Críticas

Miserias existenciales

La ley del mercado

La loi du marché. Stéphane Brizé. Francia, 2015.

Cartel de la película La ley del mercadoLa última propuesta como realizador que ha llegado a nuestras pantallas del productor, actor, guionista y director francés, Stéphane Brizé, tras Mademoiselle Chambon (2009) y A pocas horas de la primavera (Quelques heures de printemps, 2012), La ley del mercado fue presentada en el último Festival de Cannes, lo que le valió a su protagonista, Vincent Lindon, colaborador habitual de Brizé, el Premio al Mejor Actor en el certamen. En esta ocasión, interpreta a un hombre en la cincuentena, que busca incansablemente trabajo, tras llevar desempleado varios meses, tras una reducción importante de plantilla en la empresa donde había desarrollado su vida profesional, especializándose en el manejo de unos tipos específicos de máquinas, despidos originados, supuestamente, por causas económicas.

La película, dentro de su modestia, resulta una lúcida reflexión sobre el modelo económico capitalista implantado en la actualidad en muchos países, en donde la excesiva oferta de demandantes de empleo excede al número de puestos que requiere la economía, lo que da pie a precariedad, abusos, sumisiones e indignidades. Como muy acertadamente retrata el título, estamos hablando de “la ley del mercado”, la imposición de determinados comportamientos homogéneos que derivan en mansedumbre y servilismo. Y si a eso añadimos una edad madura, que por supuesto se toma como una rémora por falta de entusiasmo y adaptación a las nuevas tecnologías, en vez de primar la experiencia que puede haber dado una larga vida laboral, le sumamos además una familia que mantener y una casa por pagar, el drama personal y la angustia vital está garantizada.

La loi du marchéStéphane Brizé, para reflejarnos este mundo, utiliza unas imágenes muy fijas, de escenas estáticas con cámara en mano y, a ratos, con un ligerísimo movimiento apenas perceptible, que más bien parece un reflejo de los temores que las situaciones van generando. El recurso al primer plano, como mucho al medio, es persistente a lo largo de todo el film, y la cámara se va moviendo, lentamente y muy cercana pero neutra, sin que parezca prejuzgar, de un personaje a otro de los que conforman cada escena, no siempre deteniéndose e incluso, dejando fuera de campo a quien tiene la palabra en cada momento. Por supuesto, a quien más sigue y con quien más se detiene la imagen es con el protagonista, Thierry, un Vincent Lindon sometido a las circunstancias, en una interpretación que destaca más por los sentimientos que esconde que por los que muestra, ocultándose con una máscara inexpresiva en la que la tristeza parece desprenderse por los ojos, en una mirada que desgarra en lo que significa de impotencia. Su especialización laboral, o la falta de ella, su edad, la política económica, la crisis, el alto porcentaje de paro, la precariedad en el empleo o en las subvenciones del desempleo, las necesidades que le requiere su hijo, todo ello, hacen de su situación un momento angustioso, que no desemboca en reacciones desorbitadas o gestos alterados, sino que se plasma en una contenida disciplina para no distraerse del objetivo que se persigue. En Thierry no domina la venganza, solo pretende continuar con su vida y salir adelante junto con su familia.

La ley del mercado, fotogramaEl film tiene como virtud lo que podría ser su principal defecto, pero creemos que le aporta ese grado de verosimilitud y especialidad que le hace destacar no únicamente por lo que cuenta, sino cómo lo hace: las escenas se alargan, son reiterativas, se revuelven sobre el mismo argumento, como si tiempo diegético y cinematográfico se dieran la mano, para mostrar la cruda realidad, y no exclusivamente un resumen para un bello resultado estético. Si te han hecho elegir el curso de formación erróneo según tu experiencia previa, lo lógico es que te quejes ante el primer funcionario que encuentres a tiro, y que te quejes no solo una vez, sino que reiteres tus reproches ante la incompetencia ajena, ya no pensemos en otras cosas de peor calado; si quieres vender un bien propio y llegas a un acuerdo en el precio, e intenta el comprador rebajar el previamente pactado, resulta también natural que regatees y regatees hasta la extenuación; si estamos en clase de baile, es plausible que repitas los pasos de la coreografía hasta su aprendizaje…

La loi du marché, películaEl realizador ha rodeado a Vincent Lindon de actores no profesionales, de personas que precisamente realizan en pantalla el mismo papel que en su vida diaria: los guardias de seguridad, la banquera, los funcionarios de la Oficina de Empleo, las cajeras del supermercado… El experimento podría haber fallado por exceso de verosimilitud, pero sin embargo, el mimetismo que obtienen de su vida real con el cinematográfico, o a la inversa, es ciertamente auténtico y de un resultado encomiable.

Ya que hemos hablado de la banquera, resulta muy interesante la plasmación de la actitud de la banca, que después de todos los rescates, comisiones indebidas, productos tóxicos y demás albricias, sigue insistiendo en darte más dinero del que pides o necesitas, ya que tus “garantías” económicas dan para endeudarte con mayor intensidad; ahora sí, cuando vienen mal dadas para el cliente, cuando ven dificultades para el pago de las mensualidades del préstamo, no tardan en presionar para que vendas la casa, satisfagas ya la totalidad de la hipoteca, por si acaso, y de paso, te intentan vender un seguro, no vayan a perder una oportunidad de negocio.

La película deja también un margen para la reflexión sobre el despido disciplinario por transgresión de la buena fe contractual, debido a la pérdida de confianza de una empresa con el trabajador por la actuación improcedente que se le imputa, y el grado de proporcionalidad que debería existir entre dicho acto y la sanción que se pretende imponer. La frialdad y automatismo de las relaciones entre empresas y trabajadores queda patéticamente sintetizada en la despedida por jubilación de una trabajadora con treinta años de antigüedad en el establecimiento, con esa deleznable y ridícula canción que le dedican sus jefes y compañeros.

En un camino en el que hacemos oídos sordos a la propia dignidad, y no perdemos la valentía para seguir adelante, aunque casi nos vejen por nuestra forma de sentarnos, de planchar el cuello de las camisas, de redactar el curriculum o de tener un tono de voz determinado, en ese camino de mezquindades que se impone globalmente, queda la salida de retirarnos sin aspavientos, elegantemente, mientras que el campo focal se abre por primera vez y nos transmite la sensación de que empieza a respirar con algo de oxígeno.

Tráiler:

Ficha técnica:

La ley del mercado (La loi du marché),  Francia, 2015.

Dirección: Stéphane Brizé
Guión: Stéphane Brizé. Olivier Gorce
Producción: Arte France Cinéma. Nord-Ouest Productions
Fotografía: Eric Dumont
Reparto: Vincent Lindon. Yves Ory. Karine De Mirbeck, Matthieu Schaller. Xavier Mathieu. Noël Mairot. Catherine Saint- Bonnet. Roland Thomin

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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