Críticas

Un tour a través del absurdo

Dios es mujer y se llama Petrunya

Gospod postoi, imeto i' e Petrunija. Teona Strugar Mitevska. Macedonia, 2019.

Afiche Dios es mujer y se llama PetrunyaPetrunya es una mujer poco agraciada de 32 años de edad que convive con sus sobreprotectores padres. Un día, esa chica menospreciada por la sociedad competirá y se hará de una cruz cristiana; sin planearlo pasará a ser el punto central que dará pie a una periodista empecinada en concientizar a la población acerca de la situación de la mujer en Macedonia.

Crítica muy directa con el patriarcado como blanco. Strugar juega con una gran riqueza de planos, aprovecha la cobertura de prensa para apelar con frecuencia a la cámara en mano. Simula el documental sin desviar al espectador de la ficción. Es fiel representante, junto con Petrunya, de una testarudez que se estima necesaria a la hora de defender los derechos de la mujer. Diríamos que la obstinación es el gran rasgo que se hace presente de forma permanente entre la portadora de la acción y la responsable de la difusión. Ambas representan la rebelión y la persistencia como necesidad.

Campea el absurdo a niveles tales que la incoherencia es imposible de ocultar para las propias autoridades. El sistema exhibe sus falencias con tal nitidez que no pueden ser negadas, la contradicción sobreviene de manera tan sorpresiva que la solución no se encuentra a mano o peor aun: nunca se elaboró por falta de previsión, debido que jamás se consideró la posibilidad de que una mujer osara ocupar el lugar del hombre.

Asistimos a un drama que se desprende del absurdo: la trama es ridícula, sucesos contradictorios que no cuajan y confunden, no solo por ausencia de lógica, sino por falta de una normativa clara, es la imprevisión acerca de algo que opera bajo el registro de lo impensable. La rebelión es necesaria para explicitar la existencia de algo que a priori no fue considerado posible.

El espectador es colocado en complicidad con las protagonistas. Ellas son las únicas que de alguna manera visualizan el sentido de los sucesos: una se encarga de ponerlos en marcha y la otra de informar acerca de sus consecuencias, pero con un sesgo interpretativo que viola la naturalidad de lo cotidiano, que rompe con lo preestablecido en términos de realidad incuestionable. Ahora tenemos un terreno vedado a la mujer, que nos coloca bajo la explicitación de sus condiciones sociales; la contradicción entre algo que se obtiene y algo que se roba es irreconciliable, pasa a constituir un dilema legal a partir del divorcio entre normas penales y normas religiosas. El patriarcado ha mostrado una fisura; el filme nos ilustra acerca de sus puntos débiles y nos indica donde asestar los golpes, en el intento de derribarlo. Claro está, para esto se lo debe pillar distraído, abordar los sitios donde los significados no se presentan con claridad. Es una batalla cultural a partir de la acción y la difusión: es el poner en evidencia la generación de condiciones para un florecimiento de significados diferentes en pos de crear conciencia.

Gospod postoi, imeto i' e Petrunija

El menosprecio al que es sometida Petrunya no alcanza para anular la eficacia de su acción. “Ha puesto el dedo en la llaga” y ese es su gran triunfo; ahora es alguien en el mundo, sus acciones la definen y determinan una existencia que hasta ese momento era absolutamente irrelevante. Acaba de violar el territorio exclusivo de los hombres; el robo en realidad no es un robo; se dificulta la penalización de la osadía. He aquí el origen de una confusión que, continuando el juego de paradojas, termina aclarando la situación.

La cámara en mano hace estragos con el sexo masculino desde dos posiciones: el juego confusional en la competencia por la cruz y las notas periodísticas:  la turba desespera, necesita acabar con la “hereje”. Múltiples tomas breves con planos que  incursionan en una “lucha” cuerpo a cuerpo mostrando el salvajismo del hombre en el afán de defender su infundado “derecho” a la exclusividad. La circunstancia es reforzada: se muestra a la protagonista con un decorado de fondo que asemeja una selva: está a merced de animales irracionales que exprimen sus sesos tras una lógica que resuelva la situación, sin por ello dejar de denostar a la “responsable” del caos.

El filme exhibe múltiples alusiones a la condición de la mujer: el hombre tiene el poder de conceder la posibilidad de trabajar por varias vías, una de ellas es la sexual. Apreciamos en un plano general a un montón de mujeres confeccionando prendas de vestir; es un ámbito donde el encargado es un hombre que exige condiciones para contratar desde una oficina cerrada que cumple la función de panóptico, nótese que no tiene paredes, solo cristales. Es un control que va a ceder desde la ruptura de un discurso hegemónico no previsor de posibilidades de subversión desde el terreno religioso, territorio también al servicio del patriarcado. Los propios puntos ciegos del sistema pueden constituir su futura caída si se sabe operar bajo una adecuada articulación entre acciones y discursos. Las nuevas significaciones, basadas en una fuerte evidencia generada por la acción, pueden ser letales; implican una apelación a medios pacíficos que se vuelven contundentes por la generación del caos.

Gospod postoi, imeto i' e Petrunija Crítica

Los espacios se van acortando y el conflicto se va resolviendo. La cámara se encarga de presentarnos los primeros interrogatorios en profundidad de campo (mesa mediante). Tenemos una distancia inicial que se va acortando en los sucesivos primeros planos y contraplanos en diferentes posiciones en el diálogo con las autoridades. Nos indica que la solución se acerca, pero también la presión sobre Petrunya.

Lo material es relevante, en tanto posibilidad de acceso y decisión; el control es lo importante, el poder acceder a algo en igualdad de condiciones con el sexo opuesto. Una vez obtenido el derecho, el objeto, por sí mismo, pasa a carecer de importancia, la libertad de disponer de él denota la relevancia de su posesión. La puja, en realidad, es por el poder: es la posición privilegiada que no se quiere perder versus el derecho que se quiere adquirir.

La periodista accede al rol de denuncia mediante primeros planos en discursos donde la imparcialidad se ha perdido desde el principio. También debe enfrentar el boicot de jefes y colegas: la lucha por la igualdad de género no es noticia.

El final es un camino que la protagonista viene a reforzar sobre la nieve, es el trayecto que se debe hacer hasta marcar huella, es la persistencia que deja un rastro captado en toda su extensión bajo un plano en picado. El esfuerzo debe ser múltiple hasta que se fije en un trayecto que, desde la perseverancia, nos guíe hacia la liberación. Se necesita de varios recorridos para acercarse al objetivo, no basta una única acción individual, se debe persistir ante un clima hostil simbolizado por la nieve.

El ciervo observa desde un primer plano. Es el cambio, la renovación que ha sido iniciada a pesar del clima hostil; lo incipiente de su cornamenta nos ilustra acerca de algo que está comenzando, un crecimiento que deparará un nuevo ciclo. Comienza a abrirse desde una frágil posición y apela a recursos instintivos que, no por tales, pecan de insuficientes, sino que son capaces de generar hondas contradicciones en el interior del sistema. Petrunya lo acaba de demostrar.

 

Ficha técnica:

Dios es mujer y se llama Petrunya (Gospod postoi, imeto i' e Petrunija),  Macedonia, 2019.

Dirección: Teona Strugar Mitevska
Duración: 100 min. minutos
Guion: Teona Strugar Mitevska, Elma Tataragic
Producción: oproducción Macedonia-Bélgica-Francia-Croacia-Eslovenia; Deuxieme Ligne Films, Entre Chien et Loup, Sister and Brother Mitevski, Spiritus Movens, Vertigo/Emotionfilm
Fotografía: Virginie Saint-Martin
Música: Olivier Samouillan
Reparto: Zorica Nusheva, Labina Mitevska, Stefan Vujisic, Suad Begovski, Simeon Moni Damevski, Violeta Sapkovska, Petar Mircevski, Andrijana Kolevska, Nikola Kumev, Bajrush Mjaku, Xhevdet Jashari, Vladimir Tuliev, Ilija Volcheski, Igor Todorov, Nenad Angelkovic, Mario Knezovic, Ljiljana Bogojevic, Straso Milosevski, Pece Ristevski, Stojan Arev

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