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El chico y la genialidad poética de Chaplin

The Kid, fotogramaComo decía en mi crítica de El Chico (1921), resulta un lugar común decir que Charles Chaplin fue un genio del cine. Al mismo tiempo hay también bastante consenso entre muchos analistas y estudiosos de su obra sobre el carácter poético y altamente expresivo de la misma. Por ello decidí prestar atención a El Chico, para explorar esa genialidad poética a través de lo que varios han dicho y a través de algunos poemas personales. Tengo la fortuna de moldear mis escritos sobre el cine bajo la mirada de la atención creativa, esa que observa lo que se ve, trata de descubrir aspectos ocultos y de plantear lo que pudiera ser, a modo de creación transformadora. Considero que la poesía facilita esas miradas y que Chaplin siempre las está provocando en sus amplios recorridos por el cine y, notablemente, en El Chico.

El primer aspecto que observo sin mayores dificultades es la forma en que Chaplin asume el protagonismo, simplemente con su presencia.

 

 Presencia

Presencia imperturbable que se atraviesa,
interrumpiendo, perturbando, irrumpiendo,
en el funcionamiento del mundo.

 Desde un silencio dual, a la vez angélico y diabólico,
lanza preguntas con ojos expresivos
y crea momentos con gestos atrevidos.

 Comedia que combina con toques de tragedia,
trazando en los bordes mismos del drama y de la risa
el diseño de cambiante de la propia vida.

 

Luego de ver The Kid, el poeta estadounidense Hart Crane escribió su poema Chaplinesque, en el cual examina la capacidad de la película para generar sentimientos a partir de condiciones desesperadas, contrastando la magia del cuidado humano con las duras realidades de la pérdida y de la carencia. Dice el poema (traducción mía):

 

Chaplinesco

Nos ajustamos humildemente,
nos contentamos con lo que surja
así como fluye el viento
con rizos ondulantes y con amplias oleadas.

Es que todavía amamos al mundo, ese que encuentra
un gatito hambriento en algún escalón, y que sabe
llevarle a un sitio tranquilo y protegerlo de la furia de la calle,
o darle calor entre las raídas mangas de un viejo saco.

Nos quitamos de en medio, y hasta la última sonrisa
esquivamos la condena de ese pulgar inevitable
que lentamente nos irrita con su índice fruncido,
enfrentando el insípido soslayo ¡con qué inocencia,
y con qué sorpresa!

Pero no son falsos esos sutiles colapsos,
no más que las piruetas de cualquier dócil bastón;
nuestros ritos de derrota son, de cierto modo, una negación.
Podemos evadirte a ti, y a todo, pero no al corazón:
¿Qué culpa tenemos de que el corazón siga vivo?

Nos divierte ese juego de sonrisas maliciosas; pero hemos visto
cómo la luna, en los callejones solitarios, hace
que brote una andanada de risas de las canecas vacías,
y a través de todos esos sones de alegría y anhelo
se oye un gatito en los campos silvestres.

 

Esa voz que convoca nuestra humana respuesta está en el corazón del chico, que surge de pronto entre los campos silvestres de los callejones y del son que sale al golpear las canecas vacías que los inundan. En esta película que se basa en los callejones y en los inquilinatos de las grandes ciudades, queda a merced de las furias de la calle, cual gatito a merced de los azares del destino, un niño abandonado por su madre en un arrebato de desesperación. Charlot es ese atisbo de humanidad que los protege con humildes desapegos, hasta que el niño mame con voraz ternura desde una chocolatera su primer tetero.

El chico

 

Lo femenino que subyace

La mente y lo consciente advierten
de los peligros de la risa,
los mismos que al cuerpo, espontáneo e inconsciente,
encantan con despreocupación divertida.

Pensamientos profundos, sensaciones objetivas, señalan
los riesgos y advierten seriamente,
que es imprudente dejarse llevar por el sentir,
pero la femenina intuición interviene.
Con palabras, con debates, con números precisos,
etiquetando, con nombres y categorías se fijan los límites;
mas alguna imagen sugestiva, algún antiguo designio,
poderoso arquetipo, muestra sutiles patrones.

Entonces como en el sueño de Charlot,
seres angelicales, de blanco vestidos,
se ven tentados por divertidos demonios, de negro vestidos.
Lo femenino que subyace,
blanco o negro, da lugar al amoroso balance.  

 

Entonces Charlot encuentra fácilmente esa energía femenina, tan afín a la risa y al cuerpo y se convierte en madre nutricia, inspirando en nosotros también esos sentimientos de ternura y de compromiso con los más débiles. Aunque pronto los olvidemos, alguna fibra queda afectada en nuestra conciencia y la magia sutil perdura. Sobre esa magia que nos afecta y que nos sorprende, les comparto un poema de Arthur Seymour John Tessimond, en mi traducción del original en inglés.

 

Chaplin

El sol, potente araña, gira en el cielo sediento.
El viento se esconde detrás de los cactus y los rincones de las puertas.
Solo queda la sequedad.

 Apenas una torcida sombra acompaña a Hamlet –la marcha de Petrushka. La leve y risueña sombra frontal de la mañana, gira al mediodía, hacia atrás, hacia la noche.

 La cabalgata emplumada se aplaza hasta mañana y se pierde otra vez;
pero la divertida máscara y la fanfarria rápida del bastón permanecen.

Incluso se hace un disminuendo de los pasos;
Solo quedan Don Quijote, el sombrero, el bastón, la sonrisa y el sol.

 Goliat cae impactado por la honda, pero destinos más astutos
preparan su emboscada: la malicia de los huecos callejeros, cuerdas atravesadas en la oscuridad y árboles que caen.

 Dios patea nuestros traseros, esparce cáscaras en la escalera más lisa;
Y centauros imponentes roban los labios del tulipán, los cabellos de aureola festonados.

 Mientras, desde la galería, lanzamos flores de cartón
y nuestros pies se mueven al ritmo de melodías que no se tocan para nosotros.

 

El arte de Charlie Chaplin surge de lo que James Agee llamó la mejor pantomima, la emoción más profunda, la poesía más rica y conmovedora. Es que la pantomima es profundamente poética, ante todo por esa experiencia sorpresiva e inquietante que causa en nosotros, como lo acaba de señalar el poema de Tessimond.

El gran T.S. Eliot afirma que el mérito inesperado de Chaplin es que se ha escapado, a su manera, del realismo del cine y ha inventado un ritmo, el cual hace parte fundamental de su estética y no se limita a lo físico, sino que surge como poema que cobra vida. Chaplin siente la poesía, la actúa, la escribe con sus piernas, brazos, ojos, cejas, bigote, boca, bastón, su sombreo y su andar de pato. No existe la barrera del idioma: la poesía de Chaplin toca a personas de todo el mundo.

Charles Chaplin en The KidComo señala Tom Gunning en su escrito The Kid: The Grail of Laughter and the Fallen Angel, también buena parte del manejo poética de Chaplin se basa en su innovadora redefinición de los objetos. Reutiliza las cosas, transforma sus usos y sus significados jugando inventivamente con ellas. Tal como hacen los poetas, que juegan con las palabras. En El Chico se lo ve imaginando de todo para asumir la crianza del niño: cortando y doblando telas para los pañales del bebé; meciéndolo en una hamaca improvisada; dando de mamar con una tetera, a modo de pezón; sosteniendo al bebé en medio de divertidas contorsiones faciales que el niño observa con deleite; improvisando un agujero en el fondo de una silla, que coloca debajo de la hamaca, sobre una escupidera en el suelo, como invento para recoger la orina infantil. Pura poesía de lo femenino que se imprime sobre lo masculino.

Quizá el más poético pasaje ocurre cuando Chaplin vive su sueño de cielo de vagabundo, en un callejón de viviendas, adornado con flores y con ángeles, que son los habitantes del barrio y de la calle, vestidos con camisones blancos y dotados de alas y de arpas. Paraíso este que se ve invadido por demonios tentadores, destructores de la armonía y por un ángel policía que dispara su arma, poniendo fin al sueño.

Este es un pasaje de gran sentido imaginativo, que raya en el surrealismo, agitando nuestras emociones, convocando simbólicamente esa contradicción entre el deseo y la realidad, la razón y la locura. Algo que nos hace pensar, como señalaba en mi propia crítica anterior, en esos malabarismos que deben hacer las criaturas pobres y abandonadas para sobrevivir y nos hacen caer en la cuenta, aunque sea en un ambiente de situaciones humorosas, que la vida es más fuerte y persistente que la muerte.

Como señala Noah Teichner en A Poet In Tramp’s Clothing: Surrealist Writers And Charlie Chaplin, los surrealistas se refieren con frecuencia a Chaplin en cuanto a su sentido poético. Mencionan en sus obras palabras como amor, poesía, libertad, moralidad, erotismo, revolución. Estos ideales son típicos de surrealismo y por ello Chaplin fue un poeta ejemplar. Para los surrealistas es la poesía una filosofía de la experiencia cotidiana. Pensando en ello, me atrevo a utilizar un título para mi poema final, a modo de Haiku en tres movimientos, recogido del título del libro de Marcela Barbaro, una de nuestras ilustres maestras en Aula Crítica.

 La poesía del gesto

Es estético cada movimiento,
absolutamente cuidado y sugestivo
para convocar al escondido espíritu poético.

 Como una bendición surge el poema
de las manos, de los pasos, de los más simples objetos,
entonado por el genio que declama poesía en cada gesto.

Entre risas, se desliza la profunda tristeza,
y de sentimientos compasivos brota la esperanza,
esa idea de que la vida misma tiene las respuestas.

 

Referencias

Hart Crane, “Chaplinesque”, en Complete Poems of Hart Crane, edited by Marc Simon. Copyright © 1933, 1958, 1966 by Liveright Publishing Corporation. Copyright © 1986 by Marc Simon. Used by permission of Liveright Publishing.

Poem by Arthur Seymour John Tessimond , Tomado de https://www.poetrynook.com/poem/chaplin

The criterion collection. ESSAYS — FEB 18, 2016 https://www.criterion.com/current/posts/3905-the-kid-the-grail-of-laughter-and-the-fallen-angel

Chaplin’s Poetry of Extremes: A Birthday Celebration. En Town Topics, Princeton’s Weekly Community Newspaper Since 1946.       Vol. LXIII, No. 15: http://www.towntopics.com/apr1509/book.php

Noa Teichner, A Poet In Tramp’s Clothing: Surrealist Writers And Charlie Chaplin (1918-1953): http://fondazione.cinetecadibologna.it/files/festival/Sotto_le_stelle/2014/100charlot/atti/teichner.pdf

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