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Dossier Nanni Moretti

Nanni Moretti fue el presidente del jurado del 65o Festival de Cannes de este año. En homenaje a este evento, la distribuidora francesa BAC editó un cofre que contiene cuatro films del director italiano. En orden cronológico Bianca (1984), La misa ha terminado (La messa è finita, 1985), Palombella rossa (1989) y El caimán (Il caimano, 2006).

Esta recopilación es un excelente complemento a la filmografía de Nanni Moretti más popular, ya que brinda tres obras anteriores a Caro diario (1993) (que lo hizo muy famoso fuera de Europa) y una cuarta película, mucho más actual, pero sin el mismo éxito que la última, Habemus Papa (Habemus Papam, 2011).

Giovanni Moretti nació en el noreste de Italia, Brunico, en agosto de 1953. Desde muy joven fue un excelente jugador de waterpolo y realizador cinematográfico, se compró con sus ahorros su primera cámara Súper-8 al finalizar los estudios secundarios. En 1974 estrenó su primer largometraje, Come parli, frate?, pero es recién en 1978 cuando se hace conocido en Europa con su film Ecce bombo, que fue presentado en el festival de Cannes.

En Bianca, así como en toda su filmografía hasta el 2006 con El caimán, participó también como actor principal en el rol masculino. No hay duda que fue siempre un excelente actor, pero el hecho de mantener el protagonismo en todos sus films, con personajes de características recurrentes, tiñe a toda su filmografía de un tono autobiográfico.

Su personaje en Bianca se llama Michele Apicelle, seudónimo que tuvo en tres películas anteriores y en Palombella rossa, que luego pasará a ser, en las posteriores, Nanni o Giovanni. Michele es un joven profesor de matemática, que llega en circunstancias no muy claras a la excéntrica escuela “Marilyn Monroe”, ubicada en un pueblito de las afueras de Roma. Su carácter obsesivo roza siempre la ridiculez, lo cual le da a la historia un tono clarísimo de comedia. Al mismo tiempo, la trama va convirtiéndose en un policial y la comedia va tomando un tinte cada vez más oscuro.

Ya en este, uno de sus primeros films, se plantean ideas profundas alrededor de la pareja: la importancia de la fidelidad, del respeto entre los cónyuges y si se puede ser feliz amando una persona toda la vida. El tema de la educación escolar también es desarrollado en Bianca, lo cual parece claramente una reseña familiar, ya que sus padres eran maestros de escuela. Como otro ejemplo de referencia autobiográfica, en este film Nanni Moretti comparte con Bianca (interpretada por la bella Laura Morante) su torta favorita, la Sacher, que dio nombre a “Sacher Film”, su compañía productora.

Al año siguiente, se estrena La misa ha terminado, la cual ganó el premio del jurado en el festival de Berlín. Moretti interpreta a un joven sacerdote, Giulio, al que todos acuden pidiendo ayuda y consejo, mientras él solo piensa en huir. Aquí se inicia la curiosidad que tiene el director en torno a la gente de la iglesia, retomándose en Habemus Papa.

Como buen italiano, tampoco puede dejar de lado la figura de la madre, y en La misa ha terminado deja en claro la enorme importancia que tiene esta mujer en el desarrollo de cualquier hombre. Este tema se continua y profundiza en Palombella rossa.

La paternidad, en general, también está presente: temas como el aborto, la alegría que dan los hijos y la soledad que sienten los sacerdotes al verse privados de este rol. Este film, al igual que Bianca, logra congeniar de una manera brillante el humor con temas fuertes, humanos y complejos que nos dejan reflexionando un largo tiempo después.

Para no dejar de lado en su filmografía las pasiones de su vida, cuatro años más tarde, en Palombella rossa, Moretti nos cuenta la historia de un jugador de waterpolo y líder de un partido comunista que pierde la memoria tras un accidente. En este film utiliza gran simbología, con algunas similitudes a Fellini 8½ (Federico Fellini, 1963). Hay también flashbacks de su niñez con idealizaciones edípicas y mucha idiosincrasia italiana. Se pueden esperar tonos de voces elevados y reacciones exageradas, que, a pesar de estar presentes en sus anteriores films, en este se muestran al máximo.

Luego de un documental y algunos cortos, vienen Caro diario y Aprile (1998), con muchas similitudes entre ellas y afianzando el estilo del director. Algunos las han tratado como dos partes de una misma saga. En ambas, el protagonista sigue siendo Nanni Moretti, con múltiples referencias autobiográficas, por ejemplo las actuaciones de su esposa Silvia Nono y su hijo Pietro Moretti.

En Caro diario las escenas filmadas por distintos barrios de Roma, mediante tomas que siguen al director en su ciclomotor, le brindan al film una belleza absoluta. Unos años antes de ser padre, la paternidad le sigue preocupando a Moretti, en Caro diario existe una exótica isla donde solo hay hijos únicos, ridiculizando a los padres en su devoción incuestionable al hijo. La película es entretenida, y la fotografía es muy agradable cuando muestra distintas islas italianas. El final toma un giro inesperado, una experiencia nefasta que mantiene Nanni Moretti con los médicos, nos recuerda la inestabilidad de nuestro paso por esta vida.

Aprile, filmada cinco años después, es mucho más completa y madura. El tema eje del film es el de un director de cine impedido para realizar su trabajo. Sufre interrupciones y cambios constantes en sus planes, porque se encuentra siempre entre el deber (la filmación de un documental político que le muestre al mundo lo que está sucediendo en Italia) y el deseo (el rodaje de un musical sobre un pastelero trotskista en los años cincuenta). En el medio de esta confusión nace su primer hijo. Sacando las bromas típicas sobre los padres primerizos (que aunque sean graciosas son muy poco originales), la escena en planos generales largos de Nanni Moretti, bailando de felicidad cuando su hijo acaba de nacer, es una de las representaciones más bellas y fieles de estos sentimientos.

Aprile tiene además la cualidad de contagiarnos ganas de vivir. Un amigo de Moretti le muestra en el día de su cumpleaños una cinta métrica, representando cuánto le queda de vida (asumiendo que vivirá alrededor de ochenta años). A partir de esa representación del futuro, el director se da cuenta de que solo vale la pena realizar lo que uno quiere hacer y no lo que debe.

Tres años después, Nanni Moretti estrena La habitación del hijo (La stanza del figlio, 2001). Es también una película interpretada por él, pero muy despegada de referencias autobiográficas. El director se lanza de lleno con este film al mundo del drama y no mantiene para nada ninguno de los rasgos de comedia de sus obras anteriores. Una familia pierde a su hijo mayor en un trágico accidente, y el matrimonio, interpretado por Moretti y Laura Morante, intenta seguir viviendo a pesar de la infinita pena que los abruma. Las interpretaciones de ambos, así como la de la hija, Irene (Jasmine Trinca), son tan buenas como para hacernos sentir el dolor de esta familia destrozada. Otra escena de la filmografía de Moretti que se torna inolvidable por el sentimiento que se juega en ella es la escena final de los padres con su hija, caminando por la playa, mientras suena By this River, de Brian Eno, de fondo.

A pesar que a Nanni Moretti se lo ha comparado muchas veces con Woody Allen por su estilo de humor, por ser el protagonista de sus películas y por reírse de su persona alterada y peculiar en sus films, para mí lo que más los une es esta genialidad que tienen, que les permite realizar dramas de forma excelente sin quedarse nada más que en la comedia.

En el 2006, Moretti parecá cumplir con la obligación de Aprile: filmar una película de política para denunciar las injusticias italianas. En el caso de El caimán, se trata de las cometidas por Silvio Berlusconi. Pero las denuncias en el film no son directas, la historia es la de Bruno Bonomo (interpretado por Silvio Orlando), un productor de cine en franca crisis: atraviesa un divorcio no deseado, se encuentra endeudado y sus proyectos de películas no pueden llevarse a cabo. Bruno conoce a Teresa (Jasmine Trinca), la joven creadora del guion de El caimán, que quiere realizar su película para representar a un sector de la juventud que no está de acuerdo con la política de Berlusconi. El film es gracioso y está muy bien actuado, pero no destaca en ningún aspecto en particular. Se puede rescatar la apertura de Moretti al dejarle el papel masculino principal a Silvio Orlando, actor que trabajó con él en muchas de sus otras películas.

Y luego de participar como actor, incluso en roles principales de películas de otros directores italianos, en 2011 Moretti estrena su último film, Habemus Papa. Después de haber experimentado la comedia y el drama, el director italiano presenta esta comedia, en la cual logra una profundidad humana sin igual a las anteriores.

Se expande más allá de su ambiente italiano, a pesar que el mundo del Vaticano se encuentra en Italia, es completamente internacional. El personaje principal deja de ser él, y cualquier otro actor italiano, en su último film pasa a ser Michel Piccoli, ícono de la cinematografía moderna, principalmente del cine francés.

Moretti logra humanizar, no solo el mundo del Vaticano, sino también la controversial figura del Papa. Se retoma la psicología como tema, tratado anteriormente de forma cercana en La habitación del hijo. Aquí se plantea la utilidad del psicoanálisis, en qué casos puede ayudar y cómo se aplica en el caso de figuras tan públicas como el Papa. Este film logra que empaticemos con un ser humano agobiado por las presiones y las responsabilidades de un puesto que no eligió. De forma menos pública (por tratarse de un joven sacerdote, y no del Papa), este mismo dilema se vio en La misa ha terminado.

El complemento que realiza Moretti entre planos armoniosos que deleitan la vista, junto con música hábilmente elegida, determina muchas veces esas escenas inolvidables que nos acompañarán por siempre. En el caso de Habemus Papa es imposible olvidar a los cardenales bailando al ritmo de “Todo cambia” interpretada por Mercedes Sosa.

Muchas características del estilo de Nanni Moretti están presentes desde sus primeros films: el humor, la ironía, los buenos actores, la abundancia y diversidad de la música, diversos temas muy humanos que nos tocan profundo y, lo más importante a mi juicio, la invitación a la reflexión.

En las últimas obras de Moretti se puede observar cómo el estilo se va refinando y ampliando, para llegar a un film tan bello y original como Habemus Papa. Este cambio y diversidad fue necesario para que el director no cayera en la reiteración o que cansara a la audiencia, repitiéndose en sus nuevos films.

Con este cambio que fue realizando Giovanni “Nanni” Moretti hasta nuestros días, no me cabe duda que su genio nos seguirá deleitando en el futuro con obras cada vez más agudas, originales, ingeniosas, críticas y, sobre todo, bellas.

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