El invencible encanto de la palabra

Zorba el griego

Zorba the Greek. Michael Cacoyannis, EUA, Reino Unido, Grecia, 1964

Por Enrique Posada

Cartel de la película Zorba el griego

Grecia ha sido desde tiempos inmemoriales la fuente de bellas y significativas palabras. Todos los idiomas tienen una deuda de gratitud con su lengua, que las permea con términos que se han venido filtrando sutilmente a través de la ciencia, la religión, la filosofía y las ideas. Como los griegos han sido navegantes y comerciantes por el Mediterráneo y por el resto del mundo, los marineros griegos han pasado por todos los puertos del orbe, aprendiendo idiomas, dejando huellas y conquistando amores. Homero y Esopo se leen y se cuentan, las gestas de Ulises y de Aquiles, las guerras de Troya y de Alejandro Magno se recuentan, la filosofía griega se estudia y se discute desde hace más de 2500 años. En esta forma, la historia, las gestas heroicas, la forma de ver y de leer la vida de los griegos se ha extendido como una red sutil por todas las tierras. 

Posiblemente, por esa razón, todos soñamos con ir alguna vez a las islas del mar Egeo, para vivir alguna travesía griega entre isla e isla, como las de Ulises, pero sin tantas aventuras. En cierta forma, de ello trata la película clásica Zorba, el griego, que narra las aventuras de Basil, un joven británico que viaja a Creta, la gran isla griega, donde ha heredado una mina abandonada, con el fin de recuperarla y, de alguna manera, encontrarle sentido a su vida. Por ello viaja con cajas repletas de libros, a modo de sabios maestros, que va a consultar en la que se imagina una bucólica placidez de la isla. A punto de embarcarse, conoce a Zorba, un pintoresco personaje, que lo sorprende con su alegría, su vitalidad y ante todo con sus palabras sueltas, atrevidas, inteligentes, inesperadas. Es una especie de Esopo el griego, contador de fábulas basadas en sus experiencias de la vida cotidiana. Basil se deja embrujar por Zorba, quien se convierte en su empleado y amigo, en filósofo, confidente y maestro. 

Escena de Zorba el griegoLa película está basada en una gran novela del mismo nombre y cuenta con una música de antología, que se ha convertido en patrimonio universal. Es un canto a la amistad entre los seres humanos como antídoto a la soledad, a la monotonía y a la mediocridad. Zorba ha recorrido el mundo como un vagabundo explorador, aparentemente sin sentar cabeza y se ha llenado de historias y de dichos que desea contar, se ha convertido en un maestro de la vida que recorre los puertos tañendo las cuerdas de su santuri, en busca de algún discípulo. Al encontrarse con Basil, halla al interlocutor perfecto, al alumno amado, inexperto y confiado. En este ambiente queda servida la mesa para un banquete de pequeños momentos, cada uno de ellos curioso e inesperado, que el director Cacoyannis va sirviendo al espectador con buen gusto, con una bien equilibrada mezcla de drama y comedia.

Zorba el griego, críticaZorba es un personaje enteramente folclórico, a modo de arquetipo idealizado, en la medida en que representa toda una cultura griega, llena de música y de danzas, de alegría y desparpajo, oscilando entre la bondad y la maldad, inteligencia desbordada capaz de concebir inventos y de aceptar el fracaso de los mismos como natural e inevitable, ya que nunca hay que parar de vivir y de ensayar. Ello está simbolizado en la música, vibrante y llamativa y en la danza sonriente y circular, imagen misma de la vida. En el trasfondo está la otra cultura, tradicional y bucólica, pero atrasada, pobre e ignorante; es la de los habitantes de estas islas perdidas, seres sometidos a costumbres ancestrales que los arrastran a la ignorancia, a la rutina, a la venganza y a la pobreza. Parece impotente la modernidad, simbolizada en Basil y sus libros, en Zorba y sus experiencias de viaje, para abrir espacios de cambio favorable y de libertad en esas mentes encerradas y esclavizadas por sus creencias y sus miserias.       

Irene Papas en Zorba el griegoEn el filme hay dos personajes femeninos notables. Uno de ellos es de Hortensia, personificada por la actriz Lila Kedrova, que le mereció un Oscar, y el otro, el de una bella, solitaria, enigmática y cautivante viuda, personificado por la gran Irene Papas. La primera simboliza a la vieja Europa, a la vez noble, culta y desvergonzada, que ha buscado incesantemente horizontes y aventuras y que se ha quedado atrapada en tantos lugares del mundo, viviendo de las glorias del pasado, anhelando algún amor de verdad entre tantos viajeros que se acercan a su lecho de cortesana ilustrada. Solo lo encuentra cuando aparece algún Zorba dicharachero y atrevido que le adula y le susurra viejas y dulces palabras que reviven el pasado. Pero no habrá salvación ni cambio en esos puertos malditos. Sus habitantes, con quienes ha convivido por años, solo esperan la muerte de la vieja mujer para apoderase de sus cosas. La viuda, como contraste, simboliza la belleza y el misterio femenino de las mujeres sencillas pero independientes, tantas veces apedreadas por la ignorancia y la envidia. Representa los valores que subyacen, la pureza original de los pueblos, que no alcanza a sobrevivir a los instintos primitivos, a los celos, los miedos y la venganza. Para ellas no hay liberación, si siquiera cuando algún Zorba valiente las defienda de las turbas asesinas, a modo de Cristo sanador. Las antiguas costumbres pueden ser todavía más fuertes que el poder de un valiente taumaturgo, además de que son traicioneras, maliciosas y obstinadas.          

Fotograma de Zorba el griegoCacoyannis se recrea en las descripciones de la gente pueblerina, utilizando escenas llenas de drama. Hay dos que son memorables: el pueblo entero encierra a la viuda para apedrearla y ajusticiarla, mientras ella trata de huir aterrorizada y valiente, su bella presencia y su cara de sufrimiento ante la injusticia, cada vez más impotentes y resignadas a su suerte. En otra escena, el pueblo entero en espera de la muerte de Hortensia, se va cercando lentamente su casa, metiéndose por todos los rincones, listos a apoderase de los trapos de la muerta, de sus joyas de fantasía y de los adornos; lideran la escena unas mujeres viejas, a modo de chismosas arpías y todo culmina en un arrebato desordenado de seres indiferentes ante la muerte que en unos instantes lo dejan todo vacío y desolado.

Cacoyannis nos va adentrando en la filosofía zorbiana dejando que sus frases sean expresivas y calmadas. No omite detalle, deja que el diálogo entre Zorba y Basil, tal como sucede en la novela, transcurra completo y sabio. Es un diálogo que va más allá de lo verbal. Anthony Quinn, en el papel de su vida, lo expresa con gestos, con movimientos, con sonrisas atrayentes, música y danza, de tal manera que todos como Basil, quedamos sujetos al invencible encanto de sus palabras y continuamos declarando, como lo han hecho tantos, que hemos visto una obra maestra del cine.

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