Críticas

Una historia triste de chicos malos

La isla de los olvidados

Kongen av Bastøy. Marius Holst. Noruega, 2010.

Marius Holst se crió en Oslo, Noruega, a setenta y cinco kilómetros de la isla de Bastøy. Para él como para muchos otros noruegos, Bastøy es un nombre conocido. Sus 2,6 kilómetros cuadrados de extensión son sede de una cárcel con las normas de seguridad más laxas de toda Europa.

Tal cual muestra el documental Bastøy de Michel Kapteijns (2010), cada uno de los ciento quince reclusos tiene a su disposición sierras, cuchillos de cocina, destornilladores y hasta la llave de su cuarto. La isla, que sólo tiene acceso a través de un servicio de ferry, está gobernada por los presos y el personal en conjunto. Es célebre por el trato liberal que reciben los condenados y es considerada la primera prisión ecológica. La tasa de reincidencia criminal es del treinta por ciento, cuando el promedio en Europa occidental es del sesenta-setenta por ciento.

Pero Bastøy no es sólo conocida por el buen trato que reciben sus habitantes. Irónicamente, entre los años 1900 y 1953, fue una colonia para jóvenes, famosa por la dureza del trato otorgado.

En 1915 más de treinta jóvenes, de edades entre nueve y veintiún años, se rebelaron a las autoridades del reformatorio, armados con herramientas de trabajo. Lograron incendiar el granero y para aplacarlos tuvo que intervenir la policía junto con el ejército. Los incidentes previos a esta rebelión son los que se muestran en el film de Marius Holst, La isla de los olvidados (Kongen av Bastøy, 2010). Luego de este incidente, se intentó restablecer el nombre de la institución, pero en 1953 se cerró definitivamente sin lograrlo.

Y Bastøy está tan arraigada en la cultura popular noruega que en diciembre del 2010 (el mismo mes en el que se estrenó el film de Holst), se inauguró una muestra en el Museo de Historia Cultural noruega de Oslo. Mediante entrevistas a ex-alumnos y empleados, fotos y objetos, se intenta trasmitir la vida que los jóvenes llevaban en la isla.

Marius Holst visitó la cárcel actual varias veces previamente a su film. Sin embargo decidió no adoptarla como escenario para no interferir con la vida de los reclusos, y finalmente la película se filmó enteramente en Estonia. También entrevistó a diversos hombres que pasaron años de su niñez en Bastøy, para los cuáles fue una experiencia difícil hablar de ese pasado lejano.

El film se inicia con la llegada de Erling, un joven de diecisiete años que, al llegar a Bastøy, es despojado de todo objeto personal, su cabello y hasta su nombre, pasando a ser identificado en adelante como C-19. Junto a Erling llega Ivar, rebautizado como C-5, más joven, tímido e introvertido que C-19.

Erling (Benjamin Helstad), con un gran sentido del bien y del mal, logra captar injusticias arraigadas en el hogar de jóvenes (a pesar de ser analfabeto). A la par de la excelente actuación de Helstad, Trond Nilssen interpreta a Olav, C-1, el líder del pabellón C que luego de seis años de buen comportamiento está próximo a ser liberado. Luego de una tragedia que deja a toda la comunidad en shock, C-1 y C-19 encabezan la rebelión que fue hecho real en el año 1915.

El director decidió adoptar actores no profesionales para los roles de los jóvenes y esto le dio al rodaje una cuota de tensión. Los chicos estaban impacientes, aislados en un desierto, con ganas de retornar a sus hogares. Como es también habitual en estos casos, Holst incluyó en su elenco actores con muchos años de experiencia. Kristoffer Joner, quien interpreta al desagradable guardia Bråthen y una de las caras más conocidas del cine escandinavo: Stellan Skarsgård, en el rol de Bestyreren, el director del hogar.

Este último personaje es, sin duda, el más difícil, ya que tiene que tener la capacidad de engañar a la audiencia. Con frases tales como “disciplina sin compasión es crueldad”, crea momentos en los cuales deseamos y creemos que puede llegar a ser un salvador, pero sus amabilidades son sólo parte de una careta que esconde a un ser vil y cruel abocado solamente a sus propios intereses.

La idea en la que se basaba el funcionamiento del hogar de jóvenes era que, mediante disciplina, trabajo duro, aislamiento y castigo se podía encaminar a estos niños y convertirlos en buenos ciudadanos. Se trataba más de un correccional juvenil con condiciones más difíciles que una cárcel. En el mismo lugar se combinaban escuela, trabajo y actividades de tiempo libre. A Bastøy llegaban no sólo jóvenes delincuentes, sino también niños abandonados, hijos de padres ausentes (madres prostitutas y padres alcohólicos era lo más habitual). Su familia era sustituida por los compañeros y empleados del hogar.

El mar es símbolo de libertad y paz, y varias tomas se mechan en la historia de forma muy hábil haciendo al film más tolerable. Las historias de compañerismo y amistad entre los jóvenes también contribuyen al mismo sentimiento. El tono cromático del film en cambio es azul, los tonos fríos nos transmiten el invierno escandinavo sin compasión.

La isla de los olvidados es una historia de jóvenes fuertes y luchadores que logran pararse firmes ante las injusticias arraigadas en una sociedad áspera y cruel. Como los mismos hechos verídicos lo anticipan, no hay lugar para finales felices. A la opresión y a la injusticia se suman otros temas difíciles de digerir, como es el abuso sexual de menores, pero al igual que la joya escandinava Celebración (Festen, Thomas Vinterberg, 1998), este tema es tratado con mucha altura sin herir en absoluto la sensibilidad del espectador.

A pesar que se estrenó en diciembre del 2010 en Noruega, tomó casi dos años en llegar a España, ganando en su camino premios en dos festivales: Premio Amanda del festival Internacional del Film en Noruega y Días de Films Nórdicos de Lübeck.

Ficha técnica:

La isla de los olvidados (Kongen av Bastøy),  Noruega, 2010.

Dirección: Marius Holst
Guion: Dennis Magnusson, Eric Schmid
Producción: Karin Julsrud, Edward A. Dreyer, Lars Andreas Hellebust
Fotografía: John Andreas Andersen
Música: Johan Söderqvist
Reparto: Stellan Skarsgård, Benjamin Helstad, Kristoffer Joner, Trond Nilssen

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