Críticas

La larga agonía de un patriota

El duodécimo hombre

Den 12. mann. Harald Zwart. Noruega, 2017.

Cartel El duodécimo hombreUn ejercicio de paciencia extrema, donde el espectador debe acompasar los tiempos del protagonista: casi dos meses de agonía separan el tiempo diegético del extradiegético.

Una aventura inmóvil, donde los sucesos refieren a permanentes traslados sin formalidades ni certezas.

Harald Zwart, junto al guionista Petter Skavian, se las ingenia para mantener el interés ante una historia cuyo final es parcialmente conocido de antemano: sabemos el qué aunque no el cómo. Las vicisitudes que nos llevan al conocido desenlace deben  capturar al espectador, y es allí donde está puesto el acento.

Un buen manejo de los tiempos y los sucesos trabaja para que el producto sobreviva en la atención del público. El guion, en una tarea titánica, no decae: logra mantener el dramatismo de principio a fin, a pesar de que ya sabemos el desenlace  desde el inicio. Nos faltan detalles del trayecto, y es allí donde se juega la película, es la tarea más difícil: mantener la tensión dramática en un in-crescendo sin que decaiga en momento alguno, es la esencia del filme, su razón de ser.

Un drama histórico que narra la peripecia de Jan Baalsrud, soldado noruego que, tras ser entrenado en Escocia por los ingleses, le es asignada una misión: ingresar, junto a once hombres más, a una Noruega ocupada por los nazis, con el fin de sabotear instalaciones que albergan armamento aéreo.

Fotograma El duodécimo hombre

La peripecia da pie a la exhibición de hermosos y gélidos paisajes magníficamente retratados por la fotografía de Geir Hartly Andreassen, logrando conjugar de forma adecuada la belleza y la hostilidad. Por momentos, el clima parece ser aliado de los invasores en forma de obstáculos alternativos que terminan desafiando la resistencia humana.

Una muestra de solidaridad más allá del ámbito del campo de batalla; el rescate de los valores de un pueblo que arriesga la vida por los compatriotas en contribución a la liberación de la patria. La causa es común, más allá de las posiciones que se ocupen.

Maravillosos planos generales que amplifican el riesgo de una naturaleza que desafía las posibilidades de supervivencia desde una perspectiva de imagen que la define como imponente, más allá de la calma transitoria que, momentáneamente, pueda verse alterada por una avalancha o una estampida de animales de pastoreo. La irrupción abrupta del fenómeno comparte el rol protagónico, desata la interacción dramática por intermedio de una hostilidad rebelde al control humano: por momentos semeja ser un aliado del peligro, un colaborador aleatorio que obstaculiza intentos liberadores. Son las razones de la importancia del contexto como inerte y móvil a la vez. La sorpresa es reguladora de los avatares de la naturaleza, que se manifiesta como un personaje más, quizá más activo que el protagonista, quien deberá ingeniárselas para direccionar los fenómenos a su favor cuando sea posible. Ambos, perseguidores y perseguido, están condicionados por el clima y el paisaje, sus movimientos obligarán a una adaptación que, más que tal, se torna  improvisación por la imposibilidad de previsión. La naturaleza es un personaje con características hostiles y a la vez inciertas.

Den 12. mann

Bajo este marco presenciamos la actuación de Thomas Gullestad: en un dolor psicofísico constante que es expresado con gran compenetración y realismo. Un capítulo aparte ofrece, como complemento, el maquillaje y su contribución al realismo de múltiples heridas y amputaciones.

El filme es extremadamente rico desde lo formal; tenemos múltiples angulaciones y posicionamientos de cámara, pero lo más interesante es ese pegarse a la experiencia del personaje para generar un sufrimiento que llega de primera mano al receptor: no quedan dudas de lo que siente y vive Jan Baalsrud, su cuerpo es escrutado desde todos los ángulos posibles para que el espectador comprenda su estado, tanto desde lo físico como desde lo psicológico y en relación con lo ambiental. Es particularmente elocuente la escena de la avalancha: Zwart ilumina la situación mediante una radiografía en imágenes. La cámara lenta también hace su aporte en detalles de movimiento que no dejan dudas acerca de lo espectacular y dramático de los momentos vividos.

Tenemos la experiencia bien cercana en contraposición y complementariedad con la grandiosidad del espectáculo de la naturaleza. La película juega con estos dos aspectos, los entrelaza mediante la alternancia de planos que acercan a los personajes, combinándolos con planos generales de una gran belleza, pero que a la vez generan el respeto hacia una fuente de fenómenos autónomos, que no necesariamente contemplan las necesidades humanas. Estamos fuera de la ética, otras leyes no humanas gobiernan los sucesos y se vuelven aleatorias a los intereses en pugna.

Den 12. mann Crítica

Algunos flashbacks, en medio de alucinaciones y ensoñaciones, combinados con fugaces episodios delirantes, elevan el clima en los momentos de mayor pasividad: el espectador se encuentra en medio de instantes de pérdida de contacto con “la realidad”, logra identificarse en la vivencia del protagonista, porque la experiencia no pierde su lógica, aunque “irreal”, se mueve bajo los parámetros de lo posible.

El montaje reserva para el final las imágenes del episodio que desencadenan la tragedia inicial: llega la explicación de los sucesos precedentes al periplo que estamos analizando. Se evita que el filme decaiga bajo la inercia reiterativa de los traslados, le imprime una dinámica que se encadena al desenlace, no por una lógica relación directa, sino por una cuestión de acción en el fragor de la batalla. Es una secuencia que se ubica en un punto clave cuando pudo estar en cualquier otro momento, su función es elevar la tensión previa al cierre.

Jan no es un héroe convencional, es un símbolo para la patria, porque representa el poner en riesgo una vida que, a su vez, lucha por conservarse a toda costa bajo un instinto de supervivencia exacerbado, reflejo del sentir nacionalista de los noruegos. El deseo de independencia se traduce desde el riesgo que se está dispuesto a correr, pero también en la valoración de la vida que está dispuesta a sufrir de indignidad, para alcanzar la libertad que garantiza la preservación de la identidad nacional. Bajo estas premisas no hay lugar para la mezquindad.

 

Ficha técnica:

El duodécimo hombre (Den 12. mann),  Noruega, 2017.

Dirección: Harald Zwart
Duración: 135 min. minutos
Guion: Petter Skavlan
Producción: Nordisk Film Production AS, Zwart Arbeid
Fotografía: Geir Hartly Andreassen
Música: Christophe Beck
Reparto: Thomas Gullestad, Jonathan Rhys Meyers, Marie Blokhus, Mads Sjøgård Pettersen, Vegar Hoel, Håkon T. Nielsen, Eirik Risholm Velle, Daniel Frikstad, Eric Dirnes, Alexander Zwart

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