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Estación Once

Estación Once

Aunque ha sido una de las propuestas más interesantes de HBO Max en los últimos tiempos, la verdad es que la miniserie Estación Once ha pasado bastante inadvertida, posiblemente porque sitúa al espectador frente a un espejo cuyo reflejo le puede resultar bastante incómodo, ya que lo que se cuenta allí no dista demasiado de lo que hemos tenido que vivir en los dos últimos años. Por fortuna, la serie creada por Patrick Somerville –guionista de algunos episodios de The Leftovers (2014-2017) y creador de Maniac (2018) y Made for Love (2021)– plantea unos extremos a los que la especie humana no ha llegado, al menos todavía.

Es verdad que en los últimos tiempos abundan las series, novelas y películas ambientadas en un mundo postapocalíptico, pero creo que Estación Once es de las mejores, aunque se centra mucho más en la propia naturaleza humana y su instinto de supervivencia que en todo aquello que provoca la desaparición de la mayor parte de la especie humana. Para llevar adelante el proyecto, Somerville se ha rodeado de un excelente equipo de realizadores (Jeremy Podeswa, Helen Shaver, Hiro Murai y Lucy Tcherniak) y guionistas (Sarah McCarron, Kim Steele, Nick Cuse, Shannon Houston, Cord Jefferson y Will Weggel). La serie, además, es una adaptación de la novela homónima de Emily St. John Mandel, y debe su título a un cómic que publica una de las protagonistas, Miranda Carroll (Danielle Deadwyler), poco antes de que una epidemia de gripe diezme a la población mundial. El recurso del cómic no solo es interesante, sino que recuerda a otra serie clásica, la británica Utopía (2013-2014).

Ahora bien, si hay algo que caracteriza a esta miniserie y la diferencia de otras de temática parecida es el peculiar tratamiento del tiempo, que nos hace ir saltando de una época a otra. Todo arranca en Chicago, en 2005, cuando el actor Arthur Leander (Gael García Bernal) acaba de estrenar su versión de El rey Lear. Desde el principio, ese tiempo se alterna con otros posteriores, hasta 2020, momento en el que el mundo parece haberse ido al traste, aunque pequeñas comunidades tratan de sobrevivir y reconstruir las costumbres, la cultura y la vida…

A lo largo de los episodios, seguimos a una compañía de teatro dirigida por Sarah (Lori Petty), de la que forma parte Kirsten (Mackenzie Davis). Al mismo tiempo, en un pequeño aeropuerto, en Severn City, Clark (David Wilmot) y Elizabeth (Caitlin FitzGerald) han conseguido crear otra comunidad que sobrevive aislada del mundo en la región de los Grandes Lagos, que es donde se ubica toda la acción. En realidad, pronto descubrimos que solo la cultura y la religión pueden dar sentido de nuevo a la existencia humana. La cultura está representada por la Sinfonía, una compañía especializada en representar obras de Shakespeare, mientras que la religión tiene un lado mucho más oscuro, representado por El Profeta (Daniel Zovatto), personaje que recuerda a Charles Manson y consigue formar una secta con los niños y niñas que atrae de las diferentes comunidades que visita.

Sin duda, los dos mejores episodios de la temporada, aparte del primero, “Rueda de fuego” (dirigido por Hiro Murai), y el último, “El círculo inquebrantable” (dirigido por Jeremy Podeswa), son los dos que dirige Lucy Tcherniak: el quinto (“El aeropuerto de Severn City”) y el séptimo (“Adiós mi pobre hogar”). La de Estación Once no es una historia original ni nueva, pero sí lo son el tratamiento de los personajes y la serie de encuentros y desencuentros que se producen entre ellos al ir alternando los diferentes tiempos narrativos.

Tráiler:

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