Críticas

Una cuestión de clase

Las chicas de la sexta planta

Otros títulos: Las mujeres del sexto piso.

Les Femmes du 6eme Etage. Philippe Le Guay. Francia, 2011.

LAS MUJERES DEL SEXTO PISOComedia del director Philipe Le Guay, cuya principal característica es que elude el conflicto o lo minimiza y da lugar a una historia cuya principal virtud es ser simpática, pero cuyo mayor defecto es ser superficial y ofrecer una mínima dosis de crítica social ante un tema que lo merecía: el de las clases sociales y la inmigración.

 Utilizando los elementos de la comedia clásica francesa: situaciones jocosas, personajes estereotipados, contrapuntos en el desarrollo, una tremenda desdramatización, etc., la película de Le Guay, quien también escribe el guión, narra el encuentro de dos polos opuestos no solo en lo social y económico, sino también en lo cultural; lamentablemente todo queda en un clisé, presentando las contradictorias culturas en sus extremos, por un lado los franceses, flemáticos, rígidos y acartonados, prisioneros de sus propios convencionalismos, y por el otro, las mujeres españolas, salerosas, amenas, gritonas, prisioneras sociales en un país ajeno que, a pesar de lo inusual de su posición, parecen o deben aparentar ser  felices.

Comedia del director Philipe Le GuayJean Louis Joubert, analista financiero acostumbrado al yugo femenino, primero el de su madre y al morir ésta, el de su mujer, es un hombre maduro que no conoce la libertad. Está convencionalmente casado con una agridulce mujer provinciana que, además de insegura (profundamente infeliz en sus intentos de adaptarse a los altos estratos sociales parisinos), es el prototipo de la mujer de clase alta: fría, distante, interesada en la moda y las actividades sociales y cuyos vínculos afectuosos son únicamente sus explosivas expresiones sexuales. El matrimonio habita un viejo edificio propio de la clase burguesa del París de inicios de los sesenta, cuyo ático (el sexto piso del título) está habitado por la servidumbre, en este caso, mujeres españolas que han buscado el exilio en Francia, huyendo de las atrocidades del franquismo, y cuyo único horizonte es servir de domésticas a la pudiente clase francesa. El conflicto se presenta cuando irrumpe en la vida del convencional matrimonio una nueva mucama: María, una española caracterizada por su sensualidad y particular jovialidad, quien trastocará la aparentemente vida calma de la aburrida pareja.

la comedia clásica francesaParís, 1962, época previa a la explosión de la revolución sexual y a los cambios del Mayo Francés de 1968; tiempo de rígidos patrones clasistas, que aparentemente vuelven la vida rutinaria y monótona, costumbres expresadas por medio de códigos y protocolos que definen y diferencian al propietario del proletario, representación de diferencias sociales que resultan atrozmente ridículas, como la insistencia del protagonista de tomar en el desayuno un huevo tibio, exactamente de tres y medio minutos, como condición exigible para tener un buen día o el absurdo retrato de las actividades de las mujeres, mientras que las francesas pecan de perezosas y superficiales, las españolas encuentran en el trabajo doméstico su realización, constituyen el contexto de Las chicas de la sexta planta.

Planteada como un contrapunto, entre dos universos, por un lado las mujeres españolas, ruidosas, extravagantes, de espíritu alegre, cuya principal motivación se encuentra en sus costumbres culinarias y en el canto y el baile, se oponen fuertemente al frío retrato de la burguesía francesa, atrapada en un cúmulo de convencionalismos, que vive restricciones impuestas, igual que las proletarias mujeres españolas.

clases sociales y la inmigraciónEl relato del film tiene ritmo y evita caer en sentimentalismos, pero al dejar totalmente de lado el contexto social y económico e insertarse únicamente en el anecdótico romance, termina siendo banal y trivial. De tan amable, la narrativa llega a ser profundamente conservadora, los pequeños toques dramáticos que se le pueden atribuir se diluyen y se pierden en la desbordante alegría de la comedia, resultando en ocasiones ingenua en exceso.

El retrato de la época está perfectamente sostenido por una excepcional dirección de arte, los colores de los escenarios, los decorados y el vestuario contribuyen enormemente a dibujar una atmósfera que ya no existe, pero que refleja perfectamente el espíritu de la época. La paleta cromática en la iluminación recuerda con especial énfasis el technicolor característico del cine norteamericano de los años cincuenta; particularmente las entonces llamadas “películas de mujeres” de Douglas Sirk, hoy enormemente revalorizadas.

Las interpretaciones de las españolas Carmen Maura y Lola Dueñas, además de la argentina Natalia Verbeke, como las criadas españolas, contrastan con su excesivo joie de vivre con la pareja de actores franceses Fabrice Luchini y Sandrine Kinberlain como el avinagrado matrimonio. La historia no exenta de estereotipos, clisés y pintorequismos busca explotar la frescura de las figuras españolas, dando lugar a roles poco desarrollados. La idealización de los personajes es el recurso que sirve de vehículo perfecto para desdramatizar completamente una historia oscura, la del exilio obligado.

Por momentos, el talento de las actrices españolas se siente desperdiciado en aras de una historia que da la impresión de no querer llegar a ninguna parte, el enorme potencial interpretativo de Maura, Dueñas y Verbeke, por ejemplo se ve excesivamente limitado con diálogos breves e insustanciales que no permiten su lucimiento, frente a las logradas interpretaciones de Fabrice Luchini y de Sandrine Kiberlain, cuyos caracteres en ningún momento se perciben como desdibujados.

Ficha técnica:

Las chicas de la sexta planta  / Las mujeres del sexto piso (Les Femmes du 6eme Etage),  Francia, 2011.

Dirección: Philippe Le Guay
Guion: Jérôme Tonnerre, Philippe Le Guay
Fotografía: Jean-Claude Larrieu
Música: Jorge Arriagada
Reparto: Fabrice Luchini, Sandrine Kiberlain, Carmen Maura, Natalia Verbeke y Lola Dueñas.

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