Críticas

Historias de yaks

Lunana: A Yak in the Classroom

Pawo Choyning Dorji. Bután, 2019.

Lunana: A yak in the classroom aficheLa opera prima de Pawo Choyning Dorji nos regala una incursión en la naturaleza por ausencia de contacto con el mundo urbano. La penetración es desde necesidades asociadas a la inconsciencia, fiel reflejo de una sociedad en alianza fraterna con la naturaleza. Plena vigencia del eco-budismo en una cultura ajena a las habituales influencias del capitalismo occidental. Un milagro en medio de la globalización. Eso es Bután.

Ugyen es un joven profesor no vocacional, sueña con irse a Australia a tocar su música. Es enviado por el Estado a impartir clases en Lunana, pequeña comunidad de 56 habitantes en el Himalaya. La peripecia incluirá un largo viaje, camino que irá cambiando la perspectiva, aunque no los deseos, de un maestro que se convertirá en esperanza, puente de acceso hacia un futuro que no necesariamente implicará “progreso” al estilo occidental.

Las valoraciones, la magia, tocar el futuro, descubrimientos que recaen en un depositario del saber científico que sabrá traducir los fenómenos, más allá de interpretaciones locales. Ingenuidad que define sentidos, lo explícito es sobrepasado. Un filme que, por momentos, denota desde referencias indirectas. Ugyen y Mitchen observan las montañas: “…No sé a qué te refieres con ese ´calentamiento global´, pero sé que las nieves y el hielo son la mítica morada del león de las nieves. Con menos nieve y hielo cada año él está perdiendo su hogar. Me preocupa que pronto el león de las nieves desaparezca para siempre de nuestro mundo”.

El papel de la educación será observado desde la paradoja de limitantes geográficas en un Estado que promueve la “felicidad” como bien supremo, a contrapelo de las concepciones mundiales sobre el desarrollo. Un trasfondo que vuelve difusa la importancia y utilidad de una educación idealizada por quienes, en la lejanía, celebran la posibilidad de participar de ella.

Lunana: A yak in the classroom fotograma

La tradición, los rituales, son bases que definen modos de ser opuestos al cambio. Tampoco se lo considera necesario, aunque la apuesta al “futuro” no es del todo clara, se define por una educación que no completa, ni contempla requisitos que, en alguna medida, podrían asociarse a modelos extranjeros de desarrollo.

Juego de contrapartidas donde la tradición encuentra tímida oposición en la figura de Ugyen como representante de, no solo la rebeldía propia de la juventud, sino también de las nuevas generaciones que se alinean en la zona urbana ante una clara disponibilidad de opciones. La educación puede lograr un resultado, mediada por un contexto cultural promotor de elecciones por fuera de la tradición.

La figura de la abuela oficia de reconocimiento a posturas conservadoras que no condicen con un presente que pretende articular la tradición con las nuevas tendencias acordes al mundo capitalista contemporáneo.

El filme se regodea en una lógica tibia donde el espectador puede quedar con cierta sensación de quiebre entre lo esperable y lo dado. Estamos ante un producto cultural propio de una sociedad que valora la consecución de la “felicidad” como medida de “desarrollo” (FNB: felicidad nacional bruta), en contrapartida al occidente capitalista y su concepción del “progreso” afincada en el crecimiento del PBI (producto bruto interno).

Lunana: A yak in the classroom plano

Ugyen irá deponiendo su molestia al contactar con todo un sistema humano de tradición inalterado, solidario, cooperativo, donde los valores aprendidos parecen inmodificables. Un contexto en el cual se pretende integrar la educación de forma idealizada y poco clara, una conquista del futuro que se ofrece lejana e ignorada, en términos de progreso moderno: se acepta y valora la educación, pero sin soltar la tradición. La identidad permanece sobrearraigada, recordamos la escena donde Ugyen invita a ir a la ciudad a Saldon, quien no acepta por tener que cumplir con sus deberes familiares. Todos en la aldea deben cumplir funciones aprendidas, no pretenden renunciar a ello, una suerte de legado en creencias echa por tierra la pretensión de una educación de cara al descubrimiento del futuro. Lo tradicional versus lo académico, no hay posibilidad de síntesis, todo se reduce a la espera por un conocimiento que no deparará el éxito en términos de capitalismo occidental.

El maestro como una especie de chamán que conoce lo que vendrá, los aldeanos colocan al niño en sus manos sin mucha idea, una especie de “curación” colectiva que prepara para algo desconocido, pero que, a su vez, termina contribuyendo al sostenimiento de un estado de cosas campesino y pastoril. Lo mitológico, lo mágico, pretenden convivir con algo que proviene del mundo civilizado, no se presume incompatibilidad en tal hecho.

La incomodidad de Ugyen termina por ceder ante el afecto, un modo de vida diferente por fin es aceptado en su valor. Otras cosas pueden ser aprendidas. La película no propone una apología del “progreso” en términos occidentales, destaca el valor de condiciones de vida precarias sostenidas por estados psicológicos de aceptación y bienestar, agradecimiento perpetuo a las condiciones de la naturaleza por la posibilidad de la existencia.

La nostalgia dará el toque final, el éxito quedará a medio camino al nutrirse del reconocimiento de lo añorado en la precariedad de una vida no necesariamente entendida como algo hostil, sino como una oportunidad por la aceptación de lo que se es. Ugyen nos representa en el proceso de comprensión de la diferencia y su valor.

Lunana: A yak in the classroom escena

Un filme natural como la vida misma, adversidades cotidianas se afrontan sin estridencias, los malhumores se van disipando mediados por el afecto promotor de conocimiento. La aldea educa al protagonista, un aprendizaje que será valorado por Ugyen, en consideración a la importancia que tiene para la vida en la montaña. El respeto y el tratamiento especial por lo sagrado, una forma de agradecer a las entidades que contribuyen al desarrollo de la vida concebido por fuera del consumismo, la valoración del contacto con la naturaleza y las personas, en tanto “vida humana real”

Un relato que suele sustituir las palabras por planos detalle que grafican con solvencia: manos que construyen, recogen o entregan objetos significativos. También múltiples planos generales resaltan la inmensidad, la naturaleza en sus desniveles, la lejanía, montañas que albergan seres en comunión. La canción es mediadora. Yak Lebi Lhadar redondea la idea de necesidad y agradecimiento por medio de desinteresadas ofrendas al universo.

Un cine vital que se desliga de lo urbano en trabajoso ascenso hacia lo diverso, una comunicación que adolece de lo tecnológico en trueque hacia una experiencia cuasi-religiosa desde la sintonía con lo trascendente. Vida ritualizada hacia la costumbre y lo sagrado; religare, unidad del ser con la naturaleza, tradición que atrapa de camino a un sentido que puede resultar reacio al espectador desacostumbrado. Una obra que sensibiliza; en la belleza de sus imágenes está el camino hacia una comprensión no convencional de la existencia.

 

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Ficha técnica:

Lunana: A Yak in the Classroom ,  Bután, 2019.

Dirección: Pawo Choyning Dorji
Duración: 110 minutos
Guion: Pawo Choyning Dorji
Producción: Dangphu Dingphu: A 3 Pigs Production
Fotografía: Jigme Tenzing
Música: Yi Chen Chiang, Duu-Chih Tu
Reparto: Sherab Dorji, Pem Zam, Gurung Ugyen, Tshering Dorji, Kelden Lhamo, Norbu Lhendup, Sonam Tashi Choden

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