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Entrevista a Melisa Liebenthal, directora de Las lindas

melisa liebenthalMelisa Liebenthal (Argentina, 1991) ha presentado en el Festival de Cine de Rotterdam su primer largometraje, Las lindas. Hasta la fecha había realizado dos cortometrajes –Airportness (2010) y Alegría del hogar (2013)- en la Universidad de Cine de Buenos Aires, donde completó su formación en dirección de cine.

EL ESPECTADOR IMAGINARIO ha hablado con Melisa sobre su ópera prima, que supone un estimulante trabajo basado en un estudio narrado en primera persona, con el fin de averiguar la posición que ocupa la mujer en la sociedad actual y cómo ésta aún sigue influida por un modo de concebir su imagen, basada en determinados hábitos que pesan sobre ella como una losa y la condicionan y limitan. Este trabajo ha revelado en Rotterdam, sin duda, a una gran cineasta, a la que se le augura una gran carrera cinematográfica.

Raúl Liébana (RL): Tras este comienzo tan prometedor, nada menos que en el Festival de Cine de Rotterdam, ¿cómo has vivido tu paso por él y qué impresión te merece?

Melisa Liebenthal (ML): Era la primera vez que estaba en un festival así, importante. Fue muy intenso y lo pasé muy bien, me gustó y aprendí mucho, y conocí mucha gente. No vi tantas películas, porque cuando estás ahí presentando la tuya y es la primera vez, no entiendes nada. Cuesta mucho organizarse, pero fue muy lindo. Para mí era todo nuevo, así que, imagínate, era muy intenso que la gente se acercase a felicitarte después de la proyección y esas cosas… que, de repente, te quieran hacer entrevistas. Una experiencia cinco estrellas, excelente.

RL: En la película usted está detrás de la cámara pero, en realidad, es quien se pone delante de ella a través de la voz en off. Se abre sin ningún tapujo ni complejo y realiza, además, un análisis de la realidad que la rodea con una madurez extraordinaria. La primera pregunta, siempre obligada, ¿cómo surge la idea de rodar este proyecto?

ML: El proyecto surgió dentro de la Universidad. Yo estaba cursando una materia en la que nos proponían hacer un proyecto personal que era completamente libre y me interesaba mucho el género del autorretrato, a través del que se explora la construcción de la primera persona como un personaje, y se centra, no tanto en contar cómo fue mi vida, que sería la biografía, sino la experiencia en primera persona. Eso sería el autorretrato, más o menos. Me interesaba este género y quería explorarlo. Siempre cuento esto de que cada tanto agarro los álbumes de fotos que están en la casa de mis padres y los reviso. Esta vez los miré de vuelta y vi cosas que antes no había visto, empecé a ver un personaje de mí misma y pude analizar ciertas cosas de mi historia y de mi imagen desde la perspectiva de la construcción del género. Veía las fotos de cuando tenía 10 u 11 años con mi cara tan seria y empecé a preguntarme, ¿por qué la pubertad tuvo todo ese peso para mí?, ¿por qué fue tan difícil? Y ahí aparecen estas lecturas, medio feministas, sobre lo que significa el género femenino… ser mujer en esta cultura. Por otro lado, están mis amigas, que es algo que siempre me interesó, digamos, afirmarlas a ellas, como se ve en la peli, desde chica. Estas dos cosas se unieron para hacer una especie de reflexión sobre qué es la feminidad, sobre lo que quiere decir el mundo femenino para mí. Este es el modo en que surgió el proyecto, aunque también tiene que ver con el hecho de que me gusta cuando alguien cuenta sus experiencias en primera persona, se abre y te cuenta lo que le pasó y comparte una experiencia personal.

RL: En ese sentido, el tema de los géneros es un poco complicado. Usted alude al autorretrato, pero su trabajo puede verse desde como un documental, un diario personal, incluso como memorias. Valorado al final, puede verse hasta como un ensayo crítico, por la forma en que vuelca su propia opinión sobre el tema que está tratando…

ML: El autorretrato sigue siendo una forma muy libre, con la que se puede jugar con muchas cuestiones. Creo que todo esto que decís, forma parte del autorretrato, que el autorretrato en sí, también forma parte del cine de ensayo. El ensayo audiovisual, que es eso, como su nombre indica, un ensayo audiovisual en el que uno, más que en una trama o en el desarrollo de unas acciones y unos personajes, se centra en una reflexión y eso también lo tenía muy presente. El cine ensayo, además, trabaja mucho con material de archivo y con formatos muy diversos, muy híbridos. Tenía presente que no quería que se quedara sólo en lo íntimo, aunque fuese mi historia particular, quería que pudiera conectar con algo más amplio, más vasto.

RL: Entre los recursos que usó, se encuentran desde fotografías, hasta imágenes grabadas en vídeo con sus amigas, ¿Cómo se le ocurrió usar ese material, fundiéndolo? ¿Cuándo se dio cuenta de que tenía material para hacer una película?

ML: La peli, como te contaba, empezó dentro de una clase de la facultad, y siempre como un experimento. Como pruebas de cosas que me interesaban, y siempre se hizo sin guion. Si escribí, digamos, una especie de tratamiento fue ya teniendo casi todo el material de la peli. Fue un trabajo de montaje más que nada. La película se encontró dentro de la sala de edición. Teníamos muchos materiales heterogéneos, que parecían autónomos entre sí y carecían de linealidad, por lo que había que encontrar la forma de unirlos con el fin de que hubiese una progresión y de llegar a un final por más amorfo que fuera. Entonces siempre se trató de trabajar la edición. Yo edité junto a una amiga y en ese proceso descubrí que tenía que escribir la voz en off. La voz en off la reescribí hasta el último día. O, luego, nos dábamos cuenta que había que volver a grabar algunas cosas, o buscar nuevas fotos. La búsqueda de las fotos que aparecen en algunas secuencias era constante. Todo se iba armando a medida que se editaba. El montaje rebelaba las necesidades narrativas, y así se fue llegando a la forma final de la película, porque siempre empezó como un experimento. Este sería el espíritu que mantuvo. Igual que siempre supe que quería trabajar con muchos materiales distintos, como son los vídeos de VHS viejos, las fotos y el material más actual, que es lo último que grabé.

RL: Cuando vi Las lindas entendí que el montaje era una parte fundamental, pero ahora veo que siendo importante, tal y como está fusionado todo el material, fue, incluso, el punto de partida de su película en realidad…

las lindasML: Fue donde se hizo, donde se encontró la película. No sé si el punto de partida. Yo diría que fue el núcleo. Digamos que todo gira en torno al montaje. Siempre trabajamos con secuencias, más que con escenas. Secuencias temáticas, por ejemplo, la sonrisa, la fotogenia, el pelo, la depilación. Después, cada entrevista, con cada amiga. Se trataba de ver cómo conectar todo esto y ahí fue cuando empecé a escribir, cuando descendí a la escritura en un tratamiento como para intentar ver de qué forma podía encastrarse todo mejor. El montaje es algo que me interesa mucho, y bueno, no sé, todo lo relacionado con la estructura gramática y el modo de estructurar un relato.

RL: ¿Qué especialidad estudió en la Universidad?

ML.- Estudié dirección, pero en los últimos años me incliné más hacia el montaje e hice un curso de estructura dramática que se centra en la cuestión de que un relato crezca dramáticamente, que haya un crecimiento, una historia que se cuente y que no haga agua; básicamente, que no haya digresiones ni tiempos muertos. Me interesa cómo hacer funcionar un relato, que mantenga un interés, que tenga intensidad.

RL: La película adquiere diferentes formas, a raíz del planteamiento que decíamos antes, y también, no se trata sólo de las verdades trágicas que revela con esa dosis de realismo documentado, sino que al utilizar ese material también muestra, de alguna forma, parte de su intimidad. En el caso de Camila, una de sus amigas, por ejemplo, vemos que solo se mostró una vez ante la cámara y a partir de entonces no quiso aparecer más. Esto que Camila evita, ¿es algo que a usted, personalmente, le llegó a preocupar en algún momento?

ML: ¿Por mi intimidad? ¿si me llegó a preocupar?

RL: Sí, por su intimidad o, incluso, si llegó a darse algún otro caso como el de Camila.

ML: No, no, no… fue la única que no se sintió cómoda, lo cual es perfectamente respetable, entendible. Creo que no me siento expuesta con la película, no siento que me esté abriendo, o sea, sí estoy mostrando algo, pero no es nada que no le contaría a cualquier persona con la que tuviera una conversación interesante. No creo que tuviera problema en decir lo mismo. Creo que es un personaje de mí misma y es solo un fragmento de mi experiencia. También creo que todo lo que pueda poner en palabras y analizar con esta distancia, son cosas pasadas, ya no me queman. Lo hice como un personaje de mí misma y tengo el control para saber qué quiero mostrar y qué no. Pero sí me parece importante que haya una distancia entre la película y lo que sería mi persona. Entonces no me importa, soy yo, son cosas que me pasaron a mí, no siento que esté expuesta, porque es todo una construcción, imágenes, no hay nada, ¿se entiende? Era todo como de un orden más metafísico. Camila, sin embargo, sentía realmente que estaba ahí, en carne y hueso.

RL: Usted es consciente del artefacto, del artificio que construye, con la finalidad de expresar una idea. Ella no…

ML: Sí, exacto.

RL: Según ha comentado hace un momento que fue a raíz de ver las fotos la última vez, cuando identifica aspectos que antes no había tenido en cuenta, pero ¿los temas presentes en la película surgen a raíz del proceso de montaje del material o estaban ya bien definidos antes de dicho proceso?

las lindasML: Son temas en los que pienso desde que tengo conciencia, son cosas de mucho tiempo, de mucho análisis, son temas que siempre me interesaron. Supongo que por eso la película terminó siendo sobre eso. Cuando empecé con este proyecto, que fue hace dos años y medio, más o menos, empecé leyendo muchos blogs y lo relacionado con el feminismo. Yo no sabía nada del tema y empecé a ponerme más en contacto con esas ideas y con esas cuestiones y eso también me influyó en mi pensamiento sobre el tema. Estas cosas no son naturales, sino que son construcciones culturales y arbitrarias. Siempre pensaba que si hubiera sabido algo de todo esto cuando era más pequeña, tal vez lo hubiera pasado mucho mejor, porque no hubiera tenido tantos problemas con esas cuestiones, pensando que no había otra opción. Son temas que siempre me preocuparon, siempre estuvieron en mi cabeza. En Buenos Aires, es muy común en la clase media hacer psicoanálisis y eso para mí también es importante, porque me permitió hacer un análisis sobre mí misma, armar un relato sobre mi propia experiencia, y creo que esa es la forma que uno tiene de poder superar ciertas cosas, poder contarlo como una historia. Lo que no se puede contar es lo más oscuro, lo más traumático.

RL: Una de las ideas centrales que parece desprenderse de la película es el modo en que nuestro entorno nos hace ver cómo somos, condicionándonos de este modo. Se nos pone una etiqueta sin tener en cuenta ningún aspecto ¿La idea principal que usted quiso expresar está relacionada con esto o es diferente?

ML: Quería hacer una reflexión sobre cómo la pubertad es un momento clave en la vida de una mujer, con la llegada de la madurez sexual también. Los mandatos que llegan de afuera, las prohibiciones con respecto a tu cuerpo, cómo tienes que ser tratándose de una mujer, cómo esto moldea tu deseo. Me interesaba enfocarme en señalar eso y mostrar que no es algo natural, es arbitrario. Hay muchas cosas que damos por hecho y no las cuestionamos. Se trataba de transmitir una reflexión sobre estos aspectos que se imponen a las chicas desde pequeñas y a las que se sigue sujeta siendo mayor. Son cosas muy difíciles de desarmar. Tener conciencia de que es una ridiculez y que por más que sigas haciéndolo, como la depilación, es algo superado, que tengo claro, aunque nunca deje de haber conflictos internos, dudas, preguntas, contradicciones. Me parecía también muy importante en el proceso de hacer la película para que no fuese algo cerrado completamente, porque esa es la contracara del feminismo, que luego genera rechazo, produce reglas tan estrictas, tan rígidas como el no feminismo. Además de todo esto, también me parecía muy importante y más efectiva la fuerza que tiene la primera persona cuando se cuenta una historia personal. Se genera algo mucho más intenso.

RL: Al hilo de lo que comenta, un momento importante en la película es el cambio de look, ¿fue un golpe en la mesa en ese momento, con plena conciencia, un acto de rebeldía?, ¿o lo hizo porque le apetecía cambiar, sin más?

ML: Lo digo en la peli, que fue algo banal, simplemente comodidad, cero rebeldía. Me lo corté porque tenía calor, era verano y, de repente, esto desata algo sobre lo que nunca había pensado y me hacen cuestionarme a mí misma mi propia imagen y casi mi propia identidad. Uno comunica cosas con su imagen, es inevitable. Se produjo un gran desconcierto con mi nueva imagen, de la cual yo no era consciente. Se abrió una brecha entre lo que yo pensaba de mí y lo que los demás veían. De repente, el pelo siendo algo tan superficial, adquiere una importancia suprema.

RL: En cuanto al trabajo de desarrollo de las entrevistas con sus amigas, ¿las orientaba previamente en cuanto a lo que tenían que decir?

ML: Con ellas yo estaba siempre sola y hacía cámara y sonido. Estas fotos viejas en papel que tenía o les pedía que me mostrasen, funcionaban como disparador. Todo gira en torno a esas fotos, a esos recuerdos, a esas imágenes. Era algo bastante espontáneo, sin planear demasiado. Más que una entrevista era una conversación. Me interesaba más que fuera así. Intentaba compartir cosas con ellas, mientras estábamos en esa situación, que no fuera una entrevista, que fuera algo más de ida y vuelta, más equitativo, aunque esto fuese algo imposible de conseguir, al estar yo siempre detrás de la cámara. Siempre la que está adelante está más expuesta.

RL: Al valorar la película globalmente, parece que con ella se haya realizado un ejercicio para exorcizar demonios del pasado. Realmente para usted, ¿qué ha supuesto su realización?

ML: Sí, tiene un cierto poder liberador. Más que exorcizar lo veo como liberación. Pienso, ya está todo ahí. No tengo nada más que documentar. No tengo nada más en cuanto a estas cuestiones. Ya está superado. Y a partir de ahí deja de ser algo tan propio, tan encarnado en mí y pasa a ser algo público. Desde lo personal sí es liberador y también el hecho de que haya tenido buena recepción.

RL: ¿Ha tenido alguna repercusión profesional para desarrollar algún proyecto nuevo o tiene algo en mente?

ML: Sí, me gustaría encarar ahora otra cosa que igual sigue siendo muy vago como para compartir. Ha sido un reimpulso, un apoyo enorme, te da un montón de seguridad para seguir.

Raúl Liébana

 

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