto a la realidad que no deja espacio para un cambio imprevisto. Sin caer en el melodrama, nos encontramos ante un relato crudo y visceral, que marca con contundencia en el espectador la empatía y la aversión ante las situaciones que se narran, y escena tras escena va surgiendo el amargo sabor del descontento social.

Los personajes de esta historia tienen una construcción sólida, sin ambigüedades de carácter y con actuaciones en un tono muy natural. Lila (Liliana Juárez) genera una empatía solidaria en el espectador al ser una mujer perseverante, bondadosa y cordial, que cree ciegamente en la buena voluntad de la gente y su palabra, lo que la hace ingenua y manipulable. Su magnífica interpretación la hizo merecedora del Premio a Mejor Actriz en el Festival de Mar del Plata 2019.

De manera excepcional, Rosario Bléfari interpretó a Marcela, una mujer temperamental y de carácter fuerte, que busca el propio beneficio, estableciendo las reglas de juego para con Lila, a quien manipula. La actriz argentina ya había compartido escena con Liana Juárez en Los dueños (2013), bajo la dirección de Agustín Toscano y Ezquiel Radusky. Lamentablemente, la versátil artista falleció en 2020, días después del estreno del filme en salas de cine.

Planta permanente captura

La actriz uruguaya Verónica Perrotta (Las toninas van al este, 2016) le da vida al tercer gran personaje, una perversa directora de Obras Públicas que ostenta su posición con cinismo e hipocresía. Ella representa en pleno la crueldad del ejercicio del poder que ajusta los vicios burocráticos desde la misma normatividad y que resultan en la ley del menor esfuerzo. Funcionarios parásitos del sistema que, como se dice popularmente, ganan indulgencias con avemarías ajenos, terminan siendo la cara positiva de la gestión pública.

El comedor que tienen Lila y Marcela, más allá del escenario que da paso a la historia, se constituye en un nicho. Se puede reconocer simbólicamente un estado de anulación de las jerarquías de aquellos empleados estatales que no son directivos. El momento del almuerzo convierte este espacio en un lugar de compañerismo y reconocimiento como clase trabajadora que invalida la relación burocrática.

Planta permanente crítica

La conjugación bien lograda de la fotografía de Lucio Bonelli y la dirección de arte de Catalina Oliva transmiten de manera efectiva lo oscuro del drama de Lila, a la vez que marcan con fuerza la jerarquía burocrática y los espacios de poder. Una iluminación tenue, encuadres donde prima la oscuridad, anaqueles atiborrados de archivo muerto y muebles abandonados reducen el campo visual, evocando la pesadez del ambiente laboral entre pasillos oscuros y sótanos en desuso, donde de manera soterrada brilla la ilegalidad.

La paleta de color de Planta permanente es interesante, una vez más hace la distinción entre lo visible a la sociedad con colores claros y buena iluminación, jugando con gamas del blanco al amarillo y, en lo oculto, en la precariedad escondida, prevalecen los azules y grises. Sin embargo, Lila es el personaje que destaca, su uniforme azul oscuro por imposición contrasta con los tonos rosa suave que gusta vestir fuera del ámbito laboral, de alguna manera esta distinción resalta su ingenuidad ante la corrupción.

Sin duda, es una película valiosa y que incomoda, que lleva a la reflexión, no solo del ejercicio de las fallas burocráticas, sino de la normalización y aceptación de la corrupción del sistema que produce nuevos vicios bajo un modelo de normativas ineficaces, donde a ley hecha, trampa hecha y que va dejando como víctimas a los menos favorecidos.

Trailer:

Ficha técnica:

Planta permanente ,  Argentina, 2019.

Dirección: Ezequiel Radusky
Duración: 78 minutos
Guion: Diego Lerman, Ezequiel Radusky
Fotografía: Lucio Bonelli
Música: Maximiliano Silveira
Reparto: Liliana Juárez, Rosario Bléfari, Veronica Perrotta, Nina Vera Suárez Bléfari, Sol Lugo, Horacio Camandule.

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