Críticas

La metáfora del artista

La casa de Jack

The House That Jack Built. Lars von Trier. Dinamarca, 2018.

La casa de Jack aficheLa violencia y el arte; el crimen como estética de una mente obsesiva. Un psicópata de manual es el ejecutor de una línea de acción trascendental en defensa de valores supremos, cuasi-sagrados, es la ubicación de un sentido vinculante desde el más allá. La contundencia da pie a una teoría elemental.

Jack es el asesino consciente, su papel es avalado por fuerzas superiores desconocidas y determinantes. Como si en algún lugar estuviese escrita la posibilidad de “lo bello”; la muerte y su preámbulo son delicadas formas de expresión plástica avaladas por una legalidad suprema, que no reconoce la moral humana. Reglas instituidas permiten teorizar modos de justificación excluyente para egocentrismos sedientos de brillantez; un reconocimiento de la valía propia en el poder creador; la sofisticación de lo único.

El guion despunta excelentes discursos en buenos diálogos; Matt Dillon se roba la escena, mientras sus socios le apuntalan los parlamentos.

Así se completa el ego de Jack, no deja espacio libre, se articula con la perfección como búsqueda que opaca la transgresión criminal, intenta forzarse hacia términos de planificación natural de sentido universal. Lo supremo pretende volver incuestionable la obra, la moral es abolida para transformarse en una ética con valor teórico. Intento justificador, pero no evasivo. La responsabilidad se eleva en actos que refuerzan la autoimagen del “autor”.

El realizador del filme será responsabilizado, misoginia es el pecado, quizá ahora tal señalamiento atente contra la liberad del creador, en tanto tiempos de fuerte militancia feminista. La obra dice, expresa circunstancias de la vida que, quizá el autor visualiza e intenta reproducir, ¿será ese su pecado? Ante todo, la libertad de expresión ha de ser defendida; quebramos una lanza por Von Trier. Los personajes femeninos adolecen de una ingenuidad que se juega en función de la capacidad persuasiva de Jack. Uno de los rasgos distintivos del psicópata es la habilidad para manipular; sabe elegir, la presa es conducida a su “destino”.

La casa de Jack escena

Jack es un asesino en serie que mata en defensa del arte, un creador del crimen, que irá incrementando su éxito hasta la obsesión. Un Matt Dillon exuberante en la recreación del matador. La película transita ágilmente sobre sus espaldas de principio a fin. Es el centro absoluto de la acción, tal cual un psicópata pretendería serlo.

La típica cámara inquieta de Von Trier sigue los movimientos sin acudir al corte; dinamiza, a la vez que trasmite cómo Jack se desenvuelve. Todo ocurre en un instante, no hay posibilidad de vuelta atrás, queda esa sensación de conquista del momento, la  presa es engañada en el punto preciso de la interacción. Las palabras generan estados de ánimo en el otro, lo preparan para el comportamiento esperado que emergerá  mediado por una obsesiva planificación. La cámara es veloz en la consecución de movimientos, capta respuestas y acciones casi al unísono; es como una danza donde la complementariedad acusa el momento preciso; la presa es capturada, la pericia es verbal. Luego de ser entrenados en el espejo, gestos, expresiones y posturas van en su auxilio. Nada es librado al azar, el asunto es muy serio; lo impulsivo se genera por gradualidad, pero no remite al mero y abrupto avance criminal, sino a una tensión consciente que es captada en su desborde, para ser reconducida a una sádica planificación. Un arte quizá poco espontáneo, de ahí la impronta obsesiva del perfeccionista controlador; la improvisación está ausente; se apela a la sangre fría para controlar la posible efectividad del momento.

La casa de Jack escena

El arte es amoral, por tanto puede tolerar lo que sea; en este punto, se cruza con la libertad de hacer en su justificación; la expresión del sí mismo en términos de absolución completa desde la belleza en la sofisticación. La personalidad psicopática encuentra un aval para accionar. La razón se vuelve perversa cuando es traducida a normas impulsadas por necesidades individuales. En este sentido, la neutralidad del arte opera como salvoconducto.

Muchos paneos veloces de un rostro a otro, cámara en mano que se acerca y aleja en el primer plano, todo muy dinámico, un juego que captura lo interpersonal bajo la idea de instantaneidad. Relaciones que ostentan la fugacidad como matiz. El tiempo es rápido, la circunstancia se define por el instante, la velocidad en la resolución. Jack sostiene características solo en apariencia, la obsesión no es obstáculo, además, la experiencia posee la virtud de disolverla o, al menos, aplacarla.

Una exploración de la vida desde la justificación de la muerte; el arte se escuda en el ser y sus posibilidades; entre ellas se encuentra la muerte y sus formas concebidas como parte de la naturaleza, en contraposición a una moral distorsiva, presente en la vida, ausente en Jack. La constitución natural, para la explotación de comportamientos esperados, mediante artera manipulación. El poderoso lleva ventaja y está bien que así sea. Como el tigre y el cordero, que en la vida juegan su papel, Jack se siente autorizado a asumirse como tal por derecho divino, parte de un plan universal de creación, donde el arte es permitido como máxima expresión de belleza.

La casa de Jack plano

Lo inerte es producto de una sucesión de instantes que se juegan en bruscos y veloces paneos, determinación de momentos tan cruciales como fugaces. Decisiones “libres” que culminan en estados al servicio de alguien más inteligente y poderoso. El final pretenderá ser manipulado, vuelto inalterable, la obra artística así lo demanda; vendrá la experimentación estética en tono bizarro, acorde a la obsesión de quien, oculto en la perfección, busca algo más. La casa no puede ser construida a menos que oficie de pasaje al otro mundo; necesaria transición que delata una forma de existencia. Fundamenta el acceso al lugar delimitado por una moral que, hasta ahora, no se había tomado en cuenta. Verge es el nexo, el observador, Jack, el pretendido símbolo de un dios vicario que intenta poner las cosas en su lugar desvirtuando la “virtud” humana reducida al libre albedrío de la naturaleza: los fuertes están autorizados a arremeter, los débiles pagarán las consecuencias; es el orden natural.

Jack es poseedor de atributos divinos. Creador, dueño de la vida humana, hace gala de un sentido superior de comprensión que se eleva sobre la moral en teorizaciones propias que justifican su acción. La naturaleza es bella, la fortaleza y la debilidad, como propias expresiones, también lo son. La maldad se justifica en la representación artística, que rinde culto a lo que es por derecho propio más allá de posibles intenciones. El homenaje a una masacre es el enaltecimiento de la forma de operar según características asumidas como naturales y, por tanto, pasibles de ser libremente expresadas. Aquí radica la belleza y lo artístico; consumación en cuanto a formas de ejercicio de la diferencia, la utilización del otro si mis posibilidades lo permiten.

El descenso a los infiernos de Dante se aparta de la habitual lógica quejumbrosa; ausencia de lamentos, culpa inexistente, no son necesarias las excusas, prima la intención de querer saberlo todo. Ocurre lo que tiene que ocurrir, así funciona. Surge una moral mediadora que rebota ante la insensibilidad que predica la contundencia de los hechos. Resolución que otorga un sentido nivelador, algo más puede suceder en un terreno que trasciende los actos habilitados por nuestra naturaleza.

Presenciamos una estética que combina la penumbra con tonos de rojo, un aire pictórico se apodera de la instancia de descenso; Delacroix estará presente.

Sin lugar a dudas, la obra es de lo mejor de Lars von Trier.

Ficha técnica:

La casa de Jack (The House That Jack Built),  Dinamarca, 2018.

Dirección: Lars von Trier
Duración: 150 minutos
Guion: Lars von Trier
Producción: Coproducción Dinamarca-Francia-Alemania-Suecia; Zentropa Productions, Radio (DR), Film I Väst
Fotografía: Manuel Alberto Claro
Reparto: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keough, Sofie Gråbøl, Siobhan Fallon, Ed Speleers, Osy Ikhile, David Bailie, Yoo Ji-tae, Marijana Jankovic, Robert G. Slade

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