Críticas

Tristeza en tránsito

La novia del desierto

Cecilia Atán, Valeria Pivato. Argentina, 2017.

LanoviadeldesiertoCartelEstamos ante una extraordinaria película argentina, destacable por  su gran naturalidad, conseguida con humildad de medios. Es difícil concebir una obra cinematográfica plena, que emociona y atrapa, con los sencillos recursos utilizados por sus directoras, Valeria Pivato y Cecilia Atán, en su ópera prima. Nos enfrentamos ante un filme configurado en formato de carretera, al que se le han incrustado ciertas analipsis. Estas últimas sirven, impecablemente, para colocar al espectador en la situación vital presente en la que se encuentra la protagonista, Teresa. Y también, para descubrir su pasado, incluso algunas confesiones liberadas “cubata en mano”. Con ello, en los apenas 77 minutos que dura el largometraje, tenemos suficiente para comprender a nuestra heroína, su pasado, presente y previsible futuro. Si tienen la fortuna de ver la obra, se introducirán en un viaje físico de Buenos Aires a San Juan y en otro viaje, en esta ocasión interior, profundamente conmovedor, de la mujer que prácticamente soporta todo el peso y el mérito del filme, de Teresa. 

Un olvido involuntario, producto de un guion a la altura de la obra, nos sumerge en un universo de sensaciones, temores, inseguridades y pérdidas, que de no ser por el incidente, jamás se hubiera atrevido a recorrer esa mujer que transita a la deriva, impuesta e inesperada. Frente a una película de pocas palabras, escasos movimientos de cámara y apenas más de dos personajes, se transmite una esencia profunda envuelta en áridos paisajes. Teresa está magníficamente interpretada por Paulina García, una fémina de nacionalidad chilena, que logra mimetizarse en su actuación con la mismísima parsimonia, la calma, una actitud que sobresale por su resignación. Y la vuelca con una expresión corporal tan acertada que hasta logra conseguir que, a menos que profundicemos en su intervención, nos quedemos con una sensación de inexpresividad en la actuación. No hay quejas, exabruptos y ni siquiera lucha contra el destino. Teresa, una mujer en la madurez, que ha dedicado toda su vida a trabajar para otros como empleada doméstica, y que siempre creyó, erróneamente, que esos otros no eran tales, sino seres que consideraba de su propia familia. Pues no. Esas vidas ajenas no eran las propias, como se figuraba sin asomo de duda. La vida golpea en donde más duele, y ya no le quedan más recursos ni expectativas que  seguir respirando, comiendo, durmiendo y transitando por ese calvario del que no ha recibido nada, a pesar de su incondicional entrega. 

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Ya que hablamos de interpretaciones, tampoco se debe olvidar la del segundo protagonista, que además completa el doblete que prácticamente cierra las intervenciones actorales. Se trata de Gringo en el filme y está interpretado por el profesional argentino Claudio Rissi. Conforma a un tipo cuyo desarrollo sorprende, evolucionando de forma fascinante (otro acierto de guion). De la mano de las realizadoras, partimos desde la incertidumbre de comportamientos, cuanto menos sospechosos, hasta llegar a un campo fuera de minas. 

Y ya le toca que nos adentremos en el tema espiritual que bordea todo el largometraje, asunto que, en definitiva, deberíamos a lo mejor reconocer que sirve para algo que se aleje de masacres, violaciones de derechos humanos o invasión de comunidades en nombre del dios de turno del que nos hayamos apropiado. Es posible que sí tenga su cierta utilidad, reconfortando almas doloridas o vacías, al igual que la tiene para otros leer el Ulises, de Jame Joyce, o reencontrarse con cualquier película de Ingmar Bergman. La píldora de felicidad o esperanza puede venir de cualquier lado, incluso de una santa difunta, venerada por lo que hace o por lo que deja de hacer. En definitiva, cada uno se agarra a lo que puede o a lo que menos le pica, aunque desconcierte lo absurdo de la elección. También es probable que las posibilidades entre las que podamos escoger no sean tantas como nos gustarían.

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La novia del desierto nos ha parecido una bellísima obra, que hace reflexionar sobre la existencia, la dependencia, las ilusiones o la falta de ellas; también sobre las relaciones de amor o desamor. Y el futuro ahí queda, en ese camino que podría llevar a cualquier sitio, aunque nos temamos que tiene un destino fijo. La película nos recuerda a la sensibilidad que igualmente observamos en filmes como la también argentina Historias mínimas, de Carlos Sorín (2002), o incluso, además por temática, a la brasileña  Una segunda madre, de la realizadora Anna Muylaert (Que Horas Ela Volta, 2015). Todas ellas nos llevan a personajes que confunden el poco con un todo, o el todo con un poco, lo que al final les arrastra a una sinécdoque que no altera la tristeza que embarga todo el ambiente. Ni siquiera la sonrisa que dicen que caracteriza a Gringo, el protagonista masculino de La novia del desierto, nos hace alejar la sensación de infelicidad, de sumisión, de imposibilidad en que surja una chispa de revolución en esa deslucida existencia. 

Hemos hablado de la aridez del paisaje. Se trata de un entorno, el desierto del título, en las inmediaciones de la ciudad de San Juan, en la Argentina, aproximadamente a unos 40 Kilómetros. Allí se encuentra precisamente el santuario de nuestra santa, la Difunta Correa. Las directoras consiguen que la desolación que se desprende de la protagonista se refleje también en ese panorama inhóspito y desabrido. 

Tímidos sonidos, especialmente de piano, acompañan a la música, casi exclusivamente diegética, en este filme. Y dichos tonos se dan la mano perfectamente con la melancolía que desprende Teresa, al parecer, desprovista desde no sabemos cuándo de cualquier ilusión o meta que sea verdaderamente propia. Aunque los medios de comunicación, al menos en el mundo occidental, se empeñen en que todo es fiesta, diversión o saraos continuos, la vida de demasiada gente es otra “cosa”, muy diferente, que se acerca a una tristeza difusa. Resulta incluso casi tan lúgubre, que puede terminar arrastrándonos a ofrecer todo nuestro agradecimiento, por un segundo de respiro, a una difunta idolatrada. 

Tráiler:

Ficha técnica:

La novia del desierto ,  Argentina, 2017.

Dirección: Cecilia Atán, Valeria Pivato
Duración: 77 minutos
Guion: Cecilia Atán, Valeria Pivato, Martín Salinas
Producción: Ceibita Films / El Perro en la Luna / Haddock Films
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Leo Sujatovich
Reparto: Paulina García, Claudio Rissi

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