Críticas

Un sacrificio hacia la esperanza

Las golondrinas de Kabul

Les hirondelles de Kaboul . Zabou Breitman, Eléa Gobbé-Mévellec. Francia, 2019.

Afiche Las golondrina de KabulDrama animado que entreteje la vulnerabilidad de una población adoctrinada en la naturalidad de la violencia, en oposición al rescate como respuesta a un llamado interior a tiempo límite.

La acción transcurre en Kabul con los talibanes y su régimen de terror, más preocupado por el control moral  que por la reconstrucción de la nación.

Mohsen y Zunaira son una pareja de profesores rebeldes que manifiesta su unidad en el descontento ante las normas limitantes. La muerte de  uno de ellos promoverá un desenlace solo previsto por la sagacidad de un atento espectador.

Si algo trasmite el filme es una gran tristeza y depresión que nos lleva rápidamente a empatizar con los personajes centrales: Mohsen, Zunaira, Atiq y Mussarat.

Las construcciones derruidas, inmersas en paisajes desolados, presentadas en planos generales con amplia profundidad de campo, donde destaca la ausencia de seres humanos y la presencia de  tecnología obsoleta, nos introducen en una extendida precariedad que fácilmente podemos asociar con el desastre material y la degradación moral.

La música de Alexis Rault refuerza los contenidos: es intermitente y delicada, permite una sutil asociación con la tristeza derivada de una precariedad que, en última instancia, remite a lo humano, a la prisión de los sentimientos por la costumbre. El sistema propone una pose, apelando al castigo como argumento primordial.

La poesía se juega a partir de los componentes del paisaje y la presencia del suave vuelo de las golondrinas como expresión de dos conceptos fundamentales: la esperanza y la libertad.

La acción final de Atiq es posibilidad de cambio: desde el interior del aparato estatal, apela al despertar de la sensibilidad humana como respuesta de una naturaleza en rebelión;  pura reacción en  rápido proceso, donde la gratitud por la asistencia recibida se une fuertemente a la muerte como desenlace inevitable de una enfermedad terminal. El “cancerbero”, finalmente, logra expresar su conflicto en una resolución que, si bien juega en contra de su instinto de conservación, es un ejemplo de altruismo lanzado hacia el futuro. Es el triunfo del ideal frente a la preservación personal.

Fotograma Las golondrinas de Kabul

Uno de los planteos centrales del filme es la apuesta al cambio, ligada a la educación y su aprovechamiento por las nuevas generaciones. Para que esto suceda debe haber algún grado de rebelión que opere desde el ejemplo y desde la trasmisión de conocimiento verdadero; por eso la presencia de la escuela clandestina. Zunaira, tras salvar su vida, la ofrendará a la noble causa de cara a una transformación futura.

Atiq es el eje del filme, la pieza clave del guion. Mediante un proceso silencioso va tomando contacto con una ética “revolucionaria”; va a poner en riesgo su vida. La enfermedad de su esposa lo hace reflexionar sin darse cuenta. Intenta negar sus sentimientos, pero finalmente lo desbordan y logra contactar con su real necesidad personal: cambia su concepto de justicia y se olvida del peligro.

La enseñanza nos posiciona del lado del altruismo y la solidaridad como fundamento de la transformación social: el ejercicio de la libertad de ser en términos de afectación de la propia seguridad. Se altera la lógica de cualquier razonamiento desde la evaluación costo-beneficio: el riesgo se corre por el futuro y por los demás, quizá, hasta por los que aun no han nacido.

Les hirondelles de Kaboul

El mensaje es esperanzador, no apuesta a una revolución armada, sino a la acción individual promotora de conciencia. Es una batalla pacífica que no apuesta a seguir destruyendo la “ciudad” y la vida mediante las armas.

El filme no desarrolla este punto, lo prepara y deja en claro que no es posible sin sacrificios humanos individuales, personas que, a pesar del temor, estén dispuestas a arriesgar su vida en pos de una transformación moral. Es una apuesta al futuro incierto, parece ser el único camino de salida.

Las habitaciones precarias, las puertas, lo que sucede en algunos espacios cerrados es la contraposición del tránsito por las calles, donde los sujetos acatan la ley y no se expresan; mientras en interiores se dan discusiones y conversaciones transgresoras que representan el mundo interno de las personas. Todo aquello que ni siquiera debería ser pensado configura allí su existencia.

Atiq ejemplifica claramente este punto: se ve preocupado y patea la puerta de la habitación en la que se encuentra, esta se cierra violentamente para evitar que sus compañeras carceleras lo vean desde afuera; debe guardar la compostura para evitar cualquier tipo de sospecha acerca de una posible disidencia. Una actitud no prevista dentro de los códigos de sumisión al sistema puede ser entendida como  incubación de un intento de rebelión. Debe cerrar su mundo interno a cualquier posible interpretación que pueda provenir desde el exterior.

Considerando lo estético, debemos decir que el dibujo hace abstracción de los detalles, tanto en el paisaje como en las diferentes zonas corporales de los personajes. Todo está muy esbozado, salvo los rostros.

La historia también es un esquema, en tanto no muestra el cómo preciso de la solución, lo desplaza un poco entre líneas y otro poco explícitamente, pero no lo desarrolla, solo lo presenta: la educación es el punto clave.

Les hirondelles de Kaboul Crítica

Los colores difuminados en asociación a la ausencia de detalles nos dan como resultado una atmósfera difusa en cuanto a matices. Es una estética radical que nos advierte acerca de una moral fuertemente dicotómica, en donde los puntos intermedios son inexistentes: el régimen talibán traza una clara línea divisoria entre lo permitido y lo prohibido, sin posibilidades de transigencia a estados intermedios que maticen las posibilidades de comportamiento.

El rigor se hace presente mediante un control que apela a la presencia de fusiles y pequeños látigos en posesión de los guardianes del  talibán, esparcidos en todos los ámbitos posibles.

El drama se va esparciendo paulatinamente desde el interior de Atiq hacia la situación de injusticia carcelaria que atañe directamente a su rol social. Es moralmente responsable como también lo es frente a su esposa, quien supo cuidarlo en sus tiempos de herido en combate. Así se desplaza el conflicto que, a su vez, se va traduciendo en una gradual toma de conciencia que lo lleva finalmente a jugarse por una causa justa.

El filme vale la pena, a pesar de su simplicidad y hasta previsibilidad en el desenlace. Opera como un planteo que no desarrolla los medios; un esbozo congruente que apela a una forma expresiva alineada en función de los objetivos: paisajes y figuras humanas con detalles poco definidos, soluciones a medio camino por falta de desarrollo ideológico (educación como salida), personajes que apelan a un humanismo básicamente planteado, aunque no menos eficaz por esto.

Resumiendo, podríamos decir que la virtud del producto se deriva de una extraña habilidad para establecer precisión desde la falta de detalle, es decir, una expresión que, desde la simpleza, no peca de superficialidad. Nos queda clara la postura de los personajes, aunque no se profundice en ella; lo básico de su presentación es fiel reflejo de la precariedad del contexto en el que sobreviven.

Ficha técnica:

Las golondrinas de Kabul (Les hirondelles de Kaboul ),  Francia, 2019.

Dirección: Zabou Breitman, Eléa Gobbé-Mévellec
Duración: 80 min. minutos
Guion: Zabou Breitman, Patricia Mortagne, Sébastien Tavel (Libro: Yasmina Khadra)
Producción: arte France Cinéma, Les Armateurs
Fotografía: Animación
Música: Alexis Rault
Reparto: Animación

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