Críticas

La muerte de Luis XIV

La mort de Louis XIV. Albert Serra. Francia, 2016.

Festival de Cannes – 69ª Edición – 2016

Cartel de la película La mort de Luis XIVAlbert Serra aterrizó en la Croisette cuando el Festival de Cannes ya había cruzado su ecuador, y ocurrió lo que todos veníamos esperando, que una obra grande e importante marcase como huella incandescente nuestras retinas. La muerte de Luis XIV, el filme de Serra menos exigente con el espectador, ha sido una de las películas más importantes de esta edición, a pesar de figurar en la Sección Oficial fuera de competición.

La película nace de la idea original de convertir los últimos días de vida del Rey Sol en una performance para el centro Pompidou de París, como otras muestras escénicas que ha realizado con anterioridad para la Bienal de Venecia, el Tate británico o la Virreina barcelonesa. Serra se ha apoyado en las memorias de los cortesanos Saint-Simon y el Marqués de Dangeau y para trasladarlo al lenguaje cinematográfico ha sacrificado el concepto inicial que hubiese podido desarrollar en la performance, referido al seguimiento en tiempo real del trágico final, manteniendo el uso del espacio, centrado en los cuatro laterales de la cama, aposento en que el Rey Luis XIV permaneció postrado hasta que la muerte le sobrevino. Tan solo durante la secuencia inicial vemos al monarca en los jardines palaciegos, cuando este regresa de un viaje.

A Albert Serra no le interesa reflejar cuáles fueron los logros ni las batallas perdidas del rey, deja a un lado los relatos solemnes referidos a su figura y prefiere quedarse con lo anecdótico. La muerte es la amenaza que se palpa, cada vez más cercana. Ella es la protagonista, por encima de la figura del monarca, y no entiende de poder absoluto ni de adulaciones cortesanas. La gangrena se extiende a través de la pierna del rey, y ni los mejores médicos de La Sorbona ni curanderos con ungüentos frenan el aciago final. El rey se muere y nada se hace para evitarlo, casi parece un complot. La muerte se ríe ante la ineptitud palaciega, todo queda en una anécdota. El rey es consciente de la ironía de su agonía. Jean Pierre Léaud pone el rostro y presencia a la decrepitud. Él es el alma de esta cinta. Su imagen es monstruosa y el desarrollo de su deconstrucción es propia de un mito del cine francés.

La muerte de Luis XIV, fotogramaLa cámara rodea la cama, atenta a las necesidades del rey y a la gestualidad, en primeros planos, del ensimismamiento cortesano y de la transformación del rostro cuando la muerte es inevitable. A pesar del consabido desenlace y la economía espacial, que a priori podría pesar como una losa en el desarrollo de la narración, Serra consigue crear un sentido de la perplejidad que funciona como un bálsamo. La profundización casi hipnótica en la narración ocurre a través de la estudiadísima fotografía, composición e iluminación proporcionada por los candelabros, que acentúan el dramatismo y crean una imagen tenebrista, como si estuviéramos disfrutando, con el paso de cada fotograma, de alguna de las pinturas de Rembrandt. En los últimos momentos del monarca, creemos estar dentro de La lección de anatomía del Doctor Deijman.

El montaje, que nos lleva al paso de los días de una manera fluida, compacta la sensación de erosión, porque presenciamos en primera persona, como un miembro más de la corte, un proceso lento y meticuloso: la degradación física y la devastación del endiosamiento. Desde la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad, la escatología de su invasión, la agonía, la ritualidad de la extremaunción, el estado cadavérico y la posterior apertura del cadáver para rescatar y embalsamar los despojos de la esencia humana ubicada en el corazón. Esta será la última esperanza de permanencia del rey.

Ficha técnica:

La muerte de Luis XIV (La mort de Louis XIV),  Francia, 2016.

Dirección: Albert Serra
Guión: Thierry Lounas, Albert Serra
Producción: Capricci Films
Reparto: Jean-Pierre Léaud, Patrick d'Assumçao, Marc Susini, Bernard Belin, Irène Silvagni

África Sandonís

 

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