Cortometrajes

Luchando por la democracia

Do Not Split

Otros títulos: 不割席.

Anders Sømme Hammer. Noruega - EUA, 2020.

La realidad que se desarrolla ante nuestros ojos puede ser de tres tipos: buena, neutra o mala. Son distinciones, estas, que remontan a la cuestión de cómo se presenta nuestra visión del mundo, ya que el bien y el mal dependen de nuestra definición, o sea de la mezcla de puntos de vista originales (los nuestros, los que se basan en la manera de ser de cada individuo) y de puntos de vista sociales (lo que, en tanto comunidad, describimos como correcto o incorrecto). La unión de estos dos nos lleva a condenar o no determinadas acciones, lo cual no siempre resulta en una lectura unívoca, como si todo el mundo tuviera las mismas ideas. A veces, lo que para algunos es bien para otros es mal. Como la democracia, por ejemplo, que puede resultar ser un elemento inútil, casi fastidioso, mientras que otros estarían (y están) dispuestos a sacrificar sus vidas por un futuro mejor, capaz de huir de las garras de las autoridades dictatoriales.

El documental de Anders Hammer (a quien hemos entrevistado) nos lleva a sumergirnos en las protestas de Hong Kong. La lucha que se abre como una brecha en la ciudad entre los policías y los manifestantes muestra su cara más humana, la de las personas que intentan preservar su dignidad de ciudadanos de una democracia ante la expansión violenta y subterránea de la imposición de un régimen autoritario. No se trata simplemente de una guerra abierta entre los buenos y los malos, sino de un darse cuenta de que estamos ante la posibilidad de ver hundirse la libertad (de expresión, por ejemplo) hasta desaparecer completamente, como si ella nunca hubiera existido antes ni, desafortunadamente, vaya a existir en el futuro.

Captura, el director del cortometraje, un momento terrible de nuestra historia contemporánea, en el que se ven atrapados centenares de personas, la mayoría jóvenes, que por su afán de seguir libres ya saben que van a perder su futuro, sus esperanzas, sus proyectos que, en un régimen en el cual los individuos nada son, van a desaparecer para siempre, marcando así una demarcación horrible entre la situación de quienes viven allí (o aquí) donde los derechos humanos siguen vigentes y la de quienes siempre piensan que alguien les está mirando, controlando, juzgando. Una dicotomía, esta, que se inserta en un diálogo cada vez más difícil entre el mundo democrático (que no es solo el mundo occidental, como erróneamente se cree muy a menudo) y el mundo iliberal (el de los regímenes, de los jefes de estado que no quieren desaparecer, el de las mafias locales que se expanden a través de la corrupción y de las amenazas hasta borrar la demarcación entre lo lícito y lo ilícito).

Acercarse y acercarnos a la realidad de lo que estaba –y aún está– pasando en la ex colonia británica es lo que el mediometraje logra hacer a través de una cámara que graba el caos que surge en las calles. La realidad que estalla ante nuestros ojos no es placentera ni nos permite mantener una mirada neutra; las imágenes y las palabras, así como el montaje, logran tener un impacto no solo visual sino hasta ético, ya que nos sentimos como si fuéramos parte de aquellos eventos. Se abre así dentro de nosotros otra clave de lectura que nos empuja a hacernos una pregunta de la que no podemos sustraernos los que seguimos con la fortuna de vivir en una democracia: ¿Qué haríamos nosotros si algo así pasara en nuestros países?

Los documentales a veces sobrepasan los límites del tiempo y, una vez que su factor de “presente” se haya transformado en el de “pasado”, logran formar parte de los símbolos gráficos de una historia que ha ocurrido (y de la que quizás algo se pueda aprender). Sin embargo, no podemos saber qué tipo de experiencia extraerán las generaciones futuras de lo que para nosotros es parte del momento (en el) que vivimos. Dar un juicio final a Do Not Split resulta entonces bastante difícil por sus mismas características; si la estructura funciona, si la técnica es superlativa, el mensaje final todavía no ha logrado depositarse en el fondo del movimiento de la historia. Si el mediometraje será solo la grabación del fin de un mundo autoritario o el comienzo de la caída de la democracia es algo de lo que todavía no podemos hablar. Que la esperanza siga, pero teniendo los pies pegados al suelo.

Enlace al documental. (es posible activar los subtítulos en español)

Ficha técnica:

Do Not Split  / 不割席 ,  Noruega - EUA, 2020.

Dirección: Anders Sømme Hammer
Duración: 35 minutos
Producción: Field of Vision - First Look Media

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