Críticas

Amores reprimidos

Ander

Roberto Castón. España, 2009.

Ópera prima del cineasta vasco Roberto Castón, quien también escribió el guión, Ander resulta toda una sorpresa por muchas razones, entre ellas la sutilidad de su lenguaje cinematográfico y el paradigma que se atreve a plantear en contextos sumamente tradicionales.

Dividida en tres partes que se identifican con el nombre de los principales personajes, el capítulo 1, Ander (Josean Bengoetxea), sirve de introducción, no sólo para contextualizar el medio en el que se desenvuelve y las relaciones que mantiene con su familia integrada por la madre y la hermana, sino también para personificarlo. Ander: hombre de campo, maduro, soltero de más de cuarenta años, cuya vida esta dividida entre su trabajo como obrero, sus labores agrícolas en el caserón que habita, sus esporádicas visitas a la Reme, la puta del pueblo y sus borracheras semanales con los amigos locales.

La segunda parte, Ander y José, incorpora la presencia de un inmigrante peruano llamado José, (Christian Esquivel),quien ha sido contratado para ayudar en las labores del campo, debido a que Ander, accidentalmente, se ha roto una pierna y se encuentra incapaz de llevarlas a cabo; esta parte, más larga que la anterior, sirve a manera de desarrollo del guion y plantea el clímax; de modo que la tercera parte, (la más breve), Ander, José y Reme (Mamen Rivera) funciona como epílogo a la inquietante historia.

El director maneja una serie de elementos que ubican al film en el realismo social de forma muy natural, suprime la música, sitúa la narración en el medio rural e imprime un ritmo lento a las escenas, lo que le permite incorporar el paisaje y el correr del tiempo, como un reflejo de la forma de vida que viven los personajes al privilegiar situaciones rutinarias: levantarse, bañarse, los desayunos en las frías madrugadas, cuando aun no hay luz diurna, las horas del almuerzo…; el hecho de que la película esté hablada en dos lenguas, el euskera y el español, añade credibilidad a la narración. Otro acierto importante es que no recurre a estereotipos ni a códigos propios del homoerotismo, los personajes principales pueden pasar por los más viriles y masculinos de su entorno, esto hace el relato menos predecible.

Se trata de un film inusual, no por el tema que desarrolla, la homosexualidad, sino porque la ubica en un contexto campesino, universo que se caracteriza por ser ideológicamente muy cerrado y reacio al cambio, además de que se restringe a espacios pequeños en donde la condición sexual no sólo es algo de conocimiento público, sino que se evita hablar de ello, a pesar de que estas manifestaciones existen, aunque aparezcan  veladas y difusas, producto de “momentos inadmisibles”, como corresponde al comportamiento típico  de la masculinidad hegemónica. El cuestionamiento que se hace a las formas de expresión tenidas como masculinas, aquellas que reprimen comportamientos que se consideran propios de las mujeres, como llorar o manifestar debilidad, deja en entredicho todas estas formas de manifestar culturalmente la hombría.

El contexto rural, lejos de ser una limitante, se aprovecha para mostrar otros aspectos, relacionados con el machismo, que son transversales a la historia, rasgos que indirectamente influyen en la narración, como la figura de la madre viuda que cede al hijo cuarentón la cabecera en la mesa, como jefe de familia, pero que sigue controlando y dominando su vida. Aquí hay que destacar el trabajo de Pilar Rodríguez, en el papel de la madre, que en más de una escena, sin mediar palabra, dado que se niega a hablar español para evitar el contacto con el ajeno, manifiesta fuertes actitudes de rechazo al desconocido, no sólo porque se trata de un intruso al que hay que sentar a la mesa, sino porque intuye lo que representa.

A diferencia de otras historias sobre la homosexualidad, aquí no se dan abiertamente los elementos de la atracción y no se manejan los códigos tradicionales de seducción, por lo que el encuentro sexual de los dos hombres se da de la única manera posible, bajo las desinhibiciones propiciadas por el alcohol y con el peso de la culpa correspondiente. Dicha escena, aparte de sorpresiva, es manejada con sobriedad y con una objetividad apabullante, desprovista de ese halo de magia que el cine acostumbra a poner en este tipo de tomas; aquí el encuentro es instintivo, directo, sin falsos preámbulos, desprovisto de elementos románticos y, sobre todo, inesperado, pero no por ello menos intenso ni apasionado, y lo más importante: es creíble.

El elemento homosexual está inmerso a lo largo de la cinta, sin que los personajes tomen conciencia plena de ello; no es extraño que Ander sea consciente de su homosexualidad reprimida, algo muy frecuente en la realidad, puesto que las expresiones de la homosexualidad potencial pueden leerse en varios momentos de la película, por ejemplo, en las relaciones de masculinidad que se desarrollan entre los hombres, la amistad de Ander con Peio (Pako Revuelta),el hecho de que Ander invite a José a irse de copas, compartiendo sexualmente la misma mujer, el sentimiento de desplazo que expresa el mismo Peio al sentirse excluido de la relación tripartita, la constante violencia sexual hacia la mujer, la percepción y la apertura de la Reme,la prostituta, quien inmediatamente percibe la posibilidad de la relación entre los dos hombres, etc.,hablan de una homosexualidad latente; por otro lado, los desnudos, tanto masculinos como femeninos, y las escenas sexuales respetan las características físicas de la gente madura, y el realizador los muestra sin empacho, como son, sin disimulos, ni haciendo tomas que busquen privilegiar la estética publicitaria de cuerpos perfectos.

El epílogo plantea, en forma sutil y abierta, que sea el espectador quien interprete la ambigüedad de la situación, lo importante no es como va a ser la vida de los personajes de ahí en adelante, sino que en la vida el cambio siempre es una posibilidad, la percepción de que la hegemonía no es la única manera de vivir y que las modificaciones sociales que se viven no representan en modo alguno un riesgo o una amenaza para la sociedad; el derecho de cada quien a ser él mismo y a ser feliz se hace patente en el final de la película.

A lo largo de la cinta los personajes no sólo se revelan tal cual son, sino también se transforman y se reconocen, la sutileza con la que se abordan estas transiciones son un fuerte contrapunto con la intensidad dramática desarrollada. Todas las formas del amor, no exentas de violencia, están retratadas de una forma sensible.

Este es el primer largometraje del cineasta vasco. Sus trabajos previos en cortometraje: La pasión según un ateo, Ilusión óptica, Maricón y Los requisitos de Naty pueden ser vistos en la red.

Con presencia únicamente en festivales internacionales y circuitos universitarios, Ander ha encontrado su camino para darse a conocer, participando en la sección Panorama de la 59ª Edición de la Berlinale y en el Zinegoak (Festival Internacional de Cine GLT de Bilbao en su edición de 2009).

Tráiler:

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Ficha técnica:

Ander ,  España, 2009.

Dirección: Roberto Castón
Guion: Roberto Castón
Producción: Berdindu/ETB
Fotografía: Enrique López
Reparto: Joxean Bengoetxea, Christian Esquivel, Pako Revuelta, Mamen Rivera, Pilar Rodríguez, Leire Ucha

Una respuesta a «Ander»

  1. No siempre podemos ver una película que se aleje de los estereotipos preestablecidos y sin embargo conserve la esencia de la verdad, sin buscar artilugios para dignificar, potenciar o ultrajar, un tema tan real, como manido en el cine de la actualidad, la homosexualidad. Dicho así, al parecer, suena algo irritante o homofóbico, pero lo cierto es que los esquemas en los que la doble moral nos ha forzado a convivir en colectivo, como medida social preestablecida, ha creado los patrones del cliché y la etiqueta, y cuando de homosexualidad se trata, se recurre a un estereotipo unas veces simpática y redundante otras melodramáticamente lacerante e indignante y todo, por el temor, en mi opinión personal, a apreciar la autenticidad de la diversidad. Ander es de esas películas que respetan esa autenticidad ante la belleza de la diversidad humana, con el respeto y dignidad que todos nos merecemos. Gracias a todos los que hicieron posible esta sencilla y bella película que cuestiona en dos frases el temor universal, independientemente de su orientación sexual, a amar y ser amado. Ander se da cuenta que su reloj ha vuelto a funcionar y exclama. Ander: Y funciona… José: Y porque no ha de funcionar.

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