Críticas

Retratos de corrupción

El hombre de las mil caras

Alberto Rodríguez. España, 2016.

Póster de El hombre de las mil carasAlberto Rodríguez se corona, película a película, como cronista de la España más tenebrosa. Además, lo hace a base de cine de primer orden, armado con influencias que, hasta el momento, no eran las comunes en la cinematografía española. Desde Grupo 7 (2012), ha plasmado su mirada en piezas concretas de la historia reciente del país, con espíritu crítico y una forma muy directa de entender el aspecto visual de sus películas. El hombre de las mil caras nos traslada a uno de los episodios más rocambolescos de la democracia española, una de esas historias con las que el ciudadano no sabe si partirse de risa o indignarse hasta la ira furibunda. Pero claro, en este país eso de tomarse las cosas a la tragicómica es casi una actitud ante la vida, acostumbrados como estamos a que las cloacas del poder rebosen de cuando en cuando. Rodríguez retrata una época de corrupción, de noticias surrealistas, de sorpresas delirantes de una clase política fuera de control. Sí, parece que en España vivimos en un constante deja vu. El hombre de las mil caras nos lo recuerda.

El hombre de las mil caras cuenta la historia del caso Roldán, auténtico quebradero de cabeza para el gobierno socialista de entonces. En medio de aquel desaguisado, un nombre brilló con luz propia, sobre todo en el delirante final de la aventura del mediático fugitivo. Francisco Paesa, James Bond pasado por el tamiz de la picaresca propia del país, se transforma en auténtico protagonista de la odisea de Roldán, dejando un océano de mentiras, engaños y juegos de trilero que puso en ridículo a todos los implicados. El caso costó cabezas políticas, dimes y diretes en prensa, y una mezcla muy reconocible de enfado y mofa a partes iguales. Esa dicotomía entre el humor negro y la trama totalmente ponzoñosa que rodeó la fuga de Roldán es el fenomenal tono escogido por Alberto Rodríguez para el retrato de aquella España de principios de los 90.

Desde luego, ritmo y ambientación han sido las credenciales de Rodríguez en su cine desde Grupo 7. Los retazos de policíaco, el sentido de la acción o el planteamiento de personajes turbios llegaron al paroxismo en la celebrada La isla mínima (2014), gran éxito reciente del cine español. Si en aquella ocasión trabajaba el recuerdo a los difíciles primeros años de la transición, con la sombra del franquismo de fondo, en El hombre de las mil caras sorprende por el trato a unos hechos relativamente recientes, con muchos de sus protagonistas en activo, dejando para el recuerdo un retrato bastante poco complaciente de muchos de los rostros que se pasean por esta historia.

Eduard Fernández en El hombre de las mil carasRodríguez es un tipo inconformista, capaz de investigar sobre su propio cine, a la búsqueda de nuevos modos. Para El hombre de las mil caras cambia de tercio, y abandona la atmósfera pesada y melancólica que nos deslumbró en La isla mínima. Abraza el relato en primera persona, fijado en continuos juegos con el tiempo, narración circular premeditadamente engañosa, puesto que el engaño es el principio básico de la historia. Los hechos mandan, y sobre ellos construye el resto de la película, renunciando en gran medida a otros aspectos que en una estructura menos periodística hubiesen sido clave. Los personajes son retratados a base de pequeños detalles, ya que es imposible pararse en la definición perfecta de cada uno de ellos, en una trama que tiene mucho de coral. Las entradas y salidas de los distintos implicados se corresponden a la verdad (una de tantas que se pueden extraer de este caso) que defiende Rodríguez. Si los personajes funcionan y no se pierden en los desatados acontecimientos es porque hay unos actores en estado de gracia, defendiendo con uñas y dientes su papel.

José Coronado, en su salsa, en el rol de pícaro aventurero y decadente. Mención especial para Marta Etura en el papel de la mujer de Roldán. Fuerte, fría, decidida y humana, destaca con poder entre el nutrido plantel masculino. Carlos Santos defiende a su patético Roldán con seriedad aplastante. Pero el aplauso en este sentido corresponde, sin duda alguna, a Eduard Fernández, en una interpretación magistral, llena de matices. Carismático, triste, ambicioso, manipulador, pero lleno de fisuras tras esa armadura en apariencia irrompible, el Pamesa, interpretado por este sobrio actor, es de esa clase de personajes al que el espectador abrazaría y partiría la cara al mismo tiempo. Un acierto de casting y fe por parte de los implicados en el personaje, convertido en eje de toda la película.

Rodríguez es un director que marca la diferencia. En cierto modo, como decía, rompe los esquemas de sus trabajos anteriores y apuesta por formas más directas, centradas en la sorpresa continuada. Abandona la melancolía de serie negra para jugarse por el humor negro y la ironía, claves fundamentales para afrontar una historia tan llena de cierta épica de lo cutre. El director consigue una historia típicamente española, pero revestida con aire internacional, universalizando los localismos de esta trama de espionaje que, con dificultad, se puede dar en otra parte del mundo.

Roldán, fugitivo en El hombre de las mil carasSin embargo, Rodríguez no firma su mejor película. Quizá sea por la naturaleza de la propia historia, por la cantidad ingente de información que maneja, por los experimentos temporales, básicos en la estructura literaria de El hombre de las mil caras. El caso es que, en ocasiones, los cambios de rasante son excesivamente bruscos. Los acelerones descolocan, y la frenada alarga ciertas escenas de manera innecesaria. Estos desequilibrios impiden la perfección de una película que, por otra parte, es de esas que dejan sin argumentos a los aburridísimos detractores del cine español. La fábrica de engaños de Pamesa se convierte en un filme más que notable, obra de un director en plena forma, que sigue sorprendiendo y que está destinado a ser un antes y después en el cine español. Algo está cambiando en el panorama. Cierta apertura de miras y caída de complejos. Ya veremos en qué deriva todo esto, pero si por el camino se dejan películas como El hombre de las mil caras, estamos de suerte.

Tráiler:

Ficha técnica:

El hombre de las mil caras ,  España, 2016.

Dirección: Alberto Rodríguez
Guión: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos
Producción: Zeta Cinema / Atresmedia Cine / Atípica Films / Sacromonte
Fotografía: Alex Catalán
Música: Julio de la Rosa
Reparto: Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba, Luis Callejo, Tomás del Estal, Israel Elejalde, Pedro Casablanc

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

Deja un comentario


* Los campos marcados son obligatorios