Críticas

Pavor y ternura

Luz que agoniza

Gaslight. George Cukor. EEUU, 1944.

LuzqueagonizaCartelSiguiendo con la producción cinematográfica excepcional que se creó en Estados Unidos en el año 1944, tras haber efectuado los reencuentros en números anteriores de la revista El Espectador Imaginario de las obras de Otto Preminger (Laura) y de Fritz Lang (La mujer del cuadro, The Woman in the Window), le toca el turno ahora a la también extraordinaria película de George Cukor, Luz que agoniza.

El film está basado en una obra teatral de 1938, Gas Light, del autor británico Patrick Hamilton, que fue representada en Broadway casi durante tres años seguidos, de 1942 a 1944, con el título de Angel Street, y que ya fue llevada con anterioridad al cine en 1940 por el también británico Thorold Dickinson, en una versión muy estimable, protagonizada por Anton Walbrook, más fiel a la obra teatral original, y que ha llegado hasta nosotros de milagro, ya que la Metro-Goldwyn-Mayer, con ocasión del estreno del film de Cukor, se ocupó, al objeto de eliminar la competencia en el mercado, de destruir todas las copias de la película británica. Afortunadamente, una de ellas pudo ser salvada por el British Film Institute. La obra de teatro y la película estadounidense consiguieron tanta fama, que incluso crearon y dieron popularidad al término “gaslighting” en inglés (hacer luz de gas a alguien en castellano), en referencia a intentar trastornar a una persona, procurando que vea o crea cosas que no existen.

George Cukor, en su largometraje, aborda el drama victoriano de suspense original mediante una puesta en escena que destaca, tanto por sus interpretaciones, como en su barroca composición, y por el extraordinario juego de luces y sombras que acompaña a los gozos y penumbras asombrosamente. El filme se inicia en una plaza de Londres de brumosa y tensa atmósfera, cuando la joven Paula Alquist (Ingrid Bergman) sale anonadada y hundida de su casa, en donde acaban de asesinar a su tía, una famosa e idolatrada cantante de ópera con la que convivía, y es introducida en un coche de caballos, con el propósito de alejarse de los tristes sucesos que se han producido, e intentar rehacer y seguir su vida lejos de allí. Con un simple corte, transcurren diez años y nos situamos en Italia, penetrando junto con la cámara en una habitación donde un profesor de canto está dando una lección a Paula, con el acompañamiento musical de un pianista, Gregory Anton (Charles Boyer).

Luz que agoniza, película En unos años donde triunfaba el cine negro de violentos asesinatos, gánsteres, detectives avispados, chantajes, mujeres fatales y guiones enrevesados, Cukor, más conocido por sus comedias de ambiente refinado, apuesta aquí por un melodrama criminal, haciendo hincapié en su cara psicológica, en el desarrollo de un terror atormentado que tiene su origen en un enamoramiento absolutamente dependiente de la pareja. El punto de vista narrativo no es único, y va cambiando conforme evolucionan las necesidades del realizador en darnos a conocer nuevos elementos de la trama, lo que hace en los momentos precisos, conservando la intriga y elevando en cada escena el nivel de angustia, no solo de Paula, la protagonista, sino también del espectador. La posición que adopta el director con respecto a sus personajes no es neutra, y se ocupa de que lleguemos a odiar intensamente a Gregory, mientras nos solidarizamos con Paula y sufrimos con ella.

Joseph Cotten e Ingrid BergmanJoseph Ruttenberg, el director de fotografía de Luz que agoniza, que no era precisamente un desconocido, e incluso ya había ganado previamente dos Oscar por su trabajo, el primero en 1938 con El gran Vals (The Great Waltz), de Julien Duvivier, y el segundo en 1942 con La señora Miniver (Mrs. Miniver), de William Wyler, en esta ocasión también consigue un resultado muy destacable, iluminando las escenas con luces y sombras que combina según el momento de la trama, negro o alegre, esperanzador o turbio, denso y gris frente a blanco y luminoso. Le ayuda en ello la participación de la actriz Ingrid Bergman. No es su única película en la que nos parece que lleva incorporada una luz interior que se activa o apaga según su estado de ánimo. En esta ocasión, el efecto resulta casi mágico, y del máximo alborozo desprendiendo una radiante luz si vamos a una fiesta o al teatro, pasamos a irradiar tonos sombríos cuando dudamos de la veracidad de lo que vemos o escuchamos. A Bergman, persona de aspecto saludable y vigoroso, esta interpretación de mujer neurótica y frágil le valió el Oscar de Mejor Actriz. Cuenta su hija que su preparación para el rodaje incluyó la visita a hospitales psiquiátricos para estudiar las reacciones de los enfermos.

GaslightEn cuanto al resto de interpretaciones, también resulta muy convincente Charles Boyer, derrochando kilos y kilos de maldad en su papel de cruel torturador psicológico y sujeto obsesionado en un objetivo concreto. Joseph Cotten, como Brian Cameron, desarrolla un correcto papel de detective de Scotland Yard, preocupado y eficiente, además de sutil y contenido, y destaca igualmente la interpretación que hace de Nancy, la criada, Angela Lansbury, en su primer papel en el cine, con diecisiete años. Consigue reflejar una personalidad interesada, dominante, que si es consciente de lo que está sucediendo tampoco le importa demasiado, coqueta, pícara y descarada cuando le dan pie, y ocurrente en sus contestaciones verbales, muy consciente de qué es lo que realmente le interesa.

El film se rodó enteramente en interiores, habiendo sido reproducidos en su totalidad en estudio, los exteriores que se exhiben . Destaca el atrezo de las habitaciones, totalmente recargadas de objetos, mobiliario y utensilios diversos y dispersos, que logran reflejar una apariencia barroca y abigarrada. También diversos elementos en concreto van cobrando su importancia en la trama, como cartas, guantes, broches o piedras preciosas. La puesta en escena en todo su conjunto está tan cuidada, que incluso en la banda sonora se recurre a la escena de locura de la ópera de Gaetano Donizetti, Lucía de Lammermoor.

La película habla de emociones, de amores ciegos, pasiones obsesivas y frágiles caracteres, condiciones del ser humano que con un guion redondo y muy elaborado, sabe plasmar cinematográficamente de una manera admirable, ese director, George Cukor, que en un principio fue considerado de calidad menor al ser valorado solo como eficaz, creyéndose que el mérito de sus películas se debía a la circunstancia de tratarse de adaptaciones de grandes obras literarias, y que nos ha terminado dejando, para nuestra fortuna, obras con una calidad indiscutible, entre las que se encuentran, por ejemplo, Historias de Filadelfia (The Philadelphia story, 1940), Doble vida (A Double Life, 1947), La costilla de Adán (Adam’s Rib, 1949), o, por supuesto, la que ha ocupado las reflexiones anteriores, la inolvidable Luz que agoniza.

Tráiler:

 

Ficha técnica:

Luz que agoniza (Gaslight),  EEUU, 1944.

Dirección: George Cukor
Guión: John Van Druten. Walter Reisch, John L. Balderston, basado en la obra de teatro Gas Light, de Patrick Hamilton
Producción: Arthur Hornblow Jr.
Fotografía: Joseph Ruttenberg
Música: Bronislau Kaper
Reparto: Charles Boyer. Ingrid Bergman. Joseph Cotten. Dame May Whitty. Angela Lansbury. Barbara Everest. Emil Rameau. Edmund Breon. Halliwell Hobbes. Tom Stevenson. Heather Thatcher. Lawrence Grossmith

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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