Festivales 

Doc Buenos Aires 2018

18 Doc Buenos Aires

 

Del 18 al 24 octubre se llevó a cabo, en seis sedes de la Ciudad de Buenos Aires, la 18ª Muestra Internacional de Cine Documental. Creado por los históricos documentalistas Carmen Guarini y Marcelo Céspedes, estrenó nuevo director de programación en el crítico Roger Koza, como continuidad del también histórico Luciano Monteagudo, quien venía programando el evento desde su primera edición.

El Doc Buenos Aires trajo, de la mano de Koza, un espíritu mucho más político, según lo afirma él mismo, al referirse al cine de uno de los invitados que lo ha inspirado, el estadounidense Travis Wilkerson: “Personalmente, quisiera que tuviéramos más jóvenes (o veteranos) dispuestos a filmar las contradicciones de nuestra sociedad y las historias periféricas en las que se observan con mayor clarividencia los núcleos traumáticos que detienen a una nación en su progreso”. Y abre el juego con la siguiente invitación: “En esta edición se podrá saber algo más del capitalismo estadounidense, del Mayo francés y de la situación política del Congo y, al mismo tiempo, no faltarán las películas que celebran la amistad, indagan sobre la soledad y elogian el conocimiento”[1].

Segunda vez (Second Time Around, Bélgica/Noruega, 2018), de Dora García, abrió la Muestra, con la evocación de happenings de Oscar Masotta, textos de Julio Cortázar y Macedonio Fernández y con escenas inquietantes para el espectador: la de un grupo de personas, alineadas contra una pared, desentierra una dolorosa imagen de la historia argentina, la de los prisioneros políticos asesinados en la cárcel de Trelew; el sobrevuelo de un helicóptero, mientras dos personas trasladan un cuerpo humano envuelto en una sábana, remueve los vuelos de la muerte de la década del 70; el interrogatorio capcioso y secreto al que es sometido un grupo de voluntarios convoca las detenciones de aquellos años; años que, en otro segmento del documental, son explicados por parte de un joven que, a nuestro parecer, apura con incontenible verborragia una básica y lamentable definición del peronismo.

La programación de títulos internacionales fue agrupada en la sección A Cierta Distancia, Lo Real en el Mundo. La presencia constante de Wang Bing en estos eventos acompaña una vez más con Almas Muertas (Dead Souls, Francia/Suiza, 2018), la película de más de ocho horas que merece el espacio que le dedicamos en la sección Críticas.

Constelación distante, de Shevaun Mizrahi

Del Paraguay llegó La afinación del diablo (Juan Carlos Lucas, 2018), el encuentro entre un joven músico en busca del “acorde único” y el afinador que tiene entre sus saberes el secreto de cómo obtenerlo. Shevaun Mizrahi presentó Constelación distante (Distant Constellation, Turquía/EUA, 2017); en ella, posa su mirada sobre dos colectividades, la de un geriátrico y la de un grupo de obreros que participan en una construcción. Los ancianos son observados con mayor detenimiento por la autora, uno a uno, con testimonios de su juventud, embargando al espectador con la tristeza de su pasado en un entorno bélico o con la capacidad intacta de sus sentidos hoy perdidos. Los obreros son mirados desde las ventanas del geriátrico como una comunidad que duerme, se despierta, trabaja de sol a sol, apenas descansa mientras almuerza. Los primeros viven de sus recuerdos, de un pasado que se les ha ido de las manos; los otros, anónimos, trabajan construyendo un edificio inmenso que no será para ellos. En unos domina la pasividad, en los otros, la acción. Un plano final, desde afuera, une ambas comunidades bajo la noche clara y la nieve que va cubriendo por igual las diversas existencias. En el mismo espíritu de dípticos, como la película paraguaya o el documental turco, podríamos incluir En el desierto (In the Desert, Avner Faingulernt, 2018), coproducción entre Israel y Canadá, que documenta la vida de dos hombres, habitantes de una región de Cisjordania, donde la convivencia entre palestinos e israelíes es sumamente conflictiva. Faingulernt muestra el día a día de estas personas, en los que hay espacio para la música, la vida en familia, las tradiciones religiosas, el trabajo diario y el amor. Sin embargo, y a pesar de la cercanía de sus existencias, no podrían ser más diferentes en el modo de pensar y de comportarse.

La isla de Mayo (L’Île de mai, Michel Andrieu y Jacques Kebadian, Francia, 2018) es una crónica del Mayo francés cincuenta años después, a partir de las imágenes de archivo del Atelier de Recherches Cinématographiques, donde vemos desplegarse ante nuestros ojos imágenes de las protestas juveniles que revolucionaron a Francia, por parte de estudiantes y trabajadores, con sus marchas, huelgas y una larga resistencia tras las barricadas, mientras el Estado reacciona con la represión policial. Es el mismo tópico de la película que clausuró la Muestra, Los fantasmas de Mayo del 68 (Les Fantômes de Mayi 68, Jean-Louis Comolli y Ginette Lavigne), que también utiliza imágenes de archivo, pero en este caso editadas con un registro más poético que didáctico.

Carry on
Carry on, de Mierën Coppens

De esta amplia sección, queremos detenernos en Carry on (Bélgica, 2017), cortometraje en el que Mieriën Coppens dirige su cámara hacia los rostros y cuerpos oscuros de un grupo de hombres y mujeres en situación de espera… Vemos sus rostros atentos a un llamado, sus miradas perdidas mientras aguardan, la manera en que tratan de acortar sus horas… La cámara se detiene en un perfil, en un rostro oculto, en una fila, por momentos sobrevuela una mesa larga tendida o se queda frente a una mujer que fuma. Coppens ha elegido el blanco y negro y una textura granulada para realizar este fragmento de vida de unos refugiados que podrían estar esperando atención en cualquier parte del mundo. La contundencia de sus imágenes, una multitud en que cada ser vive su propia soledad, se apoya sobremanera en la total ausencia del sonido. Y si sobre la luz y los integrantes de una comunidad se trata, también tenemos el documental portugués Púas, baldíos (Farpões, baldios, Marta Mateus, 2017), donde, al decir de Roger Koza: “Podría concebirse como un documental sobre la luz natural y su relación con un ecosistema y el cuerpo de los campesinos. El otro protagonista es el pueblo, una entidad siempre evocada, algo abstracta y a menudo confundida con la representación de una multitud”.

No hay que dejar pasar la sección de cine argentino titulada La Cercanía de lo Real, con una muestra federal, donde la naturaleza del país fue protagonista en muchos de los documentales ofrecidos, como Hombre de la llanura (2018), en la que Patricio Suárez retrata la vida de un individuo en la inmensidad de la pampa; Córdoba, sinfonía urbana (colectivo, 2017), una mirada a las diversas expresiones de la ciudad mediterránea; Comparsa (Luciana Radeland, 2018), que nos transmite el ritual de la esquila en una comunidad que sobrevive de ese trabajo meramente masculino;  Ustia (Rodrigo Moreno, 2019) y la referencia que significa el Paraná argentino a un descendiente de inmigrantes ucranianos; Buenos Aires al Pacífico (Mariano Donoso Makovski, 2018), un viaje contemplativo entre estaciones, vías y durmientes, y comunidades que viven a la vera del tren, así como también los pueblos que se convirtieron en fantasmas luego de su privatización; o la infaltable referencia a la dictadura pasada, en La extraña. Notas sobre el (auto)exilio, de Javier Olivera, que al decir de Roger Koza “exilio es una condición de existencia inestable que implica desarraigo, de lo que se predica una disociación entre tierra, cuerpo y lenguaje”.

Doc Buenos Aires dedicó retrospectivas, que merecerían una nota aparte. En su aspecto más político de la programación proyectó los documentales del estadounidense Travis Wilkerson, que además ofreció una clase magistral a distancia en la sede de DAC (Directores Argentinos Cinematográficos) y del brasileño Aloysio Raulino. De Wilkerson se vieron imágenes que aludían a la Guerra de Vietnam, a la masacre de Sand Creek, a la guerra de Afganistán, a los crímenes raciales y políticos en su país y un sentido homenaje a Santiago Álvarez, entre muchas otras. En todas, el autor se coloca en un lugar indubitable, expresando su oposición política frente al adversario. De Raulino hubo imágenes provocadoras y cuestionadoras sobre una realidad adversa, que pone en primer plano la humanidad de los seres que la soportan.

La Universidad del Cine exhibió el fruto de un curso dictado por Werner Herzog en Perú y la Alianza Francesa, las películas que aportó la distribuidora Andana Films, que trajo, entre otras, Kinshasa Makambo, de Dieudo Hamadi, un documental filmado a lo largo de tres años, para mostrar la lucha del pueblo congolés contra un presidente que se empeña en permanecer en el poder. A través de tres dirigentes populares de distintas agrupaciones, Hamadi da muestras del valor de los activistas que luchan desde la oposición.

Drift
Drift, de Helena Wittmann

Hemos dejado para el final una película que, aunque luche por incluirse en los registros del documental, coquetea mucho más con la ficción. Se trata de Deriva (Drift, Alemania, 2017), en la que su directora, Helena Wittmann, y Theresa George interpretan una amistad real nacida en Alemania, frente al mar, donde las mujeres pasan unas vacaciones. Luego, sin mediar justificación alguna, ambas preparan sus respectivos viajes. Una vende sus cosas antes de volver a la Argentina. La otra se apresta para un viaje en velero. Las imágenes de interiores blancos y exteriores de la playa en invierno dejan paso a otras más cálidas, las de una colonia británica en el Caribe o las de la zona montañosa de Portugal septentrional. Apenas unos planos inconexos, que no terminan de cuajar, en un relato que tiene como protagonista en los próximos 30 minutos al mar… El mar en todas sus posibilidades… cielo y mar. El cielo con sol y con luna, cuando llueve y cuando está nublado. El mar en calma, alborotado, espumoso, con crestas, con olas bajas y con olas altas, a toda hora del día y de la noche, cuando llueve y cuando no hay luna, en calma, sin olas, con olas pequeñas, con olas como montañas… La cámara está en el velero, del que en una única oportunidad en alta mar vemos su referencia. Por momentos estamos ante una marejada fuerte, en que pareciera que flotamos en una cáscara de nuez, y observamos, en el balanceo al que es sometida la nave, durante unos segundos todo mar… o todo cielo. Es una escena muy extensa, mayor que el resto del filme, puede que algunos se aburran de ver tanta agua durante tanto tiempo, pero los espectadores presentes en la función a que asistimos, no se movieron de su butaca, quedaron -quedamos- hipnotizados por el movimiento del agua, por la claridad u oscuridad del cielo, por la iluminación de la luna sobre el agua, semejando una ecografía en 3D de un feto moviéndose en el vientre materno, o esas olas azules inmensas, que se elevaban ante nuestros ojos como si fuera una manta cobijando al monstruo marino al que aludían las jóvenes al comienzo del relato. Maravilloso montaje de todos los estados posibles del mar. Una escena final nos muestra a la amiga alemana conversando con la argentina a través de Internet, cada una en un extremo, con una experiencia nueva y tan alejadas físicamente como el tiempo que duró para nosotros ese viaje por el mar extremo en todas sus posibilidades. No la etiquetaríamos como documental, pero es una de las maravillas que vimos en DocBA.

[1] Catálogo de la 18ª Muestra Internacional de Cine Documental, Buenos Aires, 18-24 octubre de 2018.

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