Cortometrajes

Empoderamiento

La voz humana

Otros títulos: The Human Voice.

Pedro Almodóvar. España, 2020.

LavozhumanaCartelJean Cocteau (1889-1963) fue un poeta, un novelista, un dramaturgo, un pintor, crítico literario, diseñador, ensayista y cineasta francés. La voz humana es un monodrama escrito en 1930 para Édith Piaf. La cantante jamás se atrevió a interpretarlo. Cocteau fue un artista que bebió para inspirarse en todos los movimientos de vanguardia de su época. La voix humaine, compuesta de un largo monólogo, se estrenó en la Comédie Française de París en 1932. Posteriormente, concretamente en 1958, se transformó en una ópera por Francis Poulenc y también fue llevada al cine en varias ocasiones. Entre dichas versiones, se encuentra la de Roberto Rossellini, interpretada por Anna Magnani y denominada El amor (L’amore/Ways of Love, 1948). En realidad, este último filme  cuenta dos historias diferentes, ambas protagonizadas por la actriz. La primera es precisamente la que está basada en la obra de Cocteau, con una duración de 35 minutos. La segunda desarrolla una historia de Federico Fellini denominada El milagro (Il miracolo). No existe conexión alguna entre las dos partes salvo la excelente interpretación de Anna Magnani.

El texto de Cocteau ya había tenido influencia e inspirado diversos episodios en la filmografía de Pedro Almodóvar. Podemos citar su peso en La ley del deseo, en una intervención de Carmen Maura como Tina con hacha en mano, tras recitar un fragmento del monólogo del autor francés por teléfono. También en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), igualmente con Carmen Maura esperando una llamada que nunca llega y donde el fuego toma asimismo protagonismo al arder accidentalmente una cama. Precisamente, la apabullante intervención de la actriz en La ley del deseo impulsó a Almodóvar a adaptar La voz humana para el cine con ella. El resultado fue Mujeres al borde de un ataque de nervios. Una contemplación de la ausencia como “un espejo negro y cristalino que solo refleja la angustia del que mira”, en palabras del propio realizador. Incluso con su último o penúltimo largometraje, con Dolor y gloria (2019), el mismo director manchego ha reconocido la influencia del texto de Cocteau en el fragmento La adicción, escrito años atrás como un capítulo de Memorias de la Movida, para ser interpretado en un microteatro por una fémina. Mujer abandonada, fuego y hacha, tres vértices que sostienen esta propuesta del realizador español.

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Por primera vez, Pedro Almodóvar se adentra con este cortometraje o mediometraje, como prefieran (el filme dura 30 minutos), con una obra rodada en inglés. La actriz protagonista elegida ha sido la británica Tilda Swinton, profesional que el director admiraba desde que la vio en Orlando de Sally Potter (1992). Encarna a una mujer que acaba de ser abandonada por su pareja tras cuatro años de convivencia. Una interpretación repleta de matices y de personalidad. Mientras se hunde en su dolor y en su soledad, espera con angustia la llamada, la última llamada de su amante, la de despedida. Entre otras vicisitudes, si es que las hay, deben gestionar la recogida de pertenencias. Swinton nos regala una interpretación que va trascendiendo etapas: desde el desgarro, pasando por la ira y creciéndose en su verdadero valor como mujer independiente. Una actuación que sabe contenerse en un melodrama en el que van sacudiéndose capas hasta alcanzar conciencia de la valía de una misma. 

Desde el primer instante, nos adentramos en  un universo reconocible: el particular de Pedro Almodóvar. Como nos tiene acostumbrados, en La voz humana la puesta en escena se cuida al mínimo detalle. La estética es la suya, con sus colores, sus rojos; y los objetos se encuentran cuidadosamente escogidos: mobiliario, cuadros como Venus y Cupido de Artemisia Gentileschi, de claras similitudes con la evolución de sentimientos del cortometraje; también libros. Sobre estos últimos, no faltan obras de Lucia Berlin, Truman Capote o Alice Munro. Y si hablamos de películas, nos detenemos en largometrajes de Paul Tomas Anderson o Douglas Sirk. El cortometraje se desarrolla en interiores y se inicia desde un recinto a modo de estudio cinematográfico. Pronto pasaremos y recorreremos un apartamento y su apretada terraza rebosante de flora. También cuenta la obra con planos cenitales en los que nos deleitamos con el cuadro completo comprimido, entre paredes a techo abierto. Casi nos atreveríamos a decir a la manera de Dogville de Lars von Trier (2003), salvando las distancias que otorga la opulencia frente a la desnudez más absoluta. Porque hay que tener en cuenta la fecha en que Cocteau escribió su obra y en 1930 poseer un aparato telefónico era evidente síntoma de solvencia económica.

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La película únicamente tiene una protagonista. Tanto la de Almodóvar como la de Rossellini. No obstante, el primero se toma la licencia en una de las primeras escenas de trasladarse a una ferretería con parentela incluida. Bueno, tampoco hay que olvidarse del perro en ninguna de las dos obras. Ya saben que estas mascotas son tremendamente sensibles a las tristezas y desgracias de los humanos que les cuidan. Y también lo será en ambos filmes, en el del italiano y en el del manchego. Pero la película de Almodóvar es Tilda Swinton, al igual que Anna Magnani es la de Rossellini. Dos excelentes interpretaciones, pero los años pasan. Si la italiana encarna a una mujer despechada, inconsolable, histérica y sin posibles salidas, la inglesa da varias vueltas de tuerca a esa caracterización. Así, tampoco nos ahorramos el dolor, la desesperación, la soledad o el ahogo. Pero ahora sí, los años han pasado y Swinton se desarrolla como una mujer contemporánea. 

Hablábamos de mujeres contemporáneas. Para las féminas, la necesidad de cobijarse a la sombra de los varones se ha desmoronado en muchos casos y las posibilidades de empezar de nuevo se han multiplicado. De la desesperación total pasamos a un mal de amores y de ahí, a su superación con arrojo y valentía. La mujer desesperada ya ha alcanzado independencia económica, tiene estudios, profesión propia y cuenta con recursos para intentar salir adelante. En definitiva, se ha llenado de fortaleza y es capaz, en la desesperación, de mantener el orgullo y elaborar un plan de futuro. 

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Dicen que la venganza se sirve fría pero, si además, deja una puerta abierta por la que poder respirar aire puro, el drama se transforma en fuerza para explorar nuevos caminos. Aunque todo hay que decirlo y para dar viveza, ritmo y variedad al filme, Almodóvar ha contado con un recurso con el que Rossellini no pudo ni sospechar. Nos referimos al móvil, frente al teléfono fijo de antaño. El “aparatito” que consume en la actualidad nuestras existencias entre llamadas, grupos de amigos, fotos y demás sandeces, da mucho juego al realizador español para que, recurriendo a auriculares inalámbricos, consiga que su diva se mueva con libertad por todas las estancias, con los recursos expresivos que ello añade. Y ya puestos, en 30 minutos la vemos con cuatro vestimentas diferentes. No esperábamos menos de Almodóvar.

En conclusión, estamos ante un cortometraje en el que la personalidad y la maestría del autor español brillan con fuerza. Nos brinda una puesta en escena en la que todos sus artilugios fílmicos y toda su sofisticación derivan en una contención sobre la que el desquite termina imponiéndose de forma deslumbrante. Otra vez, otra vez más, Pedro Almodóvar ha conseguido cautivarnos.  

Tráiler:

Ficha técnica:

La voz humana  / The Human Voice ,  España, 2020.

Dirección: Pedro Almodóvar
Duración: 30 minutos
Guion: Pedro Almodóvar. Teatro: Jean Cocteau
Producción: Coproducción España-Estados Unidos; El Deseo, Filmnation Entertainment
Fotografía: José Luis Alcaine
Música: Alberto Iglesias
Reparto: Tilda Swinton

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