Críticas

A dormir y a estar delgados

Cuidado con los niños

Otros títulos: Beware of Children.

Barn . Dag Johan Haugerud. Noruega, 2019.

CuidadoconlosninosCartelEl título de este segundo largometraje del director noruego Dag Johan Haugerud, antes de saber la sinopsis sobre el filme, ni siquiera cualquier mínimo detalle, hizo que nuestra mente recordara dos películas. En realidad, solo tienen en común la depravación a la que pueden llegar niños y niñas, chicas o chicos, que todavía no han terminado de formarse y que, en general, son vistos por los mayores como cándidas criaturas. Concretamente, estamos hablando de la obra española ¿Quién puede matar a un niño?, del realizador Narciso Ibáñez Serrador (1976) y de la alemana La cinta blanca (Das weisse Band ), dirigida en el 2009 por el autor austriaco Michael Haneke. Ya sea por pura venganza ante las afrentas perversas que los humanos grandes han cometido a lo largo de los siglos contra los menores, ya sea el reflejo de los síntomas patológicos de una sociedad enferma, ambas obras no pueden, no deben, dejar al espectador indiferente. Son de imposible olvido. 

La primera escena de Cuidado con los niños se abre con un gran plano de un patio de un colegio en una población de Noruega. A lo lejos, divisamos una portería de fútbol y junto a uno de sus postes, sobresale un bulto encima del césped. Se acaba de encontrar a un crío de trece años, gravemente herido. Con rapidez, es atendido por profesores y servicios de emergencia, en cuanto van acudiendo al lugar. El chiquillo es llevado a un hospital, a cuidados intensivos. Simultáneamente, uno de los maestros se lanza a la carrera tras la chica que se supone que estaba con el herido. Se trata de otra escolar del centro, una adolescente también de trece años que, al ser alcanzada, da como única explicación del incidente que solo estaban hablando, sin discutir, y la caída fue fruto de un empujón. La atacante se llama Lykke en casa, Natalie en la escuela y Anna para su abuela. El atacado no ha sido tan afortunado tampoco en profusión de nombres: se llama y le llaman Jamie.

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A partir de esos comienzos, y tras la inmediata muerte del chiquillo, empezará a moverse toda la rueda burocrática que se supone prevista para estos casos de máxima complejidad y terribles consecuencias, además de importante repercusión social. Y para que el jarro de las desgracias y casualidades termine por desbordarse, los dos padres de los adolescentes implicados son parlamentarios de partidos políticos opuestos, de la izquierda uno y conservador el otro. Y con la investigación desde varios frentes en marcha, las pesquisas de dirigirán al seguimiento de todos o casi todos los que podrían tener algo que decir sobre el asunto. Y por el camino, nos percataremos de descuidos, errores, sentimientos de culpabilidad, debilidades o actitudes y acciones que se intentan que permanezcan en la oscuridad. 

Y esa rueda que ya se puso en marcha no se detendrá: lentamente, paso a paso, sin prisa pero sin pausa. El ambiente que puede crearse en una comunidad con tales sobrecargas es filmado por Dag Johan Haugerud con gran pericia. El clima que envuelve la trama es de máxima expectación. Se percibe que esa quietud que apenas mueve dos metros de realidad sorpresiva y retrocede a la escena siguiente un metro, no puede dejar al espectador indiferente. No olvidemos que el mismo Haugerud es el autor del guion y la atmósfera asfixiante que es capaz de componer, con el gran mérito añadido de la parsimonia, es una de las mejores bazas del largometraje. Nada está cerrado, ni el pasado, ni el presente, ni mucho menos el futuro. Las excusas, las explicaciones, los sucesos, las compañías o envidias cambian y cambian, a veces del rojo al naranja, otros del negro al blanco. 

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Profesores que no estaban donde debían, reivindicaciones laborales cuando no tocan, amantes ocultos, episodios de acoso… Dag Johan Haugerud se toma su tiempo para que el puzzle se acabe de completar, no importa si al final no encontramos todas las piezas. Un gran acierto de guion, ya lo hemos dicho, que además se apoya en una puesta en escena muy correcta, con una mayoría de actuaciones que encajan con soltura con la idiosincrasia de cada personaje. Madres, padres, niñas, profesores, directores… Todos pueden destacarse en ese submundo, en el que se pretende la máxima transparencia. Pero, paradójicamente,  los elementos van tornándose cada vez más y más oscuros. En fin, entre lo que se pretende a lo que realmente se obtiene… 

Una pelea entre adolescentes, una discusión, un simple accidente… ¿Nos enfrentamos ante algo más? Ya se imaginarán que con la entrada de otra clase de  profesionales, especialmente abogadas y abogados, lo que podría terminar resultando un incidente demasiado doloroso, pero casual, puede transformarse en una lucha sin cuartel. Y no solo los letrados o letradas pueden llegar a tener la culpa. También mentes demasiado disciplinadas que no saben distinguir entre la conveniencia o no de la aplicación estricta de normas, que a lo mejor fueron elaboradas para circunstancias totalmente diferentes. O incluso aquellos que no perderán la ocasión para esparcir ansias de venganza contra autores materiales o tutores legales. Sí, es muy difícil, diríamos imposible, que una hija o un hijo se quede en el olvido y los días sucedan, uno tras otro, sin que al parecer a nadie importe. 

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Estamos con historias que se cruzan y entrecruzan, en ningún instante dejan de hacerlo. Con apenas media docena de personajes. Pero además, Cuidado con los niños no se ceba únicamente en el incidente inicial, en sus motivos y consecuencias. Enredado con ello, no perderá ocasión para darle más de una vuelta al sistema de enseñanza, a la necesidad de disciplina frente a la aparente complicidad para alejar de  los castos oídos de los niños sandeces que carecen de la menor importancia. Y en pocas obras hemos visto retratadas, como en la del noruego Dag Johan Haugerud, las consecuencias que podrían llegar a suceder si llevamos al extremo el corporativismo, aquello que algunos denominan compañerismo. 

Entre el prólogo y el epílogo, parece que llegamos a un punto en el que la película se estanca y ya no tiene nada más que aportar. En realidad, lo que creemos es que lo que no hace es hundirse en la distopía. Y entre todos sus aciertos, este es su mayor mérito. El tiempo pasa, los rencores se expanden, las venganzas se planean, las expulsiones se practican. Hasta que la cámara, que jamás se ha alterado en ese largo recorrido, termina apuntando a esa inocente portería, en la que todo y nada sucedió. Dormir y estar delgados. Es la apetencia de muchos ciudadanos en la actualidad. Humanos con culpas, resentimientos, amarguras, soledades… ¿A alguien se le ocurre algo mejor que dormir y adelgazar? Desde luego, una baza muchísimo más interesante que ir enfrentándose, de manera incesante, a los fantasmas de cada uno. 

Tráiler:

 

 

Ficha técnica:

Cuidado con los niños  / Beware of Children (Barn ),  Noruega, 2019.

Dirección: Dag Johan Haugerud
Duración: 157 minutos
Guion: Dag Johan Haugerud
Producción: Coproducción Noruega-Suecia; Motlys, Plattform Produktion, Film I Väst
Fotografía: Øystein Mamen
Música: Arnaud Fleurent-Didier, Peder Kjellsby
Reparto: Henriette Steenstrup, Jan Gunnar Røise, Thorbjørn Harr, Brynjar Bandlien, Andrea Bræin Hovig, Hans Olav Brenner, Anne Marit Jacobsen, Ella Øverbye, Trine Wiggen, Adam Pålsson

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