Críticas

Pez en pecera nunca crece

Luzzu

Alex Camilleri. Malta, 2021.

Luzzu-cartelEmbarcados en esta travesía conocemos, a través de los ojos de Osiris, una Malta auténtica, sincera y honesta. Las cuadernas del casco soportan el peso de esta historia de tinte sociodramático. Cine independiente y local se aparta de bellos parajes y nos propone un nuevo destino: La compleja vida real.

Referencias al Neorealismo italiano y a directores como Roberto Rossellini o Vittorio de Sica modulan esta historia, convirtiéndola en un relato crudo (Roma, cittá aperta (1945)) y familiar (Ladri di Biciclete (1948)).

Alex Camilleri (Malta, 1985) es el director y guionista de este trabajo repleto de actores no profesionales. El principal protagonista encarna a un joven pescador. Yesmark Shikluna representa toda una generación. Ese fue uno de los principales retos del casting. La dedicación profesional al mundo pesquero no es muy habitual en esta franja de edad.

Durante los primeros minutos del film, sonidos más que palabras, nos invitan a la reflexión. Un trabajo manual, duro y sacrificado, refleja la pesadumbre del protagonista. Las palabras go mama caen al mar; nadie le escucha. Su rostro cansado busca respuestas. La pesca no da suficiente para que pueda ofrecer a su familia la tranquilidad económica que necesita.

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Paisajes rocosos de la costa maltesa en planos largos y abiertos se entremezclan con los primeros y primerísimos planos del protagonista. Del claro exterior al oscuro interior, la luz va modulando el ambiente. Muestra el aspecto de la ciudad sin lijar con las curvas y asperezas que imprimen carácter a toda una región. Historia, lengua y cultura de un país marcan el ritmo de sus habitantes y los quehaceres cotidianos se convierten en seña de identidad.

Bendiciones desde el agua muestran la parte documental de la película, los rostros de pescadores reales, aceptando las bendiciones sacerdotales, evocan sincera gratitud. También lo son aquellos momentos en que los pescadores se reúnen en la playa para hablar de sus problemas. La cotidianidad queda patente en cualquiera de estas escenas.

Reparar redes, lijar, calafatear y pintar el Luzzu para ponerlo a punto ofrece imágenes interesantes y auténticas pero, irremediablemente, estas llegan a su fin. El argumento nos conduce a otros destinos y, tapando los ojos al buque fondeado, representa de manera irrevocable el cese de su actividad.

Un dilema de subsistencia subyace en la historia y pone en tela de juicio los valores de unos personajes desesperados. Conservar la embarcación familiar o priorizar la salud de su hijo. Ese es el eje que vertebra todo el metraje.

Una nutrición adecuada no está al alcance de todos los bolsillos, la sanidad pública tiene sus fisuras y la familia de Yesmark y Michela no puede esperar más.

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La resistencia tiene límites. Un niño enfermo y una madre que abandona el barco ante el primer problema tampoco ayudan en nada. La importancia de la familia se hace patente y mientras él lucha por la suya, la madre recurre a sus padres para buscar soluciones rápidas y efectivas. Los añicos se perciben desde el primer momento.

La amistad con otros pescadores desvela soluciones en los líos de la lonja. Una peregrinación a pescaderías y restaurantes tampoco resuelve la venta de la captura diaria que no se pudo subastar. El pescado, sin furgón frigorífico, va perdiendo frescura y por tanto pasa de ser moneda de cambio a desperdicio en un breve lapso de tiempo. Tras la subasta infructuosa, la búsqueda de explicaciones cala hondo en sus pesares, Yesmark, parco en palabras, vaga por puertos y lonjas sin saber qué hacer con su barco ni con su vida. La película propone aquí un reto para quien quiera tomar el testigo. ¿Acaso un padre no haría cualquier cosa por sus hijos?

Su espalda acompaña a la cámara, adentrándose en un mundo turbio. La captura de especies ilegales se entremezcla entre las restricciones impuestas. La búsqueda de opciones más rentables no supone ventajas suficientes. El marcaje de las zonas donde tiran el pescado no permitido o las especies no autorizadas, suponen debates abiertos que invitan al espectador a posicionarse.

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Las ilegalidades no consiguen cerrar las junturas de su conciencia y, como Atticus Finch en Matar a un Ruiseñor (Robert Mulligan, 1962), la ética personal le impide seguir trapicheando con especies prohibidas como el pez espada o las vieiras.

Y como Spencer Tracy en Capitanes intrépidos (Victor Flemming, 1937), busca cualquier solución para recuperar a su familia y, enredado en sus propias redes, decide cambiar de rumbo.

La madera es un ser vivo con marcas generacionales. El Luzzu fue, en su familia, la única posibilidad de supervivencia durante varias generaciones. Cambiar ese hándicap es algo complejo para alguien que solo ha conocido este particular modo de vida. Las raíces siempre marcan el camino.

El ruido de las olas rompiendo en la playa abre la última escena. Un pescador aunque lo deje, siempre seguirá siéndolo.

Sentimientos y cuestiones económicas delimitan este drama existencial.  Si cambias las piezas de un bote ¿sigue siendo el mismo o quizá se convierte en otra cosa? Juzguen ustedes.

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Ficha técnica:

Luzzu ,  Malta, 2021.

Dirección: Alex Camilleri
Duración: 94 minutos
Guion: Alex Camilleri
Producción: Pellikola
Fotografía: Léo Lefèvre
Música: Jon Natchez
Reparto: Jesmark Scicluna, Michela Farrugia, David Scicluna Giusti, Frida Cauchi, Uday McLean, Stephen Buhagiar

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