Críticas

El ídolo caído

El escándalo Ted Kennedy

Chappaquiddick. John Curran. EUA, 2917.

El escandalo Ted Kennedy Gobiernos canallas, administraciones corruptas, presidentes estadistas, gobernadores viciosos, dirigentes sectarios, momentos políticos conflictivos, instantes gloriosos y fecundos para el país, guerras sucias, enfrentamientos bélicos inmorales, etcétera. Cualquier atisbo político o social que se cuele por la rendija más estrecha de los eventos reales puede ser objeto de una visión y lectura cinematográfica para el cine norteamericano. Una cinematografía capaz de indagar en el pasado y en el presente más cercano con el fin de interpretar (reinterpretar, también), de leer (releer) y añadir matices o nuevos datos en su Historia más reciente. Uno de los apartados más abiertos y procelosos corresponde al ámbito de la política. A veces me congratulo del valor y generosidad de la industria del entretenimiento por repasar episodios acaecidos hace apenas unos años para trasformarlos en un producto de consumo, pero generador de debate y reflexión. Una cualidad memorística de dar a conocer al público hechos veraces, tamizados por el filtro del cine, que, sin olvidar el espectáculo audiovisual, conserva el prurito de hincar el diente en asuntos que provocaron no solo tensión en su más amplia magnitud, sino dimisiones y renuncias de altos cargos de la administración del Estado.

La lista en este aspecto sería prolija y objeto de una pormenorizada atención desde la sección Investigamos de EL ESPECTADOR IMAGINARIO. Pero contextualizando la película que me ocupa, El caso Ted Kennedy (Chappaquiddick, John Curan 2018), propongo como títulos afines y de correspondencia genética, trabajos tan valorados como JFK (1991) de Oliver Stone; Acción ejecutiva (1973), de David Miller y guión de Dalton Trumbo; Parkland (2013), de Peter Landesman; o LBJ (2016), de Rob Reiner. Una pequeña muestra, minúscula, cuyo parentesco con el largometraje de John Curran está vinculado con la poderosa familia de origen irlandés, los Kennedy, y su trágico calvario con los magnicidios o infortunios accidentales, de los que fue testigo el senador Ted, la gran esperanza de la política demócrata.

Para ilustrar este percance, en el que se vio envuelto un político de la talla y resonancia de Edward Moore “Ted” Kennedy, se ha puesto detrás de la cámara el cineasta norteamericano John Curran, especializado en filmes de corte dramático y sentimental. A él se le deben trabajos correctos y aseados como El viaje de tu vida (2013), El velo pintado (2006) y Ya somos dos (2004). Nada que destacar y poco que reprochar. Mismas virtudes e idénticas desventajas se aprecian en El escándalo de Ted Kennedy.

Como he afirmado más arriba, este subgénero de raíz política que refresca, a veces con una mirada muy afilada y severa, pedazos de vida de gente prominente atribulada por las nefastas consecuencias de sus actos o gestiones, es de mi gusto, y me apasiona. Siempre me ha entusiasmado presenciar en una pantalla grande las alegrías y estrepitosas caídas de humanos con un puesto destacado en la vida social, que un día tienen un traspiés de dimensiones morales que arruina de por vida su imagen pública. Su hecatombe, provocada por un desliz de cualquier signo, es su condena si no se logra ocultar el percance. La entrada en el juego del poderío de la prensa, como instrumento al servicio del pueblo y la presión de la ciudadanía, tienen una correspondencia en el cine, siempre necesitado de historias para contar, que atestigua, entre otras cosas, la capacidad de síntesis y análisis de los guionistas americanos, capaces de escribir un libreto como un editorial (presumiendo de punto de vista) o mostrando una parca y simple recreación de los detalles.

John Curran no se muestra despiadado con el representante demócrata por el estado de Massachusets. Director y guionistas se decantan por contraponer el cargo de conciencia de Ted Kennedy (Jason Clarke) enfrentado al aparato, al funcionamiento del sistema, el poder, orquestado por la puesta en escena de un teatro político repleto de asesores y consejeros dispuestos a desviar la atención del asunto y crear una cortina de humo para disipar culpabilidades. Un candidato a la presidencia del país más poderoso del mundo no puede embarrarse por un asunto de faldas con resultado de muerte.

El escándalo de Ted Kennedy cuenta el descarrilamiento de una carrera política y el fin de un sueño. Este socavón acaeció la noche del 18 de julio de 1969, en la zona conocida como Chappaquddick, cerca de la emblemática y señorial Marta’s Vineyard, lugar exclusivo de veraneo para los amos del universo. Los Kennedy tenían una mansión por sus alrededores. En esa fecha, el país estaba entusiasmado patrióticamente por la proeza del Apolo 11, a punto de posarse en la superficie lunar. Ted Kennedy, en lo más alto de su popularidad por aquel entonces, había organizado una fiesta e invitado a tomar unas copas a su gente más cercana. No se llevaba bien con su esposa y coqueteaba con la que fue secretaria de su hermano Bob Kennedy, Marie Jo Kopechne (interpretada con meliflua sensibilidad por Kate Mara), e incorporada a su cargo por guapa y por el aprecio que su hermano la tenía. La pareja abandonó la juerga y se dirigieron a dar una vuelta en coche por las inmediaciones de la casa. Cerca de un puente sobre una laguna el vehículo se precipitó al agua.

A partir de aquí el filme entra en una parcela inquietante, aguerrida, contundente y, sobre todo, cruel y marrullera. El escándalo de Ted Kennedy, estructurada en los siete días que duró la crisis, se convierte en un pérfido thriller psicológico. En una película trepidante, que dibuja un certero retrato sobre el desmesurado poder de las clases altas norteamericanas, cuyos mecanismos de poder pueden, incluso, transformar todo tipo de mentiras en clarividentes verdades, siempre que convenga a sus propios intereses.

La maquinaria más estricta del Poder (con mayúsculas) se pone a funcionar a destajo. La situación alcanza cotas de farsa. La inmoralidad y el indecoroso enjuague resulta blasfemo. La cota de cinismo se alcanza con la aparición en escena del líder del clan Kennedy, el padre, encarnado por el veterano Bruce Dern. Encogido en una silla de ruedas por un ataque cerebral, aún tiene un acceso de fuerza para susurrarle al oído de su hijo Ted: “eres un mediocre y jamás serás como tus hermanos; y procura que el suceso aparezca como un accidente”. Escena y diálogo que resume el valor de una película.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

El escándalo Ted Kennedy (Chappaquiddick),  EUA, 2917.

Dirección: John Curran
Duración: 107 minutos
Guion: Taylor Allen y Andrew Logan
Producción: Apex Entertainment
Fotografía: Maryse Alberti
Música: Adam Wiltzie
Reparto: Jason Clarke, Kate Mare, Bruce Dern, Ed Helms, Jim Gaffigan, John Fiore y Tamara Hickey

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