Críticas

Iluminar por encima de todo

La guerra de las corrientes

The Current War. Alfonso Gómez-Rejón. EUA, 1917.

La guerra de las corrientes, cartelLa época de los inventos siempre ha sido material tentador para el Séptimo Arte. Recordemos joyas como Edison, el hombre (Edison, the Man, Clarence Brown, 1940), con Spencer Tracy, o El gran milagro (The Story of Alexander Graham Bell, Irving Cummings, 1939), con Don Ameche. The Current War revitaliza, de alguna manera, este, podríamos decir, subgénero, y le adiciona los prodigios técnicos de la cinematografía moderna. Arrastrada al pantano de la demora, provocada por las andanzas del depredador hollywoodense Harvey Weinstein, llega a las pantallas con dos años de retraso en la versión definitiva, montada por su realizador Alfonso Gómez-Rejón, nacido en Laredo, en la frontera de Estados Unidos y México, que inició su carrera como asistente personal de Martin Scorsese y Alejandro González Iñarritu, y dirigió episodios de la serie Glee y la miniserie American Horror Story: Coven.

Asentada en un sólido guion de Michael Mitnick, reconstruye uno de los episodios cruciales en la historia de la ciencia y la tecnología modernas: la épica, y también infame, batalla entre Thomas Alva Edison y George Westinghouse por controlar la producción y distribución de la electricidad para iluminar los hogares estadounidenses con el menor coste y el mínimo riesgo para la salud, e impulsar el desarrollo del país y, en definitiva, cambiar el mundo. Fue una lucha tremenda e inescrupulosa entre estos dos inventores/empresarios por imponer un tipo de corriente: la continua, promovida por Edison, más segura, y la alterna, más peligrosa, que Westinghouse había desarrollado sobre la base de bombillas con filamentos de mayor durabilidad. Pero también fue una competencia, en gran medida desleal, por dinero, por vanidad y por el monopolio comercial en un sector que florecía y que auguraba suculentos beneficios económicos para el vencedor.

Benedict Cumberbatch en The Current War

Muy alejada de una mirada romántica de la ciencia y sus inventos, la película convierte a esas figuras históricas en seres humanos de carne y hueso, proclives a la egolatría, capaces de vilezas y maquinaciones, que emiten declaraciones poco honorables a la prensa, juegan sucio, se demandan judicialmente entre sí y tienen conflictos internos y familiares. Incluso, hasta se permite bucear en el escándalo del asesoramiento encubierto, que conectó tristemente a Edison con el prototipo de la silla eléctrica, en uno de los pasajes más urticantes del film. Hay una clara desacralización de los pioneros de la ciencia, que se agradece y que potencia el magnífico duelo interpretativo entre Benedict Cumberbatch (Edison) y Michael Shannon (Westinghouse), ya dos grandes actores, sin duda, y lo convierte en la médula espinal omnipresente de una trama apasionante y, por momentos, frenética, en la que, como cereza del postre, se introduce al joven inmigrante Nikola Tesla (Nicholas Hoult) y sus ideas de superar los experimentos y proyectos de ambos inventores en conflicto. Entre los secundarios se puede ver a Tom Holland como el fidelísimo asistente de Edison, papel que el joven actor, hoy consolidado como el nuevo Spider-man de Marvel, compañero de otro superhéroe, Doctor Strange (Cumberbatch) en la saga de Vengadores, sobrelleva con solvencia.

La guerra de las corrientes, fotograma

El acierto el film radica en haber elegido un lenguaje narrativo a medio camino entre el Scorsese de Gangs of New York (2002) o El aviador (2004) y la estética del videoclip de calidad, inusual para el estilo visual del biopic, que hace que la historia fluya ágil, quizás con algún exceso de vértigo, en un ejercicio fílmico intenso y adornado (a veces, también en demasía) de recursos visuales como zooms, planos cenitales, grúas y travellings de todo tipo. Sin embargo, esa parafernalia tecnológica no atenta contra la profundización de los personajes, pues la cámara de Gomez-Rejón los retrata con sus complejidades, con luces y sombras, como la propia lucha que encarnan para iluminar la oscuridad.

Destacable, también, resulta la esmerada puesta en escena y dirección artística, con una muy cuidada reconstrucción de la época en la que transcurre la historia, últimas décadas del siglo XIX, y la dirección de fotografía del surcoreano Chung-hoon Chung, conocido por Oldboy (Park Chan-wook, 2003) y por su trabajo en It (Andy Muschietti, 2017). El surcoreano realiza un trabajo interesante, porque, de manera intencionada y con fines dramáticos, manipula la oscuridad por sobre la iluminación, lo que intensifica la sensación de necesidad que la gente tenía de la electricidad, y retrata el impacto que el invento provocó.

La banda sonora de la versión original del film corrió a cargo de dos pianistas, el estadounidense Dustin O’Halloran y el alemán Volker Bertelmann, este más conocido como Hauschka, nombre que utiliza para sus conciertos y grabaciones. La música, de neto corte clásico, atento a la formación de ambos compositores, se esfuerza en seguir ciertos cánones para transmitir sensaciones, como por ejemplo, unos compases rítmicos que simulan el tic-tac del reloj para sugerir el paso del tiempo, o la estructura de Las cuatro estaciones de Vivaldi, para ambientar el impactante momento histórico en que la ciudad recibe la luz eléctrica por primera vez, logrado con buen pulso, con un montaje que segmenta la pantalla para mostrar las diferentes reacciones de la gente y los protagonistas, y que la música acrecienta en una tensa emotividad. Para el Director’s Cut se compuso una nueva partitura, a cargo de Danny Bensi y Saunder Jurriaans.

La guerra de las corrientes no ha sido del todo bien recibida por la crítica, injustamente, creo yo, y quizás al contar una historia verídica de época, con un fuerte componente didáctico, solo el público de mediana edad al que está orientada, la verá con mejores ojos. De todas formas, es una película recomendable, no una obra maestra, no quedará para la posteridad, pero resulta un producto interesante, bien construido desde su libreto y su propuesta, con excelentes interpretaciones y muy entretenida. Lo que no es poco en los tiempos que corren, en que, muchas veces, la oscuridad le gana a la luz.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

La guerra de las corrientes (The Current War),  EUA, 1917.

Dirección: Alfonso Gómez-Rejón
Duración: 108 minutos
Guion: Michael Mitnick
Producción: The Weinstein Company, Bazelev Production, Film Rites, Fourth Floor Productions, Lantern Entertainment
Fotografía: Chung-hoon Chung
Música: Dustin O'Halloran, Volker Bertelmann (aka: Hauska)
Reparto: Benedict Cumberbatch, Michael Shannon, Nicholas Hoult, Katherine Waterston, Tom Holland, Nancy Crane, Oliver Powell, Liza Ross, Tim Steed, Amy Marston, Matthew MacFayden, Emma Davis

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