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Jared Leto. Anatomía de un fracaso

Jared Leto

Dientes negros, de metal, y falta completa de cejas. Tatuajes, muchos, sobre todo uno en la cara (en la frente), diciéndonos que estamos ante alguien damaged. Ya no se trata de la figura camp del hombre murciélago de Adam West ni de su versión más bien realista (¿pueden ser realistas las películas de superhéroes?), encarnada por un leyendario Heath Ledger. Lo que tenemos aquí es el producto (palabra escogida con una precisión capitalista, si pensamos en los juguetes, perdón, las action figures) de un universo más grande, más variado y, lamentablemente, más caótico.

La idea era crear una red de películas entrelazadas según el estilo Marvel (mejor dicho, Marvel-Disney), pero con una visión más oscura, como si estuviéramos ante la lectura del concepto del superhéroe desde un punto de vista más adulto (los años ochenta de los cómics, los años de Miller y Moore). Que se vayan los niños, con sus deseos de un mundo más simple (buenos y malos, los primeros ganan, los segundos pierden), y que vengan los mayores de edad, con sus matices más bien grises. Empezamos con un Superman que mata (Man of Steel, de Zack Snyder, 2013) y proseguimos con la lucha entre el bien y el bien (Batman vs Superman, otra vez Snyder, 2016). Muere el hombre de acero, el mundo está de luto, y el alter ego de Bruce Wayne no basta para protegernos.

Llega el escuadrón suicida con un director como David Ayer (director de acción), pero se le dan pocas semanas para que escriba el guion y empiece a rodar. No hay suficiente tiempo como para entrar en lo profundo de lo que tiene que ser un proyecto capaz de hacernos olvidar lo decepcionante que fue Batman vs Superman y el resultado es un fracaso de crítica y de público. La película (otra vez saldría bien la palabra “producto”) no le gusta ni a los que escriben sobre el cine ni a los que usan el cine para pasarse un buen rato olvidando los problemas de todos los días. El filme se deja ver, eso sí, pero se lo olvida muy fácilmente (y muy rápidamente), los personajes no tienen mucho carisma (menos la Harley Quinn de Margot Robbins y, en parte, el Deadshot de Will Smith), y el Joker, esta figura así de imponente en la cultura popular, es un fracaso completo.

En las redes sociales y en los foros de debate la mayoría de los usuarios habla de un desastre. No es el Joker lo que se ve en la pantalla, se parece más bien a su caricatura, como si alguien hubiera decidido crear la peor versión de este personaje tan carismático y hubiera optado por entregársela a un público para que hiciera con ella lo que quisiera. No se habla de miedo, aquel sentimiento que tanto le pertenece al caótico enemigo del hombre murciélago, sino de decepción o, si nos dejan usar palabras más justas, de una completa descarga de ridiculez, el producto de un conjunto de malas ideas sobre lo que hace del Joker lo que es.

Intentemos ver lo que pasó: del Joker ya existían las susodichas versiones de Cesar Romero y de Heath Ledger, a las que se añaden la de Jack Nicholson (en el gran filme de Tim Burton) y la de la serie animada de Bruce Timm. ¿Qué hacer con este personaje, entonces? ¿Copiar lo que ya está, pisar un camino ya conocido o intentar hacer algo nuevo, algo diferente? La elección de Jared Leto, por ejemplo, ya es un momento crucial, decisivo: una cara tan perfecta, así como su cuerpo, le van a dar un carácter más sexual, más sensual, como si estuviéramos ante la representación de un diablo, hijo del romanticismo, de un Don Juan caótico. Pero, si de caos se habla, este caos hay que enseñarlo, hay que dejar que explote ante los ojos del espectador, y la mejor elección, según el actor y el director, es la de ensuciar aquella belleza. Pero, en vez de suciedad, de lo que se trata es de hacer hermoso lo horrible: como los gangsters que vemos en los videos de los peores raperos, el Joker de Leto se parece más a quien piensa que poder comprarse un cinturón de Gucci significa ser mejor que los otros.

No hay ninguna introspección: él es loco porque es loco, esto ya basta (o tiene que bastarnos). Ama a Harley Quinn, su psicóloga (y no logramos explicarnos cómo fue que ella se enamoró de él), y le gustan objetos que demuestren que él “tiene pasta, mucha pasta”: si ametralladoras hay que usar, por lo menos que estén hechas de oro. Hay escenas cortadas en las que el Joker de Leto tenía más presencia, pero no sabemos dónde han acabado. Quizás esta decisión nos haya ayudado a que la figura luciera menos ridícula.

Jared Leto como Joker

¿Por qué escribirse damaged en la frente? ¿Acaso los espectadores no tienen ni idea de que él sea el malo, además de tener trastornos mentales? Pero, estos trastornos parecen no existir o, por lo menos, si existen parecen ser superficiales (es una persona antisocial, violenta, y todo acaba allí, otra figura de malos del cine). El de Leto se parece más a un Joker que no es un Joker, un personaje como muchos otros: pecado mortal, pecado digno de excomunión, su personaje es aburrido y, más que hacernos pensar en lo horrible que es el caos, nos lleva a pensar que, al fin y al cabo, aquella figura que vemos solo es un gángster que juega a ser loco. El estilo tiene más importancia que la sustancia: lo exterior lucha (y gana) contra lo interior.

Según el director, el Joker de Leto “es un poeta, está enamorado, un amor enfermizo, pero amor”. Aquí, a lo mejor, es donde se encuentra el problema. El Joker que conocemos (esta figura cultural que nos pertenece a todos) no tiene nada que ver con la poesía ni con el amor. Se trata del mal, del caos, de lo que se puede definir como la falta de una chispa de civilización. Convertir al Joker en un pobre diablo que le tiene cariño a su novia significa perder lo que hace de él un monstruo, o sea, significa hacernos sentir cierto tipo de semejanza (emocional) entre él y nosotros. Problema terrible este, ya que con el Joker no se puede empatizar, a menos que tengamos trastornos mentales y queramos matar, simplemente, porque nos gusta.

Parece que todos los actores tenían poca confianza en el proyecto y que, de todas formas, lo veían más como un trabajo que hay que hacer, algo que se hace en este período en el que este tipo de películas funcionan muy bien a la hora de contar las entradas. Solo Leto se habría entregado completamente a su personaje, enviando ratones muertos y proyectiles a sus colegas. El esfuerzo se veía, pero el resultado final, no. Estamos ante un fracaso completo, una interpretación mediocre en una película mediocre, de la que ya nos hemos olvidado. No hay nada más, y es obvio, ya que la historia que se cuenta no tiene casi nada que ver con este Joker, afortunadamente, podríamos decir.

2 respuestas a «Jared Leto. Anatomía de un fracaso»

  1. La diferencia entre Marvel y DC es que Marvel TIENE LIBRETISTAS.
    Una buen película se hace con un buen guión, no importa el género ni el presupuesto.
    Mal guión , mala película.

  2. El joker es un personaje que no tiene un origen, eso le da la libertad a cualquiera de reinterpretarlo..se mostro guna vez muy patriota y en otros con sentimientos hacia alguien..tu postura parece mas la de alguien que es fan del joker que una critica objetiva y con lo de objetiva me refiero a que toda la pelucula y todos los personajes y huion son horribles, harley sobresalio por la coqueteria de robbie, en si esa adaptacion del personaje es incongruente y no parecida a esa harley de la serie animada, deadshot era ver a will ser will ademas de que son personajes sin una version anterior que les hiciera sombra..te pones a hacer un estudio de un personaje no bien desarrollado incrustado en una historia sin sentido y con un desarrollo de quiza 10 minutos..por favor o esque acaso piensan que leto es tan capaz que hubiera podido superar a cualquier otro con solo 10 minutos y un mal guion…la intencion desde un principio era contratar a un actor guapo para harley leto no fue la primera opcion, fue el que se atrevio a aceptar el papel…y lo de empatizar hahahaha es un personaje ficticio con un fandom enorme y sumamente toxico dile eso a cualquiera de ellos.

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