Críticas

Al final siempre es más de lo mismo

Looper

Rian Johnson. EUA, 2012.

Cartel de la película LooperPresente, pasado y futuro, ¡menudo lío! Uno tiene que sentarse en su butaca, despejar la mente y prepararse para poder entender las posibles consecuencias de los viajes en el tiempo, y más si  queremos creer que Joseph Gordon-Levitt en realidad es Bruce Willis.

Rian Johnson, que tuvo sus cinco minutos de gloria en 2005 con su película Brick, al ganar el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance, ha querido dar una vuelta de tuerca trabajando el fascinante género cinematográfico de la ciencia ficción para añadirle un toque picante de cine negro.

Como muchos otros compañeros de la profesión, Johnson nos muestra en su película un futuro donde todo será tan negro como el mítico y conocido carbón de los Reyes Magos, mostrándonos una sociedad que vive rodeada de soledad, miseria, lucha, supervivencia, diferencias sociales abismales, drogas, sexo y todo esto sin una pizca del chispeante viejo rock and roll del siglo XX.

No estamos ante la crème de la crème de este género, en realidad estamos ante una película que nos enseña más de lo mismo, disfrazada de viajes en el tiempo y la no tan singular idea de matarse a uno mismo con un disparo certero en un trigal. A pesar de su escasa originalidad, si se rasca bien, sin dañar las imágenes, ¡no hay que pasarse!, y nos concentramos para poder obviar algún que otro movimiento de cámara que intenta simular el tremendo colocón de una futurista droga ocular, uno podrá apreciar el pequeño encanto que encierra la historia: una madre que haría cualquier cosa por proteger y salvar a su extraño hijo, un niño que haría cualquier cosa por controlar su pequeño secreto, un hombre que haría cualquier cosa por volver a tener cerca al amor de su vida y un joven que haría cualquier cosa por escapar de la vida que tiene. Son todos estos sentimientos los que hacen que la historia de Rian Johnson no acabe hundida en el más absoluto olvido.

Bruce Willis en LooperMuchas veces, cuando uno está viendo una película acaba pensando que lo que está observando le recuerda muchísimo a otro film. Una determinada imagen, un actor, una frase o una pelea consiguen trasladarte rápidamente a otro escenario. Pues bien, en esta ocasión, sentada en la oscuridad de la minúscula sala ¿presagio de una muerte anunciada?, me vi pensando en la extraña y mítica Doce monos (Twelve Monkeys, Terry Gilliam, 1995). Sólo faltaba que en cualquier momento Emily Blunt cambiara radicalmente de aspecto para terminar convirtiéndose en Madeleine Stowe. En ese mismo momento, cuando estaba esperando deseosa el radical cambio físico de la actriz, fue cuando empecé a perderme en un sin fin de pensamientos hasta olvidarme de la historia de Joe para acabar preguntándome ¿qué habrá sido de Stowe después de hacer una película de gangsters con Stallone?, ¿a quién se le ocurriría hacer una película de gangsters con el  mítico Rambo?, ¿no hizo antes otra película de mafiosos? Todas estas preguntas, que podrían haber acabado repasando toda la filmografía de Sylvester Stallone, son el gran problema de esta película. Además, si añadimos que la historia es demasiado larga y un tanto enrevesada, será complicado que la gente mantenga la atención durante toda su proyección.

Fotograma de la película LooperY costará aún más si hay que estar intentando durante las dos horas y pico que dura la película que la caracterización Joseph Gordon-Levitt, intentando parecerse a Bruce Willis, no sea el centro de atención. ¡Qué nariz!, ¡qué boca!, ¡socorro! El protagonista, más que el mítico actor de El sexto sentido (The Sixth Sense, M. Night Shyamalan, 1999), parece un muñeco de cera.

Y sin más preámbulos y florituras, presento las dos ideas que más me han llamado la atención de la película. La primera, a mi derecha del ring, venida de Los Ángeles (California), con un peso pluma de 60 kilos, la trama y la subtrama. Y la segunda, a mi izquierda del ring, venida de Miami (Florida), el uso de la luz y las sombras.

A pesar de que el guión no es muy original y carece de buen ritmo, la presentación del motor de la historia –la misteriosa y complicada relación de Emily Blunt con su hijo- logra llamar la atención, ya que va consiguiendo que uno empiece a hacerse preguntas sobre un niño que parece que esconde algo, sobre una extraña caja fuerte, sobre la soledad de esa granja tan lejos de todo y de todos. Poco a poco, esta historia va cogiendo fuerza y consigue hacerse con todo el poder fílmico, dejando la historia de los loopers y de Joe en un segundo plano, ya que sólo interesa que el protagonista ahonde en el secreto que esa pequeña familia intenta esconder. Como consecuencia de esto, vemos un uso de las luces y las sombras para intentar explicar el bien y el mal, el amor y el odio, el futuro y el presente. Dos claros ejemplos de este uso de la iluminación son los planos en los que aparecen Bruce Willis y Emily Blunt. En el caso del primero, las sombras son un medio para que uno interprete que este personaje no va por buen camino y que todo acto terrible tiene un estremecedor final. En cambio, en el caso de la segunda, las luces nos permiten ver que los sacrificados y bondadosos actos de este personaje, acabarán por ser premiados, de una u otra manera.

Looper, la películaAsí que sólo me queda decir que Looper y toda su sangre, trabucos, corbatas, plata, campos de trigo, viajes y algún que otro típico diner americano son una opción más para ver otra película del incombustible Bruce Willis, mientras llega el momento de poder ver la quinta entrega de Jungla de cristal (A Good Day to Die Hard – Die Hard 5, John Moore) y poder escuchar: “¡Yipee Ki-Yay, hijos de puta!”.

Tráiler:

Ficha técnica:

Looper ,  EUA, 2012.

Dirección: Rian Johnson
Guion: Rian Johnson
Producción: Sony, TriStar Pictures, MGM Entertainment, Endgame Entertaiment, FilmDistrict
Fotografía: Steve Yedlin
Música: Nathan Johnson
Reparto: Bruce Willis, Joseph Gordon-Levitt, Emily Blunt, Jeff Daniels, Piper Perabo

3 opiniones en “Looper”

  1. Menudo asco de critica…. minutos perdidos que no volveran.

    Lo peor es que da la impresion que se cree que escribe bien o es aguda.

    De pena ajena.

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