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Una receta con ingredientes cinematográficos: El festín de Babette

Fotograma de El festín de Babette

Una mujer capaz de transformar una comida en una especie de asunto amoroso, en una relación apasionada en la cual uno no puede diferenciar el apetito físico del espiritual…”

El festín de Babette es un film que brinda a la mujer y al hombre de esta época de tiempos vertiginosos un estímulo especial, casi un oasis, para la meditación y la filosofía. Plantea temas como el de las elecciones en la vida, la fe y la religión, lo superficial y lo banal, el arte y la generosidad, llevando al espectador a recorrerlos, brindándole la posibilidad de reflexionar sobre ellos y, al mismo tiempo, de experimentar el gozo, vivirlos a través de una obra de arte

Película danesa de 1987, escrita y dirigida por Gabriel Axel, está basada en un relato de Isak Dinesen (Karen Blixen), escritora de Memorias de África. Fue producida por Just Betzer, Bo Christensen y Benni Korzen con fondos del Instituto del Cine de Dinamarca. El festín de Babette fue la primera película danesa basada en una historia de Blixen y la primera de esa nacionalidad en ganar el Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

Fotograma de El festín de BabetteUna tranquila pero contundente voz femenina introduce al espectador en el argumento del film. Mientras se ven imágenes del pasado y del presente se escucha el relato: “En un remoto lugar [en las costas de Dinamarca], vivieron dos hermanas, lejos ambas de su primera juventud. Bautizadas Martina y Philipa en honor a Martin Lutero y a su amigo Philip Melanchton, empleaban su tiempo y sus pequeñas rentas en obras de caridad. Su padre había sido profeta y sacerdote de su propia secta, respetado y, tal vez, también un poco temido. Pasados los años, los discípulos de su padre y las dos hermanas celebraban reuniones, donde cada año sus integrantes disminuían en número.” Ellas tenían una criada francesa llamada Babette, que llegó una lluviosa noche de septiembre, en 1871, huyendo de la invasión franco-prusiana, comandada por el general Gallifet, en donde fueron muertos su marido y su único hijo, y con un premio de lotería que conservaba de su natal París. Rápida y humildemente, Babette comenzó a aprender a cocinar tal como lo hacían las hermanas danesas, como también a nombrar los utensilios e ingredientes por sus nombres en danés. Después de catorce años de vivir y servir en la casa de Martina y Philipa, decide ofrecer un banquete en ocasión del centenario del nacimiento del pastor, padre de las hermanas que la recibieron, brindándole techo y comida. La “verdadera cena francesa” que Babette preparó y sirvió a los huéspedes fue motivo, en un principio, de miedo a lo desconocido por parte de los feligreses de la secta; no obstante, aceptaron la invitación, lo cual permitió revelar los auténticos dones de Babette como cocinera y, simultáneamente, recobraron la paz y la unidad entre ellos mismos, ayudados por la entrega y el amor que donó la formidable chef francesa.

Su director logró convertir este film en una obra de arte. Paso a paso, fue preparando el “festín”, llevando al espectador a deleitarse con las escenas, como si fueran un verdadero banquete, transportándolo, imagen tras imagen, a un tiempo y lugar propicios para poder meditar sobre la vida y las elecciones que ella nos presenta

Gabriel Axel se valió de los elementos que comprenden la realización del cine como si fueran los ingredientes de una verdadera cena francesa. Sus años vividos entre Dinamarca y Francia, más el amor que la cocina gala despertó en él, fueron el fuego donde se cocinó este film entrañable.

 

Los “ingredientes y el paso a paso” de la preparación del “festín”

Guion. Presentación de los personajes, su ubicación histórica y geográfica

La voz en off que introduce al espectador en el film narra de un modo muy simple pero contundente la historia del pueblo donde se sucederán los hechos del argumento, así como también la de la familia que recibirá a Babette y, en particular, la de las dos hermanas, Martina y Philipa.

Fotograma de El festín de BabetteEn muchas ocasiones, y como corresponde, las imágenes acompañan a las palabras, les dan fuerza, pero en otras, esas imágenes “hablan por sí mismas”, sin que medie un sonido. Es el caso en que las hermanas llevan un plato de sopa a los ancianos, a los que desde hace dos décadas vienen ayudando a mitigar su pobreza y desamparo, pero en esta oportunidad, al ausentarse Babette, volvieron a prepararlos las hermanas, y estos ya no sabían igual; la imagen relata el desagrado de los ancianos en una secuencia intercalada entre las hermanas preparando la sopa y los ancianos esperando ansiosamente. Ellas dejan las vasijas con la sopa en las casas de los indigentes, y ellos, levantando la cuchara del plato, hacen que la sopa se escurra cayendo nuevamente al plato, en un claro gesto de desagrado, extrañando las delicias que Babette les preparaba.

El tiempo que Axel ha utilizado para cada plano y cada escena, permiten el desarrollo de momentos especiales e intensos, que le permiten sentirse un participante más de esta obra de arte cinematográfica.

 

Escenografía. Líneas horizontales que generan paz y tranquilidad

¿Cuál puede ser el motivo más adecuado en una obra de arte para transmitir un mensaje de meditación introspectiva? La respuesta la encontramos en esta obra de Gabriel Axel, que genera una atmósfera adecuada, en la que la elección de líneas horizontales, brindadas por el paisaje del mar, la playa y el pequeño pueblo costero, transmiten estabilidad, seguridad y serenidad. Babette recibe la noticia de que ha ganado la lotería y aquí se plantea un punto de inflexión. Para las hermanas danesas, este dinero será el motivo que hará partir de su lado a Babette. Ella ya no es indigente, por lo tanto, seguramente regresará a su París añorado. Mientras Philipa y Martina están en la sala y la menor de ellas toca el piano, Babette se encuentra en la playa, meditando sobre su futuro con la vista puesta sobre el horizonte; mientras se escuchan las notas dulces pero no menos enérgicas del piano, unas gaviotas surcan el cielo de izquierda a derecha, componiendo una imagen que descubre la enorme libertad interior que posee la chef parisina. En este momento, Babette toma una decisión que dará un vuelco a su vida y a la historia del pueblo. Enérgicamente regresa a la casa, y les pide, en una especie de súplica, a ambas hermanas, poder preparar la cena de agasajo, en ocasión del centenario del nacimiento de su padre, dejándola hacerse cargo de todos los gastos; tanto Martina como Philipa aceptan agradecidas el ofrecimiento de su criada francesa.

Desde este momento, la curiosidad y el temor de lo que significa una “verdadera cena francesa” invade los corazones de las hermanas y del pueblo entero. Una vez arribados los ingredientes para la cena, se hacen presentes los temores de que puedan cometerse actos de brujería o demoníacos y el miedo decaer en pecado. El plano detalle de la tortuga con dificultad para respirar sobre una mesa, una caja repleta de botellas de bebidas alcohólicas, una jaula de codornices vivas… trae por la noche a la mente de Martina una pesadilla con imágenes surrealistas, generándole aún más sospechas de hechicería. Los planos sencillos, describiendo los ingredientes, animales y bebidas, intercalados con los ojos de las hermanas, observándolos, describen sin mediar palabras los sentimientos de intranquilidad y temor de ambas frente a lo desconocido.

Todos estos fantasmas se comenzarán a disipar una vez iniciada la cena, y desaparecerán definitivamente al concluirla. Es sumamente interesante cómo, por medio de las distintas escenografías, se describen las diferentes realidades en que se desenvuelven los personajes. Mientras los habitantes del pueblo costero son sencillos y austeros, y habitan pequeñas, simples y lúgubres casas, la tía del general del ejército danés posee una magnífica mansión de dos plantas muy iluminada, características que son utilizadas para describir el estilo de vida de cada uno de los personajes, sin dejar de lado ningún detalle.

 

Dirección de fotografía. La geografía árida y fría. La austeridad y el rigor

Gabriel Axel basa, en gran medida, su mensaje en los ambientes creados para este film. La vida cotidiana del pueblo costero donde se desarrolla la historia en aquellos años es difícil especialmente por el clima riguroso. Los fríos, las nevadas, las lluvias abundantes y los vientos helados hacían que sus días transcurrieran dentro de sus casas, muy abrigados y a resguardo de la intemperie. La vida se desarrollaba casi por completo puertas adentro y esto también se ve reflejado en el modo de socializarse.

Fotograma de El festín de BabetteLas luces tenues dominan la escena del film. Generalmente, son frías, azules. En cambio, en la escena de la cena brindada por Babette hay una clara intención de mostrar la calidez generada por la chef. Por un lado, el fragor de la cocina, ardiendo desde la mañana temprano, y el ajetreo necesario para realizar la cena generaron un ambiente agradable. Pero más que esto, Babette logra producir y transmitir su amor por los comensales, amparada por el tono cálido y no menos vibrante de la luz de las velas, que se ve reflejado en la gran mesa y en los rostros de los comensales.

En la escena final, la vela se apaga con el último sonido emitido por las teclas del piano y la imagen funde a negro, la oscuridad invade el cuadro y con ella arriba el final del film, es decir, el director “apagó las luces”, literalmente, para indicar su conclusión.

 

Edición. De la mano del espectador hacia un viaje de meditación

La edición de los planos es magistral, posee un ritmo y una cadencia totalmente musical. Las escenas están compuestas por planos medidos con suma prolijidad, que van tejiendo una trama capaz de contener y desarrollar todo un tópico de reflexión. En cada una de las escenas se plantea un tema, se lo desarrolla y se lo concluye, para comenzar uno nuevo a continuación, sin arrastrar nada del anterior. Por ejemplo, Philipa toma clases de canto con un famoso tenor francés llamado Pappin. Él llega al pueblo, una mañana la escucha cantar en la ceremonia religiosa, la sigue hasta su casa y conversa con su padre, el pastor, presentándose y ofreciendo su saber para mejorar el canto de la joven. Varias clases de canto se suceden hasta que la pasión del tenor invade el corazón de la joven. Ella, temerosa de lo que ello representa, le indica a su padre que no desea continuar con dichas clases. El pastor, complacido con la decisión de su hija, informa por escrito al maestro Pappin.

Fotograma de El festín de BabetteDesde este momento hasta la llegada de Babette portando la carta de recomendación del famoso tenor francés, el director del film no se ocupó más de este tema, ni siquiera aludiéndolo con algún simple recuerdo. En los comienzos del cine se decía a menudo “que la cinematografía consiste en la armonización y orquestación de la luz”. Es decir, que Gabriel Axel, como excelente director de cine, supo escribir en la pantalla melodías para el ojo, logrando pasos armoniosos, como el de una habitación cálidamente iluminada al paisaje exterior bañado por la luna, donde los discípulos seguidores del pastor danzan en ronda alrededor del pozo de agua en una hermosa demostración de fraternidad y reconciliación.

 

Vestuario. Ubicación histórica, austeridad, religión, recato

En El festín de Babette se presentan claramente tres estilos de vestuario íntimamente relacionados con los orígenes sociales, los estilos de vida y la religión. Así se describe a los habitantes del pueblo danés, como también a los pertenecientes a la secta religiosa y, en especial, a su fundador y a sus hijas, Martina y Philipa. Ubicados a mediados del siglo XIX, en un tiempo cronológico preciso, donde los vestidos eran de tonos oscuros, muy amplios y abrigados, capaces de esconder la mayor parte de la figura femenina, cuya intención era la de vestir y cubrir de las inclemencias del tiempo, aunque también mantener lejos toda tentación sensual y mundana. Los hombres del pueblo también vestían trajes oscuros y simples, con amplios sobretodos y gorras abrigadas para el frío.

Mientras tanto, el militar del ejército danés viste un uniforme de vivos colores, rojo, blanco y negro, siendo así su apariencia algo totalmente diferente al resto. Las escenas donde se muestra la actividad musical del famoso tenor francés dejan soslayar todo el glamour y la suntuosidad de su vida.

 

Cámara. El movimiento y los detalles

Los movimientos de cámara están enmarcados dentro de una composición con una mirada general sobre cada uno de los personajes y su entorno. Al comienzo del film, la cámara nos introduce en el paisaje donde se desarrollará la historia. Un plano del mar, tomado desde lejos, se abre con un zoom-out hasta captar el mar, la playa y las casas que conforman el poblado. De esta manera, lenta y placentera, el espectador sabe dónde estará situado el relato.

Los rostros de los actores, delicadamente expresivos, son contemplados por el espectador a través de un trabajo de cámara meditado y muy creativo. Al finalizar la cena, Martina y Philipa salen junto a los invitados. La gente del pueblo hace una ronda y canta una pequeña canción. En los rostros de las hermanas se refleja la felicidad. La cámara toma un plano conjunto que abarca la ronda de los feligreses, a ambas hermanas y un conjunto de casas, con el cielo estrellado de la noche de fondo. Todo el cuadro es un símbolo de unidad, de la unidad que reinaba entre ellos, entre el pueblo y la naturaleza. Su director la mostró en un simple plano único.

 

Último paso del preparado: el postre

Partiendo de la idea de que el director tomó los elementos cinematográficos como “ingredientes”, él no separó los mismos para su análisis, sino que los unió y presentó como unidad cinematográfica, como una suma y amalgama de ingredientes, como un chef al modo de Babette, reuniéndolos para su mejor contemplación y degustación.

El acto de entrega y generosidad de Babette, primero preparando la cena y después haciéndose cargo de sus costos económicos, es lo que destraba los conflictos pequeños y grandes que dificultaban la relación de los feligreses entre sí.

Fotograma de El festín de BabetteEsta cena es la ocasión de encuentro entre Martina y el general, después de tantos años, y su confesión de amor eterno, a pesar de la distancia. Ella lo recibe con la mirada única y especial de mujer enamorada. También Philipa puede reconciliarse afectivamente, y a la distancia, con el recuerdo de su maestro Pappin, quien, al escribirle la carta de recomendación para Babette, piensa en ella como el ser más amoroso y bondadoso de la tierra. Ella recibe esta demostración de cariño y la guarda en su corazón.

Después de esa noche inolvidable para los comensales, en la que pudieron deleitarse con los platos más exclusivos y exquisitos del Café Anglais de París, como la “Sopa de tortuga” y las “Codornices en sarcófago”, las palabras del general hacia Martina le dan un broche de oro: “Esta noche he aprendido que en este mundo nuestro, todo es posible gracias al amor”.

Es la historia de Babette, que logró, con su arte culinario y su gesto generoso, devolver a las hermanas y al pueblo mucho más que el refugio que le salvara la vida. Se trata de simples sucesos de la existencia que, unidos por el amor, conforman una historia extraordinaria.

El arte cinematográfico, organizado y dispuesto como en un banquete servido sobre la pantalla por su director, Gabriel Axel, logra transformar las imágenes de una vida oscura y fría de la costa de Dinamarca en un prodigio de arte y amor, que es capaz, como la cena preparada por Babette, de iluminar y deleitar a la humanidad.

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