Críticas

La ilusión viaja en tren

El gran simulador

Néstor Frenkel. Argentina, 2013.

Cartel de la película El gran simuladorCon una pequeña tacita y tres míseras migas de pan, el extraordinario ilusionista argentino René Lavand nos ofrece una mágica ilustración de una frase que él atribuye a Miguel de Unamuno: “Amo la simplicidad externa que cobija una gran complicación interna”. Y con esa sentencia logra distraernos para que nunca podamos distinguir cómo es que de la taza salen siempre tres migas de pan cuando él solo introdujo dos.

René Lavand viene manejando desde toda una vida la baraja de naipes con la asistencia de una sola compañera: su “diestra” mano izquierda, la única disponible, integrándose a la gran tradición de zurdos habilidosos argentinos. Víctima de algún conjuro maléfico, Lavand siempre refiere al hecho con la misma gracia con la que Stevie Wonder alude a su ceguera. El ilusionista de Tandil -que rehúsa ser llamado mago- es retratado con la mirada extrañada y siempre abierta a la comicidad del notable documentalista Néstor Frenkel (Buscando a Reynols, Construcción de una Ciudad, Amateur, todas ellas vistas en ediciones anteriores del Bafici), quien decide proceder con la misma simpleza que evoca su retratado y admirado Lavand: con aquella que esconde una gran complejidad. René Lavand en El gran simuladorPorque antes de entregarse al encanto de este compadrito embaucador desde los hallazgos surgidos del rodaje, el realizador se vale de dos recursos narrativos previos a la gestación del proyecto: aquel en el que ficcionaliza un extraño relato donde la intuición inducida a través de un misterioso agente externo le posibilita a Lavand acertar el número de la ruleta en el que arroja la bola oficiando como croupier de mesa en un casino. Y con la puesta en escena del desafío que la desaparecida mano derecha de Lavand le hace a su consagrada mano izquierda, que da pie a que el ilusionista octogenario se luzca ante las cámaras como ya lo hizo en su extraordinario rol secundario en Un oso rojo, de Adrián Caetano, y como lo viene haciendo en cada una de sus apariciones televisivas desde hace ya varias décadas.

René LavandRené Lavand, personaje que combina un refinado humor de cuño arrabalero, ducho en citas literarias, juegos con el lenguaje y anécdotas propias de un artista, es víctima de los intersticios de ficción que se intercalan en toda intervención sobre la realidad propia de un documental de Frenkel. Como en esos insistentes llamados telefónicos donde confunden su hogar con una remiseria, una más que probable licencia que el realizador decidió explotar a fondo como gag de comedia. Y no molesta esa posible manipulación en una película que celebra el simulacro. Porque Lavand suele hacer explícita la presencia de uno de sus habituales adversarios: el de la cámara de cine o televisión, cada vez que afirma “la cámara implacable no me deja mentir”. La cámara de Frenkel lo deja mentir en todo su esplendor, y respeta también otra de las claves del universo de Lavand: la lentitud. Y en ese respeto radica el potencial cinematográfico del tiempo en trascurso del que hace gala este documental feliz, que ratifica el esplendor del género en la Argentina. Frenkel entendió mejor que nadie que no se puede hacer más lento y nos entregó esta gran película.

Trailer:

Ficha técnica:

El gran simulador ,  Argentina, 2013.

Dirección: Néstor Frenkel
Guion: Néstor Frenkel
Producción: Sofía Mora, Carla Martínez, Daniel Werner
Fotografía: María Laura Collasso, Guillermo Nieto, Diego Poleri
Reparto: René Lavand, Rolando Chirico, Nora Gómez, Diego Santos

2 opiniones en “El gran simulador”

  1. Pablo: Me parece que en tu comentario confundis el personaje con el trabajo documental. El personal es genia y totalmente querible, pero el documental es PESIMO..!! En realidad no es un documental, parece más un reportaje (Muy mal hecho) o un reality (también malo). Una pena porque admiro a Lavand desde siempre y estaba esperando mucho esta peli.

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