Críticas

Este es mi espacio, ese es el tuyo... Bailemos el cha cha chá

Dirty Dancing

Emile Ardolino. EUA, 1987.

Cartel de Dirty DancingEnmarcada en el verano del 63, Mountain Lake (Virginia) se convierte en escenario de una, no tan bucólica, historia que nos transporta directo a las vacaciones. Unos días de asueto, lejos del aburrimiento, se trasforman en una experiencia vital.

Esta revolución, amplificándose a todos los niveles, posibilita la expansión de unos personajes que, desplegando todos sus matices y peculiaridades, conforman una romántica historia.

Su director Emile Ardolino (1943-1993) muestra en este trabajo, al igual que hará con Sister Act (1992) unos años después, sus dotes como coreógrafo, consiguiendo veracidad y realismo a partes iguales. Emulando a Alfred Hitchcock, efectúa un cameo en una escena de la película, aparición que le vincula a ella más allá de los créditos.

En los años 60 se estila el baile formal. Esta película, transgresora de espacios, presenta nuevas formas de moverse, sensualidad mostrada abiertamente. Los números de baile, de merengue o cha cha chá, se combinan con momentos rítmicos e intensos de blues y soul.

Otra época, otras formas, pero los mismos problemas. Un argumento, aparentemente sencillo, esconde temas importantes como la educación, el respeto o la honestidad. Un mensaje para adolescentes, en el que la nobleza se oculta en apariencias insospechadas. Bajo la pátina de comedia romántica, se intuye un argumento más complejo, diferencias sociales o mundanas relaciones de pareja, conjugadas con secretos e incógnitas, brindan este planteamiento.

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Eleanor Bergstein (Brooklyn, 1938) escribe el guion que será el taquillazo del momento y se convertirá con el tiempo en una de las películas emblemáticas de toda una generación. Construye los grandes temas del metraje con experiencias vividas. Se trata de una declaración de intenciones, sexualidad femenina que, de forma acuciante, enhebra con hilo invisible todo el relato.

Mención aparte merece la banda sonora, a cargo de John Morris. Un nutrido grupo de artistas colaboran en esta gesta, nombres como Bill Medley (1940) o Zappacosta componen tal mosaico. Las canciones sirven de puente y, enlazando secuencias, introducen las escenas, sincronizándose con ellas en intensidad y volumen. Son, en conjunto, auténtica fantasía.

Espacios y silencios crean el clima propicio para llenar los huecos con la música que, colándose por los resquicios, inunda lentamente las escenas. Numerosas piezas musicales y de baile conforman una banda sonora que acompaña y potencia las intervenciones de un elenco que ha quedado adherido a este título fílmico para siempre.

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El Kellerman´s Resort y sus alrededores son testigo de la química entre Baby Houseman y Johnny Castle. Un idílico paisaje enmarca una relación de amor que lucha por sobrevivir. La pareja protagónica, formada por Jennifer Grey (1960) y Patrick Swayze (1952-2009), nos brinda momentos inolvidables. La primera no tuvo mucha repercusión en el mundo del cine, pero Patrick consolidó su estrellato en películas como Ghost (Jerry Zuker, 1990) o Le llaman Bodhi (Kathryn Bigelow, 1991).

Hacer el tonto a ras de suelo combina con los elegantes movimientos de pies que, marcando el paso del aprendizaje, transmiten en pocos planos esta idea. Afianzando la relación que pasa el límite de lo cordial a lo personal, un cuidado montaje al ritmo de la música ofrece una película que, lejos de quedar en la cantera del olvido, compone el catálogo de muchas plataformas, programación recurrente en canales públicos y privados desde su estreno. Numerosos planos detalle muestran específicamente gestos y miradas que cuentan más de lo que dicen, una imagen o la sucesión de ellas valen más que mil palabras. El espectador, trascendiendo los diálogos, empatiza con la historia a ritmo de corchea.

Un cambio de vida que se desarrolla minuto a minuto. Los cambios de vestuario, peluquería y maquillaje van modificando secuencialmente a la protagonista. Las escaleras que suben hacia las dependencias de empleados o los ensayos con los profesores en su estudio son testigo de esta meteórica progresión.

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Una iluminación muy cuidada permite que las localizaciones adquieran la ambientación adecuada para crear la cálida atmósfera que envuelve todo el metraje. Algunos apoyos exteriores, a modo de guirnaldas, adornan escenas y momentos.

Escenarios naturales se combinan con interiores. Las escenas del salto en el agua o de equilibrio sobre el árbol contrastan con espacios cerrados, como la habitación de Swayze o el salón de baile del Sheldrick.

El ensayo del salto icónico se convierte en un referente y, trascendiendo a la historia y el tiempo, es emulado por actores y espontáneos que, confiando en su receptor, se atreven con el peculiar reto aéreo.

Los recuerdos vividos describen nuestra historia. Una generación adolescente, que vivió y creció con las melodías y enseñanzas de este largometraje, no puede dejar de esbozar una sonrisa y trasladarse a otro tiempo al repetir su visionado. Solapada en las vivencias de muchos, representa una mirada nostálgica hacia el pasado. Esta pertenece al mío.

Ficha técnica:

Dirty Dancing ,  EUA, 1987.

Dirección: Emile Ardolino
Duración: 97 minutos
Guion: Eleanor Bergstein
Producción: Great American Films Limited Partnership, Vestron Pictures
Fotografía: Jeff Jur
Música: John Morris, Bill Mendley, varios artistas
Reparto: Jennifer Grey, Patrick Swayze, Jerry Orbach, Cynthia Rhodes, Jack Weston, Jane Brucker, Kelly Bishop, Lonny Price, Max Cantor, Charles 'Honi' Coles, Neal Jones

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