Críticas

El frío sabor de lo exótico

El último rey

Birkebeinerne. Nils Gaup. Noruega, 2016.

Póster promocional de El último reyUna de las cosas grandes del cine es que convierte al espectador en viajero sin necesidad de levantar las posaderas del sillón. No sólo a lugares lejanos, también nos permite el disfrute de épocas pretéritas o futuros imaginados. El último rey nos traslada a la fría Noruega medieval, a trepidante ritmo del cine de aventuras de sabor más clásico, adornado con toques de historia y leyenda.

Reconozco que mis conocimientos sobre el cine (o la historia) de este país del norte de Europa son más bien escasos, así que esta cinta de Nils Gaup se convierte, por lo menos en mi caso, en un producto exótico, de los que hay que disfrutar con ojos de explorador. De hecho, la trama de la película nos transporta a un momento en el pasado, totalmente mítico para los noruegos, ya que esta épica historia sirve de excusa para no pocas celebraciones en la antigua patria de los vikingos.

La narración se basa en las luchas de poder y las intrigas de palacio en una Noruega dividida del año 1206. El rey muere víctima de conspiraciones en la sombra, y parece que los asesinos lo tienen sencillo para acceder al trono vacío. Lo que nadie sabía es que el difunto monarca escondía un hijo bastardo, el legítimo heredero, que se convierte en el blanco de los perversos enemigos de la corona. Dos hombres se enfrentarán a un ejército en una huida que cambiará para siempre el destino del país.

El último rey mezcla la realidad histórica con el adorno épico para la construcción de una de esas historias pensadas como gasolina para fuegos patrióticos. La identidad nacional de cualquier país necesita esta clase de mitologías consensuadas, que, por supuesto, dependen de una visión única y exclusiva, no demasiado interesada en los matices de gris tras el despliegue de épica. Por supuesto, la simplificación de la realidad es el arma principal de Nils Gaup para rodar un clásico espectáculo de aventuras, con momentos realmente trepidantes y apoyado en el fastuoso entorno natural de los paisajes nevados de Noruega.

Imagen de El último reyGaup saca partido a la naturaleza salvaje, sí, pero a nivel general, lo cierto es que el diseño de producción es bastante notable. La ambientación, la construcción de un entorno creíble, cumple esa función de trasladarnos al norte de Europa en el medioevo. Los actores también están metidos en su papel, eficaces y convincentes. Y aún así, las intenciones de la película son tan evidentes y el resultado tan poco sutil que acaba por aburrir. Por muy vistoso que es el envoltorio, la historia es lineal, completamente previsible, falta de esos matices que enriquecen a los personajes y hacen más creíble la trama, más allá de las connotaciones patrióticas. Los buenos son excelentes, sufridos, valientes, honestos, fieles… todos esos atributos que definen al héroe, sin añadidos. Incluso cuando alguno de ellos flaquea, convierte el director del panfleto el resto de su recorrido en un inevitable y poco sorprendente camino a la redención y el sacrificio.

Si los buenos son tan buenos, no puede ser de otra manera que los malos sean lo peor. Ambiciosos, acomplejados, dispuestos a vender a su madre por el trono. Al igual que sus contrapartidas heroicas, estos villanos son personajes de folletín, totalmente faltos de carisma y contenido real. Son malvados, y punto. Las motivaciones sencillas a veces funcionan, pero en este caso, la escasez de dramatismo rompe cualquier atisbo de realidad. El interés en la historia decae y Gaup deja claro que lo que importa es un cine lleno de encendidos noruegos clamando por la libertad de su patria.

Esa esencia mata la película, y más si se tiene en cuenta que pretende competir en las grandes ligas. El panfleto de Gaup se ha estrenado internacionalmente y resulta incomprensible la falta de empatía en su relato, a no ser que seas oriundo de Noruega. Una historia tan sencilla y comprensible carece de espíritu universal, y el relato pierde interés por momentos. Los desequilibrios entre los entretenidos momentos de acción y las escenas de palacio acaban por agriar el brebaje.

Fotograma de El último reyLas escenas de acción sí que aprovechan las virtudes del contexto, y las persecuciones a través de la nieve son el gran aliciente de esta epopeya. Para los que vivimos en países cálidos, lo del esquí resulta de lo más exótico. Nos deja un buen sabor de boca Nils Gaup en ese sentido, que demuestra habilidad y sentido del ritmo. Las batallas multitudinarias quizá muestran cierta falta de medios, pero el buen ojo del director salva el día y deja los instantes más remarcables de El último rey.

Curiosidad cinematográfica, lección de historia algo sospechosa, levantamiento de espíritu patriótico y película que no pasa de un buen rato. Está a años luz de otras obras de espíritu similar, porque se le ven demasiado las fisuras, amén de ese espíritu nacionalista rancio tan mal camuflado. Pero no es un horror. Algo es algo.

Tráiler

Ficha técnica:

El último rey (Birkebeinerne),  Noruega, 2016.

Dirección: Nils Gaup
Guión: Ravn Lanesskog
Producción: Paradox Film 3
Fotografía: Peter Mokrosinski
Reparto: Kristofer Hivju, Jakob Oftebro, Nikolaj Lie Kaas, Thorbjørn Harr, Pål Sverre Hagen, Benjamin Helstad, Stig Henrik Hoff, Anders Dahlberg, Thea Sofie Loch Naess, Ane Ulimoen Øverli, Adam Nemet, Torkel Dommersnes Soldal, Elg Elgesem

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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